miércoles, noviembre 27, 2013

COMPAÑERA.

     En esta época donde nos amordazan, donde nos privan de los derechos que tanto y tanto han costado conseguir, esta poesía, este poeta que la escribió y su letra,  debería ser enntre otras muchas razones algo más por lo cual los hombres de ahora y los de siempre deberiamos pensar que no se debe dar jamás un paso atrás. Que el olvidar a los que años atrás nos encarcelaban, a los que nos quitaban la dignidad y el derecho al trabajo, los que negaban  la educación a las clases humildes quitándoles todo el sentido de la vida, el olvidar todo esto no es más que volver a repetir una y otra vez la misma historia.

     No vendamos nuestras guitarras, guardémosla para cantar fuerte y bien alto que en nuestras manos y solo en ellas está y estará el poder de cambiar la situación actual y ser personas con derechos y dignidad.

     Juan Lucas.

lunes, noviembre 25, 2013

Eres tan bella para mí.

      Soy uno de tantos. Uno mas de esos seres que al igual que los pájaros que puedan tener tus vecinos o familiares vive encerrado en una jaula, ahí, en un rincón de la casa y que solo es visitado cuando de su garganta salen esos trinos que hacen por un momento recordar al dueño que en ese lugar hay alguien más al que debe de atender.

     Mi nombre... puede ser el que tu desees. El que más te guste o agrade porque eso poco tiene que ver con esta historia. Nací allí. Sí, en ese lugar donde reinan la Libertad, la imaginación y las ansias de amar y ser amado. Ese lugar donde "los poderosos de ahora", esos que vive pendiente tan sólo de mentir y engañar nunca podrán llegar a robar o poseer, puesto que ese lugar, allí, es el amor el mayor tesoro, la base de la existencia, lo único y más maravilloso que en la vida se puede o podrá poseer. Pero... no voy a esforzarme en explicarlo detenidamente porque ¿como decirle a alguien, a estos "poderosos y vanidosos seres de ahora" lo que es ese lugar si ni tan siquiera saben lo que es vivir?

     Hace algún tiempo que esos seres me privaron de mi Libertad quizás,  porque no soy tan fuerte como el elefante, por no morder como un león o no arañar como un felino o quizás por no ser tan pequeño como una minúscula hormiguita  y pasar desapercibida a la vista de esta gente. Fuera lo que fuese, la única verdad en que caí en el poder, en las garras de estos seres de aquí que me aprietan sin cesar.

     No soy el único ser que han traído de allí. Al poco de yo llegar aquí,  murió un trovador al que habían puesto justo en frente de mí. Casi nada pude hablar con él ya que apenas amanecía volvía a cerrar sus ojos y empezaba a cantar antiguas y bellas melodías de su ciudad. De su vieja y encantadora ciudad a orillas del hermoso y nítido río donde los chiquillos disfrutaban de sus aguas y los mayores de la alegría de los niños. 

     Los hay que tuvieron más suerte que yo. Fueron llevados a lugares donde los alimentan esos seres de aquí cuando se hacen mayores, y que quizás por sentirse solos y sin nadie que los ame o quiera, suplen esa necesidad de cariño y ternura, siendo amables y satisfaciendo, mimando y complaciendo a los seres de allí. En cambio, el lugar donde yo me encuentro es muy diferente a esos lugares, apenas tengo fuerzas para levantarme, ya que desde que murió el trovador es rara la vez que de mí se acuerdan y me alimentan. Soy para estos seres de aquí como uno más de sus muchos objetos que poseen, como los cuadros que tienen situado por doquier y a los que ni miran. Ellos, estos seres, ni se acuerdan que necesito comer, que a diferencia de sus muchas otras posesiones, yo tengo un corazón que late; que soy y estoy vivo, que amo y deseo ser amado.

     Me pasará igual que al trovador. Ya hago lo mismo que hacía él. Nada más amanece cierro mis ojos y me pongo a pensar en el calor del sol de allí, de ese sol que calienta y abriga, del viento que al pasar golpea tu cara y tu cuerpo, del río donde voy a beber y donde coincidimos con las puesta de sol multitud de seres que hablamos y hablamos sin cesar de como nos fue el día formando tal alboroto que pareciera que todo esta de fiesta; del sonido de la lluvia al caer sobre la tierra sedienta de ella, del dulce sabor de las frutas, de los tristes atardeceres del otoño y los hermosos amaneceres del verano...

