martes, febrero 26, 2013

Merece la pena

II    
 
Nunca antes habían coincidido, pero aquella terrible experiencia, aquel tremendo susto de verse perseguidos y solos les unió y acercándose mucho el uno al otro mientras se miraban los ojos decidieron desde ese preciso instante hacerse amigos y ayudarse de manera mutua en aquella terrible jungla de cristal que era la ciudad. Dice el proverbio que no hay mejor cosa en la vida para unir a dos seres, que las desgracias compartidas, y dicho y hecho, sus vidas desde entonces iban a caminar juntas , así pues que lo primero que decidieron una vez tranquilizados sus corazones por la experiencia vivida con aquel monstruo de escoba en mano, fue recorrer todos los callejones que ambos conocían en busca de comida, puesto que apremieba y mucho el comer.
 
     - ¡Malditos cubos de basura! ¿por qué los humanos habrían de hacerlos tan altos? Y no solo lo hacían enormentes altos, sino que además unas enormes tapas lo cubrían para que nadie pudiera coger lo que había en su interior.
 
    Después de muchos callejones recorridos y cubos examinados,  cuando ya ambos exhaustos estaban decididos a dejar la busqueda por un rato, alla al fondo descubrieron uno cuya tapa estaba entreabierta, asi que Lucía, de un salto felino, se encaramó hasta el y... ¡erureka! había comida y además en abundancia, comió y comió hasta casi reventar mientras Tim, la miraba desde abajo a punto de desfallacer, ya que no pudo como hizo Lucía acceder hasta la comida, no tenía la agilidad de su amiga, era torpe, jamás en su vida había realizado ningún tipo de ejercicio y sus músculos estaban flacidos como los de un bebé recien nacido; todo lo más que podía hacer era apoyarse en tus patas traseras y con las delanteras intentar subir hasta donde se encontraba Lucía. Desfallecía por el hambre, por las ganas de comer, por el buen olor que desprendía aquella comida...
 
      - ¡Qué suerte tiene Lucía que se estaba dando el mejor y mayor festín del mundo!  pensó.

     En estos duros momentos de ansiedad, desesperado, ofuscado y terriblemente enfadado, empezó a golpear con sus patas el contenedor con la intención de derribarlo hasta el suelo y así poder tomar los alimentos que se guardaban en su interior, pero nada logró, solo asustar y molestar a Lucía. Esta, le miró con cierta complacencia y sin mediar palabra entre ambos, tomó con su pequeña boca varios trozos de pizzas, carne y otras sobras y se las fue arrojando desde el cubo hasta el lugar donde se encontraba Tim.

     Así, de esta manera, ambos calmaron el hambre que hasta entonces les corroía sus estómagos. Luego de esto, después de haber comido, ambos caminaron despacio buscando un lugar donde pasar la noche que ya se les venía encima. No tardaron mucho en dar con él; puesto que cerca de donde encontraron la comida había una casa en ruinas, así que sin más entraron en ella por un agujero que había justo a ras de suelo, buscaron un rincón donde pudieran estar protegidos de monstruos con escobas y se prepararon el uno junto al otro a pasar su primera noches juntos.

                                                                    Juan Lucas.

lunes, febrero 25, 2013

Merece la pena.

     Me dijiste ayer:
 
       -  Me dijeron que tú escribes cuentos. ¿Por qué no me escribes uno para mí?
 
     Y, después de mucho tiempo sin haberlo hecho, sin apenas escribir, sin coger para nada la "pluma" debido a esa pregunta que me hiciste, me he propuesto empezar este y terminarlo. Espero de verdad que te emocione tanto como el que ayer te hizo derramar algunas lagrimas mientras te narraba uno de los  que en otros tiempos brotaron con la sola idea de soñar con ver la cara de esos lectores, mientras estos leen mis fantasias. Con mirar en sus ojos lo que les hace sentir mis palabras, cómo adaptan los argumentos, los dialogos a sus propias experiencias, fantasías, anhelos.... Al fin y al cabo somos el resultado de nuestros deseos, realizados o no, de los caprichos con que la vida nos regala o castiga, de las decidiones que hemos tomado aun cuando hayamos errado en la respueta tomada. Es por eso, que sin más paso a esta historia que acaeció hace algún tiempo en un lugar no muy lejano a donde me encuentro ahora.
 
    Ambos se encontraron. Vagaban por los suburbios de la ciudad, perdidos, desorientados, hambrientos... sin comprender, sin entender que mal habían hecho para que le hubiesen expulsados de sus anteriores vidas, de las comodidades y hermosas vidas de la que no ha mucho habían gozado.
 
