jueves, agosto 13, 2015

Lo eres todo.

Querida mía:

     Como cada día he vuelto a ver mi imagen en el espejo. Espejo que me ha reflejado una imagen muy diferente al joven de tiempo atrás que como único equipaje para cruzar la vida llevaba un traje llamado alegría. Hoy de ese joven no queda nada o casi nada, las fuerzas me abandonan a igual que me abandonaron la mayoría de aquellos que pasearon junto a mí y que ya para siempre se apartaron de mi camino. Sé que algunos me desprecian y otros pueden incluso que puedan sentir compasión, pero ni un ni lo uno ni lo otro  me preocupa, ofenden o me interesan y es, porque en esta noche de mi vida, en este invierno que pinta de blanca nieve mis cabellos es cuando empiezo a comprender aunque sea demasiado tarde lo mucho que hecho de menos tus palabras, tus alegrías, aquellos momentos vividos entre tú y yo y,  que por culpa de mi egoísmo sin límites he arrojado para siempre al mas oscuro y profundo pozo del olvido.

      Si lo supieras. ¡Si supieras cuanto hecho de menos aquel tiempo, aquellos momentos! Pero ya es tarde, ya todo acabo y ahora aquellos recuerdos de antaño tan solo regresan a mi para atormentarme aún más pensando en que tuve la gloria y el amor en mis manos  y,  que no supe retenerlos para siempre a mi lado. Quiero que sepas que aún conservo aquellas cartas que con tanta pasión te escribí en mis lejanos días de juventud cuando por primera vez y a causa del destino me vi separado de tu persona por un largo tiempo.

     Me asaltan aquellos hermosos momentos vividos, vuelven a mí una y otra vez y nada puedo hacer, nada quiero hacer para alejarlos de mi mente, puesto que si así lo hiciera sería como si me arrancase el alma a pedazos. Es ardua tarea desprenderse del pasado y más aún,  si ese pasado ha sido algo tan bello y hermoso como el que hemos vivido ambos. Pasado que vuelve a mí una y otra vez como presente y que se ha convertido en raíz de la cual ya no puedo desprenderme, al igual que el árbol no puede desprenderse de la suya al menos, que desee morir y desaparecer para siempre.

     Apenas salgo, a veces, solo a veces,  cuando la ciudad pierde la intensa luz solar que ha tenido durante el día y llega la noche envolviendo todo con su oscuridad suelo salir de este lugar donde encerrado paso los minutos, las horas, los días. Mi rostro, no sé si hermoso en un tiempo pasado y hoy marchito y demacrado por los mil y un tormentos vividos, se baña en lágrimas. Y es de esta forma que los recuerdos vuelven a ser los que rigen mi persona, y al ser de nuevo ellos los que manejan la nave donde habito muero.  Muero de todas las formas habidas y por haber. Es entonces cuando vuelves a aparecer en mi mente como un espejismo de contornos difusos y vuelve a mi la vida envuelta entre retazos de recuerdos. Recuerdo como me gustaban, como admiraba tu cabello, pensaba que era un regalo que los dioses te habían otorgado, y que si alguna vez te los cortabas, te ocurriría como al bíblico Sansón que estos dioses te castigarían. Aún hoy recuerdo y siempre lo haré como mis manos recorrían esos cabellos sintiendo el estasis, el placer inmenso de tocar o acariciar ese cabello que parecía el mas preciado de los metales nobles. Recuerdos, recuerdos, recuerdos...

     Voy como sonámbulo por las calles. La noche cada vez envuelve más y más la ciudad convirtiéndose en la reina de los sin techos, borrachos y aquellos que buscan en el pico de una aguja ese hilo que los desenganchen de la realidad y yo, mientras todo esto va ocurriendo por las calles que transito voy repitiéndome lo que últimamente se ha convertido en mi principal y casi único vocabulario: debí, debí, debí.

    Si llegas a leer esta carta que ahora te escribo en alguna ocasión, posiblemente llores en silencio, pero por ella sabrás que te quise, te quiero y te querré. Y por este amor que siempre te tendré dejo todo lo en esta vida tenía: trabajo, casa... tan solo dejare un lugar en lo mas profundo de  mi corazón encerrado en él tus recuerdos. En ese lugar siempre estará riendo, alegre y feliz aquella niña de ojos grandes y cabellos hermosos que tanto me quiso y que perdí por no saber valorar lo mucho que vales y valdrás siempre.

Te quiero.

Tuyo siempre.

Juan Lucas.

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