sábado, marzo 17, 2012

El largo camino.

Capítulo III
Todo estaba en silencio, un silencio como debe ser el de la muerte. Ese silencio que entra en las almas de las personas cuando dejan esta vida para adentrarse en ese tunel que nadie sabe hasta donde lleva. Solamente, de vez en cuando, el aleteo de un murciélago rompía aquel silencio y obligaba a nuestro héroe a cubrirse de forma instintiva sus ojos.
No sabía el tiempo que había transcurrido desde su entrada a aquel oscuro y terrible tunel. ¿ Quince, cuarenta minutos.... no lo podía saber pues su pensamiento estaba tan solo puesto en dar con la bruja y poder de esta manera salvar la vida de su rey y amigo.
De golpe y sin ningún tipo de aviso, aquel estrecho y angosto tunel se empezó a abrir y poco más allá pudo descubrir una enorme cueva de la cual salía un olor acre y de la cual emanaba una luz amarillenta que generaban cientos de velas que encendidas iluminabas aquel terrible lugar.
En el centro de la caverna, y como en los clásicos cuentos de brujas, removiendo una olla humeante estaba ella. Sí, la bruja, la típica bruja de los cuentos que tantas y tantas veces nos han descrito las abuelas en aquellas historias de terror que nos contaban en nuestra infancia, para hacernos entender que aún en la máxima fealdad también se encuentra la belleza, y que a lo mejor, también, con toda la seguridad del mundo y presagiando lo que nos está pasando en nuestro día a día de este presente que nos tocó vivir hacernos entender, casi con toda seguridad, que siempre habrá una lucha entre el bien y el mal. Fantaseaban nuestras abuelas y nos describian a estas brujas como seres totalmente carentes de humanidad y de sentimiento. Pienso que con estas historias trataban de inculcarnos a nosotros que eramos y que deberíamos ser aquellos valerosos y bienaventurados caballleros que a igual que Quijotes, cuando tuviesemos edad deberiamos emprender la lucha sin cuartel contra la maldad, la injusticia y la clase sin escrúpulos que adoptando en la actualidad formas de caballeros y de hermosas damas, y que no se porque motivos la prensa servil y esclava del actual sistema llama "lideres de las naciones", son los terribles magos, elfos y otros seres terribles y malvados que día a día nos abocan a la pobreza, a la esclavitud y a vivir en ese mundo terrible del cual lograron sacarnos caballeros como el rey Jaime y el caballero Manrique.
A unos pocos metros de donde se encontraba nuestro caballero, encorvada, vestida de negro, con las manso alargadas y huesudas terminadas en largas uñas que parecían garras, los ojos pequeños, la nariz ganchuda, el mentón prominente y la actitud que encarnaba el espanto, se encontra la única, la mayor de las brujas que ha habido y habrá: la bruja de la montaña.

Apenas Manrique entró, sin siquiera mirarlo la bruja le gritó:

- ¡Vete antes de que te convierta en sapo o en algo peor!

- Es que he venido a buscarte dijo Manrique -, necesito ayuda para mi amigo que está muy enfermo.

- Je... je... je... rió la bruja -. El rey está embrujado y a pesar de que no he sido yo quien ha hecho el conjuro, nada hay que puedas hacer para evitar su muerte.

- Pues tú... tú eres mas poderosa que quien hizo el conjuro. Tú podrías salvarlo argumentó Manrique.

- ¿Por qué haría yo tal cosa? preguntó la bruja recordando con resentimiento el desprecio del rey.

- Por lo que pidas dijo Manrique -, me ocuparé personalmente de que se te pague el precio que exijas.

La bruja miró al caballero. Era ciertamente extraño tener a semejante personaje en su cueva pidiéndole ayuda. Aún a la luz de las velas Manrique era increíblemente apuesto, lo cual sumado a su porte lo convertía en una imagen de gallardía y belleza.

La bruja lo miró de reojo y anunció:

- El precio es este: si curo al rey y solamente si lo curo...

- Lo que pidas... dijo Manrique.

