viernes, mayo 30, 2014

La esperanza.

     La esperanza es el premio que obtiene quien en ella confía y a ella se aferra. Al final, de tanto creer en lo que se espera, la propia esperanza se siente incapaz de defraudar a quien pone todos los medios a su alcance.

      Hay una magia, una fuerza, una energía capaz de convertir en realidad los deseos que parecen inalcanzables. 

      La esperanza sabe de la vida, y debe recorrer todas las arterias y venas del espíritu. Aconsejaba Epicteto: "No sujetar nuestra nave con una sola ancla, ni nuestra vida con una sola esperanza". Es por tanto bueno y conveniente tener a mano distintas y variadas esperanzas. 

      La esperanza hace posible que el invierno se convierta en primavera, la noche en día, el llanto en risa, que tras la tormenta brille el sol, y tras la pena y la tristeza nos visiten la alegría y las ganas de vivir.

      La esperanza se alía con la paciencia y sabe dar tiempo al tiempo, hasta conseguir el milagro de lograr por sí misma que el pobre se sienta rico, o que sin ella el rico se considere el más pobre de los pobres. Por paradójico que parezca, hasta la desesperanza mas absoluta puede convertirse en esperanza, porque quien ya no tiene esperanza, tampoco tiene el miedo que produce la desesperanza. Se queda en lo que es, viviéndolo plenamente aquí y ahora. ¿Por qué preocuparse del futuro si no hay futuro?

     Así pues y para concluir la esperanza es tan positiva como para ser capaz de esperar cuando le atenaza la desesperanza, porque le queda el milagro, y no pocas veces los milagros aparecen en el último instante y contra todo pronostico.