viernes, enero 10, 2014

Tal como éramos.

 No sé porqué. Será que al igual que a otros seres que pueblan este universo donde nos tocó vivir,  en mi interior siempre anidó la duda y la desconfianza en el más allá. No sé porqué en estos momentos, o quizás si lo sepa aunque me niegue a reconocerlo, que estoy viviendo me gustara pensar y hacer recordar a las personas que piensan o han pensado como yo, que la paz interior y la eternidad son posibles para cualquiera con buen corazón y nobles y generosas intenciones. Yo, en estos momentos de la encrucijada de mi vida en la que me encuentro, como he dicho anteriormente y,  sabiendo lo que me espera, quiero pensar en aquella frase de Thomas Campbell:



     "Vivir en los corazones que dejamos tras de nosotros, eso es no morir".

     Quiero pensar, ahora y en en este momento, que la verdadera felicidad, aquella que llena, que impregna la esencia de la persona, aquella que no es material, efímera rápida e intensa como puedan serlo el éxtasis de un orgasmo, el placer de una buena comida o de un buen masaje, que la felicidad, aquella que todos buscamos prácticamente desde que tenemos uso de razón, desde que la perdemos cuando dejamos atrás nuestra infancia, esa que se escribe o escribimos con mayúsculas, la que nos hace ser mejores y nos proporciona esa indescriptible sensación de bienestar, gozo, alegría y plenitud  para siempre está y estará en ese vivir, en ese estar presente en la mente y en el corazón de quienes amamos y a quienes hicimos el bien. Esa felicidad con mayúscula será la huella imborrable de nuestro paso por este mundo. Será el mejor y mas maravilloso de los triunfos que hemos conseguido dejar entre nuestros semejantes al hacerles el bien, al darles el apoyo y el cariño que en su quehacer diario han ido buscando, y que nosotros, hemos colaborado a que consigan dándoles ese amor, cariño y ternura que todos y cada uno de nosotros necesitamos en nuestros quehaceres diarios.

     Para terminar y quizás como despedida y cierre de este proyecto que empecé hace algunos años, tan solo hacer recordar que:

     "Si la felicidad y eternidad es vivir en los corazones que dejamos tras nosotros, el cielo, seguramente, es y consiste en que muchas personas a las que damos lo mejor de nosotros, por amor, te lleven en su corazón."
Juan Lucas.

domingo, enero 05, 2014

La esperanza.

     La esperanza es el amigo que nunca abandona, que siempre sabe estar ahí, hasta en los peores momentos y nunca nos da la espalda. Una persona que tiene esperanza confía en si misma y en sus posibilidades, y en lugar de arrugarse ante los problemas, se crece, ensaya estrategias y hace lo que teme.
 
     La esperanza es la misma vida. Bien dijo Teócrito que mientras hay vida hay esperanza. Vivir es ser y hacer, pero también esperar que mañana sea un hoy de plenitud. Por eso esperar también es vivir. Una persona que tiene esperanza no se cierra en si misma: sale con los brazos y el corazón abiertos hacia los demás, que le completan y realizan. Por eso es abierta, comunicativa, cercana y dialogante.
 
     La esperanza vive plenamente el HOY, AQUÍ Y AHORA del día a día, pero anticipando lo mejor para el futuro. No espera esperando, sino viviendo con ilusión, no muriendo por aquello que tarda en llegar o no llegará nunca. Una persona con esperanza tiene las metas claras, sabe muy bien el rumbo que debe tomar su vida y no dispersa ni sus energías ni pierde su tiempo en lamentos. Sabe adónde va y qué es lo que pretende.
 
      La esperanza es por lo que vivimos. No esperar es morir. Esperamos hacer el bien, esperamos que el futuro se enriquezca con los esfuerzos y beneficios del presente. Esperar es ser hoy, pero también disfrutar sabiendo que seremos mañana.
 
     La esperanza está en ti, tú eres esperanza. Los demás, las circunstancias, el entorno pueden ser más o menos propicios, pero es tu propia actitud, la forma que vives el Hoy, Aquí y Ahora de tu presente, la que sembrará en el mañana inmediato la fértil semilla del presente continuo que transforma el hoy en mañana y el mañana en un nuevo hoy, y así... para siempre. Decía Terencio:
 
"Todas mis esperanzas están en mí".
 
     La esperanza es el premio que obtiene quien en ella confía y a ella se aferra. Al final, de tanto creer en lo que se espera, la propia esperanza se siente incapaz de defraudar a quien pone todos los medios a su alcance. Hay una magia, una fuerza, una energía capaz de convertir en realidad los deseos secundados con la acción inteligente y la tenacidad incansable. Y el que persiste gana.

Bernabé Tierno.

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