- ¡Quiero que te cases conmigo!

Manrique se estremeció. No concebía pasar el resto de sus días conviviendo con la bruja, y sin embargo, era la vida de Jaime. Cuantas veces su amigo había salvado la suya durante una batalla. Le debía no una, sino cien vidas... Además, el reino necesitaba de Jaime, pues desde hacía poco más de unos cincuenta días, el tiempo en que el rey enfermo, una nueva especie que con mentiras y mil engaños habían conseguido convencer al pueblo de que había que hacer "reformas y más reformas" para así poder en un futuro ser una nación fuerte y poderosa... se había apoderado del reino y con su afán de enriquecerse a ellos mismos y a la antigua clase que dominaban y tenían solo para ellos de lo de debería disponer ahora y siempre cualquier ser humano, por el solo hecho de ser, aunque lo tomen a risa, "CIUDANO Y NO SIERVO". Todos estos seres perversos y malvados que no habían tenido mas remedio que irse del reino después de que Jaime y sus caballeros los derrotaran. Ahora, aprovechándose del terrible hechizo que atormentaba el alma de Jaime, habían vuelto al poder y de esta forma, con el poder DE NUEVO EN SUS MANOS, llevaban sin piedad, sin tregua y sin cuartel a la más extremas de las pobrezas y servidumbre a aquel pueblo que durante muchos años había luchado por tener: "una educación, una sanidad y unos servicios y servidores que hicieran posible que todos tuvieran esos derechos a los que todos los seres humanos tienen derecho por el solo hecho de ser "hombres y mujeres".

- Sea dijo el caballero -, si curas a Jaime te desposaré, te doy mi palabra. Pero por favor, apúrate, temo llegar al castillo y que sea tarde para salvarlo.

En silencio, la bruja tomó una maleta, puso unos cuantos polvos y brebajes en su interior, recogió una bolsa de cuero llena de extraños ingredientes y se dirigió al exterior, seguida por Manrique.

jueves, marzo 08, 2012

El largo camino.

CAPÍTULO II

Manrique no pudo contener su ira y, dirigiéndose hacia el sirviente le agarró fuertemente por los hombros mientras le gritaba:
- ¿Por qué dices eso? Maldición. ¿Eres acaso tú un antiguo sirviente de los espíritu del mal?

- No, no, mi señor. Balbuceó con miedo el sirviente. Lo que ocurre es que tengo bastantes años, y en esta larga vida que Dios me ha concedido he visto decenas de hombres y mujeres en la misma situación que nuestro amado rey Jaime y, de todos esos casos que le cuento mi señor, tan solo uno logró sobrevivir a tal maldición.

- ¿Quieres decir entonces que existe una posibilidad.... Habla o te juro que te ensartaré ahora mismo en mi espada - gritó Manrique - Cuéntame inmediatamente como pudo sanar, como se hizo, como escapó de la muerte ese otro pobre hechizado.

- Se trata de conseguir un brujo mas poderoso que el que realizó el conjuro, si eso no se hace, el hechizado muere. Le respondió el sirviente.

- Debe haber en el reino un hechicero mucho mas poderoso que el que lanzó la maldición sobre Jaime, dijo Manrique -, pero aún si no estuviera en el reino lo iré a buscar del otro lado del mar y lo traeré.

- Que yo sepa hay solamente dos personas con un poder tan grande y poderoso que pudieran librar del hechizo a nuestro rey y de esa forma curar a su Majestad, contestó el sirviente. Uno es el todopoderoso Roger, mi señor, pero actualmente se encuentra tan lejos de estas tierras, que aun en el caso de que se enterara tardaría semanas en llegar hasta aquí y no creo que nuestro rey pueda soportar tan largo tiempo en el estado que se encuentra.

- ¿Y quien es la otra persona que tiene poder para curarle? Preguntó con fuerza Manrique.

El viejo sirviente bajó la cabeza moviéndola de un lado a otro negativamente.