     Lucía, era más libre, mas despegada, menos dependiente y es por esto que siempre había tenido muy claro la idea de que cuando su dueño muriera, ninguno de sus hijos o hijas iba a cargar con algo que, según ellos, solo trabajo y molestias habrían de darles. Quizás fuera por esto por lo que llevaba la situación actual mucho mejor que el compañero con que se había encontrado no hacía mucho. Lo importante era seguir viva. Comprender que en la vida todo pasa, había vivido cómodamente y llena de mimos y caricias durante algunos años. Cada día tenía sin pedirlo su desayuno y su tazón de leche que tanto le gustaba. Había tenido una tierna cama donde descansar y hasta juguetes para no aburrirse en las largas y solitarias noches de inviernos. De todos ellos, de todos esos juguetes, el que mejores recuerdos le traía era el ratón, pues al jugar con el imaginaba que era de verdad. Recuerdos de un  pasado aun no lejano, y que ella se había hecho el proposito de olvidar, ya que lo único que conseguía con dichos pensamientos era añoranza, sufrimiento, dolor... Buscó pues después de la muerte de su dueña un lugar seguro y resguardado del aire y el frío,  dispuesta a comenzar una nueva vida y,  aunque había días que no comía y se dormía con la tripa vacia, soñaba que cuando se despertara se pondría manos a la obra y practicando junto a su instinto felino volvería a llenar su estómago y no moriría de hambre.
 
    Tim, el compañero al que había conocido hacia como dije antes pocos días antes, era diferente. Había sido adoptado siendo muy, muy pequeñito. Había vivido con una familia numerosa: los papás y tres hijos. Nunca pudo imaginar que sería abondanado y este era el motivo por el cual no se resignaba a verse en aquellos suburbios rebuscando entre botes de basura y complemetamente solo y perdido. Erá mucho más débil que Lucía y necesitaba protección, comida, mimos... ahora que no tenía nada de eso andaba totalmente desorientado, inmerso en ese mundo de recuerdos, con sus ojos tristes y las lágrimas aflorando a cada instante a sus ojos pensando en que estaba solo y abandonado.
 
     Ambos se encontraron unas semanas antes desambulando por las calles de la enorme ciudad sin orden ni control que les cobijaba. Se conocieron buscando comida junto a un "restaurante" que para ellos desprendía el mejor de los perfumenes y pensando que si esperaban un rato, algo, aunque fuera por descuido les caería. Pero no fue así, lo único que les cayó fue una bestia, un monstruo que escoba en mano y sin miramiento les empezó a golpear y que si no hubiesen andado con rapidez para emprender la huída les hubiese roto el espinazo a golpes. Así que ambos salieron a estampida y se refugiaron debajo de unos autos que estaban aparcados cerca del lugar donde esperaban haber podido comer aquella mañana.
 
        Juan Lucas. 

miércoles, febrero 13, 2013

La fábula de la rana y de Rajoy.


Nuestro presidente Mariano, que como es un gran estadista solo le concede entrevistas a los periodistas norteamericanos, le ha dicho a Michael Reid, editor de The Economist, una frase que lo resume como hombre, como político y como escorpión: “He incumplido mis promesas, pero al menos creo que he cumplido con mi deber”.

Lo de escorpión no lo digo por mal, que Mariano es paisano mío, sino porque sus palabras me han recordado a la fábula del escorpión y la rana. No sé si os acordáis, mis atolondrados lectores. Érase una vez una subida de un río tras fuertes lluvias primaverales, y encontráronse aislados en un islote un escorpión y una rana. El islote iba estrechándose a medida que el cauce crecía. Y así se convirtió en islita. Cual Perejil. Y a punto estaba el pequeño trozo de tierra de anegarse completamente y ser ya solo lecho de la crecida, que arrastraría a ambos con su torrente indomable, cuando…

-¡Rana! ¡Rana! -sollozó el escorpión.

-¿Qué quieres, escorpión? -preguntó la rana con su voz batracia.

-Eres mi única esperanza, ¡oh, rana!

-¿A qué te refieres, ponzoñoso individuo? -ahora el tono de la rana devino anuro.

-Moriré sin remedio, rana, si no me ayudas -calculó el escorpión su programa electoral-. Déjame subir a tu lomo y crúzame el río. ¡Ten un poco de ranalidad!

-¡Ja, ja, ja! ¿Qué dices, ultrafascista arácnido? Si yo te subo a mi lomo, me morderás y moriremos los dos.

-¡Pero cuán tonta eres, rana! -protestó el escorpión con voz de candidato como dios manda-. ¡Si yo te mordiere, falleceríamos ambos! ¿Me crees acaso adornado de tal cortedad intelectual?

-Pues sí. Y además ceceas. Y no entiendes la letra de tus venenos -replicó el informado batracio.

-Si me ayudas, te prometo que escolarizaré gratis a tus ranúnculos…

-Se dice renacuajos. Los ranúnculos son otra cosa. ¿Ves?

-Vale… Te juro que protegeré tus charcas. Te garantizó que te rodearé de princesas que te besarán hasta que te conviertan en príncipe.

-Yo no quiero ser príncipe -se puso batracio, otra vez, el batracio-. Estoy bien de rana.

-Bueno, vale. Lo que quieras, rana. Lo que quieras.

La rana ya se disponía a saltar y cruzar sola el río cuando observó lagrimones en los ojos del escorpión. Las ranas, como son medio acuáticas, padecen excesos sensibleros cuando ven agua manar de cualquier fuente, aunque sea esta de ojos ponzoñosos.

