lunes, abril 30, 2012

El largo camino.

El largo camino (Final)

- ¿Dónde está mi esposa? Preguntó.
La mujer giró y Manrique sintió su corazón casi salírsele del pecho. Era la mas hermosa mujer que había visto jamás. Alta, de tez blanca, ojos claros, largos cabellos rubios y un rostro sensual y tierno a la vez. El caballero pensó que se habría enamorado de aquella mujer en otras circunstancias.
- ¿Dónde está mi esposa? repitió, ahora un poco mas enérgico.
La mujer se acercó un poco y en un susurro le dijo:
- Tu esposa, querido Manrique, soy yo.
- No me engañas, yo se con quien me casé - dijo Manrique -   y no se parece a ti ni en lo mas mínimo.
- Has sido tan amable conmigo, querido Manrique, has sido cuidadoso y gentil conmigo aun cuando sentías que aborrecías mi aspecto, me has defendido y respetado tanto como nadie lo hizo nunca, que te creo merecedor de esta sorpresa... La mitad del tiempo que estemos juntos tendré este aspecto que ves y la otra mitad del tiempo, el aspecto con el que conociste... la mujer hizo una pausa y cruzó su mirada con la de Manrique.
     -. Y como eres mi esposo, mi amado y maravilloso esposo, tu privilegio es tomar esta decisión: ¿Qué prefieres, esposo mío? ¿Quieres que sea ésta de día y la otra de noche o la otra de día y esta de noche?
Dentro del caballero el tiempo se detuvo. Este regalo del cielo era más de lo que nunca había soñado. Él se había resignado a su destino por amor a su amigo Jaime  y allí estaba ahora pudiendo elegir su futura vida. ¿Debía pedirle a su esposa que fuera la hermosa de día para pasearse ufanamente por el pueblo siendo la envidia de todos y padecer en silencio y soledad la angustia de sus noches con la bruja? ¿O mas bien debía tolerar las burlas y desprecios de todos los que lo vieran del brazo con la bruja y consolarse sabiendo que cuando anocheciera tendría para el solo el placer celestial de la compañía de esta hermosa mujer de la cual ya se había enamorado?. Manrique, el noble Manrique, pensó y pensó y pensó, hasta que levantó la cabeza y hablo:

- Ya que eres mi esposa, mi amada y elegida esposa, te pido que seas... lo que tu quieras ser en cada momento del día de nuestra vida juntos...

Cuenta la leyenda que cuando ella escuchó estoy y se dio cuenta de que podía elegir por si misma ser quien ella quisiera, decidió ser todo el tiempo la mas hermosa de las mujeres.

Cuentan que desde entonces, cada vez que nos encontramos con alguien que, con el corazón entre las manos, nos autoriza a ser quienes somos, invariablemente nos transformamos.

Abandonamos para siempre las horribles brujas y los malditos ogros que anidan en nuestra sombra para que, al desaparecer, dejen lugar a los mas bellos, amorosos y fascinantes caballeros y princesas que yacen, a veces, dormidos dentro de nosotros. Hermosos seres que al principio aparecen para ofrecerlos a la persona amada, pero que terminan infaliblemente adueñándose de nuestra vida, y habitándonos permanentemente.

Este es el aprendizaje cosechado a lo largo del camino del encuentro.

"El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar a otro para que sea quien es."

Mucho mas allá de que sea autenticidad sea o no de mi conveniencia.

Mucho mas allá de que, siendo quien SOS, me elijas o no a mi, para continuar juntos el camino.

    Y aquí, mi querida amiga termina "el largo camino". Ahora, solo espero que seas tan feliz como dices que eres y desearte que, sigas caminando por la vida encontrándote a cada momento con la felicidad que desde lo más hondo de mi alma te deseo encuentres a la vuelta de cada esquina. Y ... aunque tu no lo creas, fue bonito y un gran honor el haber tenido la dicha de... simplemente poder pasear a tu lado.

Juan Lucas.

sábado, abril 28, 2012

El largo camino.