   
   

domingo, noviembre 24, 2013

Cuento oído en un bar a las tres de la mañana.

Me dijo que el Emperador, conmovido por su prosa, le regaló diez años más de vida, al cabo de los cuales le concedería una noche para la lectura de lo que hubiese escrito y luego lo decapitaría. El escritor miró a las estrellas y comprendió que su tiempo era un pestañeo en el universo. Tomó entonces a su hija pequeña y comenzó la tarea.
... Al cumplirse el plazo, el Emperador se presentó ante su puerta.
... El escritor trajo a la muchacha y le dijo:
... -Cuando termines la lectura, la devuelves a su madre y me decapitas-. Luego, el escritor retiró el manto de seda que cubría el cuerpo de su hija. El Emperador contempló los hombros, el cuello, las axilas, el pubis y vio que el cuerpo entero de la muchacha estaba escrito en una apretada caligrafía.
... Creo haber oído que aquella noche el Emperador amó a la muchacha. Dicen que la leyó una y otra vez, pero lo asombroso es que a cada giro del amor, los cuentos se entremezclaban y nunca podía leerse la misma historia. El escritor murió anciano. El Emperador también de viejo y feliz. Dicen que la muchacha no murió jamás. A veces va a los bares, y antes de desnudarse, cuenta historias como ésta.

 
 

viernes, noviembre 08, 2013

Carta a mi perro.

     Mi querido Epi:
 
     La verdad que aunque no creo en el más allá sé que tú de seguro que andarás correteando por las inmensas praderas del cielo, de seguro que estarás correteando y oliendo todo lo que encuentras a tu paso a igual que hacías cuando te sacaba a pasear y me desesperabas porque,  a cada paso te detenías a intentar averiguar los mil y un olor que hasta tu nariz llegaban.
 
     Posiblemente estés como te digo en ese lugar donde dicen van todos los perros, la verdad no lo sé,  pero quiero que sepas que te extraño, que te extrañamos todos, inclusive tu dueña que tantas y tantas veces peleaba contigo porque estabas a la expectativa y al acecho de poder hincarle al diente a los buenos platos que ella prepara. Sí, a veces peleábamos contigo, te reñíamos y hasta te castigábamos un ratito sin vernos, pero ya sabes que a los pocos minutos ya estabas de nuevo en tu lugar preferido y pensando en que de nuevo te habías salido con la  tuya. Sí, mi querido perro, hicimos todo lo que estaba en nuestra manos por que tuvieras un hogar, un techo, porque tuvieras esa familia que todo perro debe tener cuando entra en una casa. Han pasado varios días desde que tus ojillos se pusieron tristes, desde que empezaste a quejarte, hasta que llego ese terrible momento en que, aunque ponías todo tu esfuerzo y ganas,  no podías levantarte de tu cama, y   nos miraba con tanta pena, con tanta tristeza que a todos nos rompiste el corazón.
 
     Te fuiste hace ahora dos días, mi querido Epi, pero aunque así haya sido,  aún te oigo andar despacito, quedito, sin hacer el más mínimo ruido por la casa, aún, a cada rato,  miro detrás de mi sillón, tu lugar preferido para dormir, porque creo que sigues allí, aún escucho tus ladridos cada vez que abro la puerta de la casa y tu alegría inmensa al verme llegar, recuerdo y siempre recordaré como te acercabas a cada uno de nosotros cuando nos veía con el ánimo decaído, creo que el máximo hacedor te tendrá ahora muy cerca de él por tu buen hacer y tu esplendido corazón.
 
     Has sido un perro bondadoso, cariñoso y alegre. No sé si allá donde estés seguirás haciendo de las tuyas, escapándote al menor descuido, como hacías cuando estabas aquí,  a buscar aventuras sin hacer caso a las llamadas desesperadas que te hacíamos para que volvieras.
 
     Bien me querido perro, llego ese fatídico día que tanto temíamos llegará. Esta vez te has escapado para no volver, te has escapado hacia lo desconocido, hacía ese lugar donde tan solo espero que sigas siendo el mejor amigo que he tenido.
 
     Aunque parezca pueril y vana esta carta que para ti escribo, sé que tú la leerás y de esta manera sabrás que jamás voy a olvidarte.

   
     Hasta siempre Epito.
 
     Juan Lucas.