sábado, junio 22, 2013

Leyenda de la caleta

sábado, junio 01, 2013

La leyenda de la caleta.

I                                     
 
Y cuando me doy cuenta de cómo vamos a pasar por este mundo sin dejar huella después de haber llevado unas vidas estúpidas, comprendo con rabia que en la vida lo único que queda es el amor.

Orhan Pamuk: Nieve.

Podía haber empezado este nuevo relato de la forma clásica: Hace mucho tiempo en un país lejano... O también de forma no tan clásica, menos tradicional como por ejemplo esta:

     Ocurrió una preciosa mañana, con un sol totalmente veraniego aunque fuera el mes de enero. La brisa marina de la noche aún mantenía mojada los hermosos jardines verdes y las mil flores que llenaban todo de un sin fin de tonalidades: rojos, amarillos, violetas... Pero resulta bien raro los que les narro... ¿no creen? ¿Sol veraniego, jardines verdes, flores multicolores en pleno mes de enero?
 
     Pues si, es que con esto de las prisas se me olvidó decirles que, esto que ahora empiezo a narrar,  ocurrió en una pequeña caleta de pescadores en un lugar cercano al Pacífico, por debajo de la línea ecuatorial. Cuando el verano en ese lugar llena las playas y vacía la ciudades. Sí, así fue y asi ocurrió en un país del hemisferio sur, de cuyo nombre no quiero acordarme (igual que Cervantes en su Quijote). Pues bien,  una vez sabido esto prosigamos.
 
    Sí, todo era como dije antes, bello y maravilloso.  Pero faltaba algo. No era normal que en un lugar tan lleno de vida todo estuviera en silencio, que la multitud de aves marinas que pululan por estos lugares hubieran desaparecido sin dejar el mas mínimo rastro de su estancia en este lugar, no se oía ni sus cantos, ni sus gritos, ni tan siquiera sus quejidos por la falta del polluelo que durante la noche había desaparecido del nido sin saber como. Ni tan siquiera el viento se dejaba oír, tan solo un silencio de cementerio reinaba en aquel lugar. De pronto, sonó algo.. un pitido seguido de una canción. Sí, el pitido y la posterior canción que sonaba era la alarma de una radio despertador. El pitido, el sonido procedía de una de las casas de este lugar donde como dije antes, en pleno enero, brillaba y calentaba el sol y también reinaba como pueden comprobar, si leyeron mas arriba,  la más triste de las tristezas. Al sonido de esta alarma de la radio despertador, las luces de la ventanas mas baja de dicha casa empezaron a encenderse como movidas por un resorte que rompía aquella fingida calma, aquella fingida tranquilidad que sin poder evitarlo trataban de mantener todos los que pasaban sus días de vacaciones en este lugar.
 


   La música quizás debido al enorme silencio que reinaba se podía escuchar no solo en aquel lugar, en aquella casa, sino mucho mas allá del radio que abarcaba dicha vivienda y la letra, aunque ensordecida eso si por el rumor de las olas al romper contra la playa decía algo parecido a esto:
   "Atiéndeme, quiero decirte algo, que quizás no esperes doloroso tal vez.
Escúchame, aunque me duela el alma... Nosotros, que desde que nos vimos amándonos estamos...."
 
    Aquella canción que sonaba no sé si para despertar o hacer llorar, hizo que ella, la mujer que oía la radio se levantara de la cama y se asomara a la ventana, a través de ella vio a lo lejos, fundido con el horizonte una figura masculina que sin saber porque le trajo a la mente a aquella otra que debido a un arrebato de celos y rabia había abandonado hacía ahora algunos meses sin saber aún los motivos por los que había tomado tal decisión...
 
Juan Lucas.