El largo camino V


A la mañana siguiente, por primera vez en muchos días, el rey despertó.
- ¡Comida! gritó -. Quiero comer... Tengo mucha hambre.
- Buenos días, majestad saludó Manrique con una sonrisa, mientras hacía sonar la campanilla para llamar a la servidumbre.
- Mi querido amigo dijo el rey -, siento tanta hambre como si no hubiese comido en semanas.
- No comiste en semanas le confirmó Manrique.
En eso, a los pies de su cama apareció la imagen de la bruja mirándolo con una mueca que seguramente reemplazaba en ese rostro a la sonrisa. Jaime creyó que era una alucinación. Cerró los ojos y se los refregó hasta comprobar que, en efecto, la bruja estaba allí, en su propio cuarto.
- Te he dicho cientos de veces que no quería verte cerca del palacio. ¡Fuera de aquí! ordenó el rey.
- Perdón, majestad dijo Manrique -, debes saber que si la echas me estás echando también a mi. Es tu privilegio echarnos a ambos, pero si se va ella me voy yo.
- ¿Te has vuelto loco? preguntó Jaime - ¿Adonde irías tu con este monstruo infame?.
- Cuidado, alteza, estás hablando de mi futura esposa.
- ¿Qué? ¿Tu futura esposa?. Yo he querido presentarte a las jóvenes casaderas de las mejores familias del reino, a las princesas mas codiciadas de la región, a las mujeres mas hermosas del mundo, y las has rechazado a todas. ¿Cómo vas ahora a casarte con ella?
La bruja se arregló burlonamente el pelo y dijo:
- El precio que ha pagado para que yo te cure.
- ¡No! gritó el rey -. Me opongo. No permitiré esta locura. Prefiero morir.
- Está hecho, majestad dijo Manrique.
- Te prohibo que te cases con ella ordenó Jaime.
- Majestad contestó Manrique -, existe sólo una cosa en el mundo mas importante para mi que una orden tuya, y es mi palabra. Yo hice un juramento y me propongo cumplirlo. Si tú te murieses mañana, habría dos eventos en un mismo día.
El rey comprendió que no podía hacer nada para proteger a su amigo de su juramento.
- Nunca podré pagar tu sacrificio por mi, Manrique, eres mas noble aún de lo que siempre supe. El rey se acercó hasta él y lo abrazó -. Dime aunque sea que puedo hacer por ti.
A la mañana siguiente, a pedido del caballero, en la capilla del palacio el sacerdote casó a la pareja con la única presencia de su majestad el rey. Al final de la ceremonia, Jaime entregó a Manrique su bendición y un pergamino en el que cedía a la pareja los terrenos del otro lado del río y la cabaña en lo alto del monte.
Cuando salieron de la capilla, la plaza central estaba insulsamente desierta, nadie quería festejar ni asistir a esa boda, los corrillos del pueblo hablaban de brujerías, de hechizos trasladados, de locura y posesión...
Manrique condujo el carruaje por los ahora desiertos caminos en dirección al río y de allí por el camino alto hacia el monte.
Al llegar, bajó presuroso y tomando a su esposa amorosamente por la cintura la ayudó a bajar del carro. Le dijo que guardaría los caballos y la invitó a pasar a su nueva casa. Manrique se demoró un poco mas porque prefirió contemplar la puesta del sol hasta que la línea roja terminó de desaparecer en el horizonte. Recién entonces.  tomó aire y entró.
El fuego del hogar estaba encendido y, frente a el, una figura desconocida estaba de pie, de espaldas a la puerta. Era la silueta de una mujer vestida en gasas blancas semitransparentes que dejaba adivinar las curvas de un cuerpo cuidado y atractivo.
Manrique miró a su alrededor buscando a la mujer que había entrado unos minutos antes, pero no la vio.

domingo, abril 22, 2012

Ya no tengo nada.

     Hago un pequeño parentísis en ese cuento que empecé (El largo camino) hace ya... hará... no sé, no sé cuanto tiempo hace que lo empecé, ni me importa, ni creo le importe a nadie; pues no tengo que dar explicaciones de lo que haga o deje de hacer ni tan siquiera a mi mismo, pues en el fondo soy de lo más anarquico que ha habido y habrá en este mundo. Y hago este paréntisis para escribirte una carta a ti. A ti, que me diste tu amor cuando apenas eras una chiquilla, a ti que me has entregado lo mejores años de tu vida, a ti "mi mujer" por ser "tan mujer". Y aunque nunca leerás lo que con tanto cariño para tu persona ahora empiezo, pues conozco de tu dificultad para leer y para comprender lo que este "pobre idiota" con sus retorcidas palabras trata de decirte, tan solo quiero decirte que en el fondo de mi alma te sigo amando como el primer día que te vi.
     Querida:...
      Esta es simplemente una carta más para ti. Una más de las muchas que te escribí y te envié hace ya bastantes años. No sé si te acuerdas de las primeras que te mandé, aquellas que hoy, y, por el tiempo que llevas a mi lado puedo decirte que, aunque te resulte díficil poder creerlo, no estaban preparadas tan solo para conquistarte, enviandas con la única esperanza de que al leerlás saliese de tu corazón un "te quiero". Pues con el paso del tiempo, creo, que has comprobado que eran otras la finalidad de aquellas primeras mis cartas.
     ¿Recuerdas? Nos conocimos en una fría y oscura noche de... algún mes de hace ahora algunos o bastantes años. Empezamos a salir juntos sin pensar en ningún momento que en algún momento seríamos pareja; más bien fuimos dos amigos que compartían fines de semanas, bailes y ... algún que otro secreto. Fueron tiempos muy una entrañables para nosotros, porque por esa época dejábamos de ser jovenes, para entrar en lo que debía ser la vida de los mayores. Luego de esos encuentros desapareciste y desaparecí. Cada uno tomó un camino hasta aquel Viernes de primavera con olor a azahar y con sonidos de trompetas y tambores que redoblaban al paso de las imagenes que representaban a la "dolorosa" y a su hijo camino del Calvario. Luego, de nuevo, volvimos a desaparecer... hasta que después de algún tiempo te volví a ver, y fue en aquellos días cuando por primera vez te vi como mujer... Tus ojos tenían un brillo especial, eras como una cenicienta que de pronto se había convertido en la princesa de mis sueños.
     Y hoy, sin haber dejado de amarte y pensando en ti, pues nunca te olvidé,  me pregunto y me sigo preguntando ¿que nos paso? ¿Qué nos ocurrió para que hoy día la distancia que nos separa sea algo que aunque desee acortar me es imposible hacerlo?
    