-¿Me lo juras, escorpión? ¿No me morderás? -se dulcificó el batracio.

-Mi palabra vale, rana. Soy un escorpión como dios manda. Te juro que no te morderé.

-Venga, sube.

El escorpión subió a lomos de la rana y la rana saltó al río. La crecida era tan violenta que a la rana le costaba mantenerse a flote y, aunque las ranas saben bucear, no se sumergió, para evitar la muerte del escorpión por asfixia, y siguió braceando, o como lo digan las ranas, contracorriente y contra sentido común. Hasta que, en medio del río, sintió un pinchazo en la médula que la abrió de piernas y de manos irremisiblemente, pues en esa postura es en la que mueren las ranas.

-¡Noooooo! -gritó la rana ahora con voz humana-. Estás loco, escorpión. ¿Cómo has hecho esto? -el río ya se los llevaba cauce abajo-. ¡Ahora moriremos los dos!

Antes de exhalar su último croar, escuchó la rana las últimas palabras del escorpión.

-Lo siento, rana. Es mi naturaleza.

“He incumplido mis promesas, pero al menos creo que he cumplido con mi deber”, ha dicho Rajoy al periodista americano. Y podría haber añadido. “He cumplido mi deber con los bancos, con los usureros, con los especuladores, con los arribistas, con los asesinos de niños en países remotos y aquí, con Luis Bárcenas, con los curas malolientes a niño sometido a abusos, con los abortistas de pago, con los evasores de impuestos, con mis patrones, o sea… Pero lo siento, españoles, es mi naturaleza”.


Aníbal Malvar


viernes, febrero 01, 2013

La última canción.

      Dicen que el equilibrio de la oposición lleva a la armonia. Que el manto oscuro de la noche siempre es vencido por las primeras luces del alba. Que la tierra es la antagonista del mar. Que la nieve cubre los campos en invierno como promesa de una hermosa y esplendida primavera... que debido a la muerte hay vida o viceversa. Más después de lo vivido todas estas, posiblemente frases verdaderas, se han venido abajo en mi interior,  como un puente de barro cuando sus pilares son rozados por el agua.

     Y ¿por qué? Te preguntarás. Pues he estado recordando... que he aparecido en sueños ajenos, de una persona, tú, sin que me conozcas. Sé que esos sueños me ves "alto" y que incluso "escribo", "copio"  y "canto" bellas melodías a tus oídos, que te has visto a mi lado caminando por esas avenidas, bellas y amplias de tu ciudad juntos y felices. No. No por favor. No me interrumpas. Sino será aún más doloroso. Para ti y para mi. Permitime ayudarte a olvidarme, permítime poner en estas líneas que estoy escribiendo lo que sé que en estos momentos estás pensando pero que por ese cariño que sientes hacía mi persona aún no te has atrevido a pronunciar. Me voy si, y te deseo la mejor de las suerte, no se si lloraré o llorarás cuando ambos nos acordemos el uno del otro y no sé si sufriremos y comprenderemos que no es tan fácil olvidar a amar como nos hemos amado.

     Por eso, y como dije antes, transcribo a continuación las que creo son las palabras que te torturan día y noche y que no quieres o no te atreves a decirme tanto para no herirme como para no herirte:
 
     - "Escucha Steven. Llevó guardando este secreto durante mucho tiempo y no puedo seguir así por mas tiempo. Sin embargo siento que mi alma se pudre cada vez que miento. Ese es el motivo por el que aunque no logres entender me hace alejarme para siempre de tu lado. Espero que me entiendas y también tengo la esperanza de que me ayudes..."

       Tuya siempre...

    Dicen los sabios, los ilustres pensadores que el ser humano puede seleccionar los recuerdos que quiere mantener en incluso puede borrar los que no le gusten. Bien. Eso es lo que vas a hacer a partir de hoy sin que ningún remordiento pueda hacerte pensar o sentir mal. De nada tienes culpa,  más que de amar apasionada y ciegamente.  Desde aquí, yo, te invito a que tomes y gires suavemente la copa del olvido para que así el sabor sea más homogéneo y no queden en tu mente restos de mi precensia, de mi persona. Toma un pequeño sorbo. Aspira un poco de aire, y, mientras el dulce sabor de esa copa viaja hacia tu interior mezclándose con tu sangre, simplemente dime adiós.

     En fin... ángel mío. este relato quizás copiado, quizas dictado, quizas inspirado por tu amor te lo dedico a ti.  A ti, que sin que lo sepas has dado la vuelta a toda mi vida más de lo que imaginarás nunca.. A ti, que has tocado mi corazón sin tocarme nunca. "Simplemente para ti, que al igual que llegaste, te vas... Estoy seguro de que aunque haya llegado el final de esta nuestra historia, cada noche estaré a tu lado; y que aunque jamás podamos vernos ni tocarnos, estés donde estés velaré por tu seguridad y tu felicidad.

Juan Lucas.