    ¡Qué bonito fue enamorarme de ti, «la nena de las mejillas sonrojadas»! ¡Cómo te ruborizabas cuando te hablaba de mis sentimientos, estabas simplemente... deliciosa!
     Fue difícil conquistarte, porque una gran mujer como tú necesita a un hombre de su talla. En todo eras superior a mí: inteligencia, constancia, valentía... pero no te importó, me amaste sin condiciones, soportaste mis faltas y seguiste siempre a mi lado...




      Esta quizás última carta que te escriba, la encontré en el baúl de los recuerdos. Sí, en ese baúl donde mi madre guarda todas las cartas que le mandó mi padre hasta que... Imaginate pues el mucho tiempo que tardé en encontrar la misiva adecuada y todo lo que tarde en transcribir las palabras que... bueno ya sabes ¿no? Lo mejor de todo es que se parece y mucho a la carta que tu me enviaste y donde decías:
    "La verdad es que ya estoy cansada, cansada de los mensajes de textos, cansada de no poder gritar lo que sientes, cansada de mi necedad por no confiar en mi mismo, cansada en definitiva de esta situación que lo único que hace es hacerme sentir cansada y desganada".
     Ya ves, hoy al igual que hace algún tiempo tampoco sé que decir, por eso revise mis cartas pasadas y las que mi madre tenía en su baúl de los recuerdos, porque, en mi mente y después de lo pasado no encontré ningún escrito de lo mucho que tengo y que tenía que decirte.
     Permíteme tan solo decirte que el único que tuvo la culpa de esta situación fui yo por mi falta de valor, por no sentarme a hablar contigo, por no tomar la decisión que tuve que tomar hace tiempo. Permíteme también decirte que todo te va a salir bien, que cuentas con el apoyo de tu familia, de tus amigos que siguen y seguirán apoyándote y luchando porque seas feliz. Felicitarte aunque me duela por la decisión tomada y desearte para terminar que tu gran amor y tu eterna entrega se verán recompesandas cuando al salir con una enorme sonrisa de todo este mal que te pude causar oigas a esa persona que te diga: "TE AMO"
    Hasta siempre mi amor.
   Tuyo siempre...   Juan Lucas.

miércoles, abril 04, 2012

El largo camino.

Capítulo IV
Al llegar afuera, Manrique trajo su caballo y con el cuidado con que se trata a una reina ayudó a la bruja a montar en la grupa. Montó a su vez y empezó a galopar hacia el castillo real.Una vez en el castillo, gritó a los guardias para que bajaran el puente, y estos, con reticencia lo hicieron.
Franqueado por la gente de aquella fortaleza que murmuraba sin poder creer lo que veía o se apartaba para no cruzar su mirada con la horrible mujer, Manrique llegó a la puerta de acceso a las habitaciones reales. Con la mano impidió que la bruja se bajara por sus propios medios y se apuró a darle el brazo para ayudarle. Ella se sorprendió y lo miró casi con sarcasmo.
- Si es que vas a ser mi esposa le dijo es bueno que seas tratada como tal.
Apoyada en el brazo de él, la bruja entró en la recámara real. El rey había empeorado desde la partida de Manrique, ya no despertaba ni se alimentaba.
Manrique mandó a todos a abandonar la habitación. El médico personal del rey pidió permanecer y Manrique consintió.
La bruja se acercó al cuerpo de Jaime, lo olió, dijo algunas palabras extrañas y luego preparó un brebaje de un desagradable color verde que mezcló con un junco. Cuando intentó darle a beber el líquido al enfermo, el médico le tomó la mano con dureza.
- No dijo -
Yo soy el médico y no confío en la brujerías. Fuera de...Y seguramente habría continuado diciendo ... de este castillo, pero no llegó a hacerlo, Manrique estaba a su lado con la espada cerca del cuello del médico y la mirada furiosa.
- No toques a esta mujer dijo Manrique -, y el que se va eres tú... ¡Ahora! gritó! El médico huyó asustado. La bruja acercó la botella a los labios del rey y dejó caer el contenido en su boca.
- ¿Y ahora? preguntó Manrique.
- Ahora hay que esperar dijo la bruja.Ya en la noche, Manrique se quitó la capa y armó con ella un pequeño lecho a los pies de la cama del rey. El se quedaría en la puerta de acceso cuidando de ambos.