- La otra, la otra es... la bruja de la montaña... Pero aun cuando alguien fuera lo suficientemente valiente para ir a buscarla, lo cual dudo, ella jamás vendría a curarle pues debes recordar Señor Manrique que fue expulsada hace años del palacio por su majestad, y, eso la bruja de la montaña nunca se lo perdonará a nuestro querido rey Jaime.

Verdaderamente la fama de la bruja de la montaña era realmente siniestra. Manrique había oído de labios de los campesinos y comerciantes que dicha bruja, era capaz de transformar en su esclavo al mas bravo guerrero con sólo mirarlo a los ojos, incluso corría el rumor de que con sólo tocarla se le helaba a uno la sangre en las venas. También se contaba de ella que una vez que había convertido en sirviente a los caballeros que habían tratado de vencerla, los hervía en aceite para comerse su corazón.

Todas aquellas historias y muchas más que le gente contaba sobre la bruja de la montaña habrían hecho renunciar a cualquier caballero de la idea de ir a buscarla. Pero Jaime era el mejor amigo que Manrique había tenido y tendría en su vida. Había batallado a su lado cientos de veces, había escuchado sus penas mas banales y las mas profundas. No había riesgo que él no corriera por salvar a su soberano, a su amigo, y a la mejor persona que había conocido.

Sin pensarlo un momento más, Manrique calzó su armadura y montando su caballo se dirigió a la montaña Negra donde estaba la cueva de la bruja.

Fueron varios los días que Manrique estuvo cabalgando hasta divisar la montaña negra. Ni el cansancio, ni el hambre, ni tan siquiera el pensar que podía morir en el empeño de llevar hasta su amigo a la bruja le detuvo por un instante. Antes de llegar hasta la montaña negra tuvo que cruzar un enorme río cuyas aguas a pesar de bajar de las cumbres nevadas eran negras y oscuras como la mas negra y oscura de las noches. No había apenas cruzado dicho río, cuando notó que el cielo empezaba a oscurecer. Nubes opacas y densas parecían ancladas al pie de la montaña. Y al llegar al pie de la cueva donde habitaba la bruja, la noche parecía haber caído en pleno día.

Manrique desmontó y caminó hacia el agujero en la piedra. Verdaderamente el frío sobrenatural que salía de la gruta y el olor fétido que emanaba del interior lo obligaron a replantearse su empresa, pero el caballero resistió y siguió avanzando por el piso encharcado y el lúgubre túnel.


lunes, marzo 05, 2012

El largo camino.

Hace algunos días, después de mucho tiempo en el cual ninguno de los dos sabíamos nada el uno del otro, de nuestras vidas, ni de como esta nos trataba, volvimos a coincidir en ese lugar donde hace años nos conocimos por primera vez. En ese lugar donde te vi por vez primera siendo tú entonces una estudiante de largos cabellos oscuros y ansiosa por descubrir y conocer a gente nueva y diferente.

Hablamos poco, apenas unos minutos, pues me dijiste que tenías el tiempo muy limitado, que te esperaban tus muchos quehaceres y que en otra ocasión volveríamos a vernos durante un periodo mas largo de tiempo, para así charlar aquellos diás pasados. Pero antes de marcharte te prometí volver a escribir algo para ti, algo como aquel cuento de hace ya algunos años y que durante algún tiempo nos sirvió para entre otras cosas tener aquellos "sobrenombres" que ambos usábamos cada vez que nos veíamos ¿los recuerdas? Hoy, voy a contarte otro cuento, y digo bien: "contarte" porque no es un cuento mío, es de un personaje muy, pero que muy conocido. Pero sucede, o al menos así tengo entendido que cuando un escrito, canción u obra de arte se hace conocida, famosa, popular ya no solo pertenece al autor que en un pasado la creo, sino que se convierte en un bien del pueblo, pertenece a la humanidad, son patrimonio de todos los seres humanos. Yo no se si este cuento que ahora empiezo a narrarte es o será patrimonio de la humanidad, pero si puedo decirte que es un bello cuento que a mí, personalmente, me gusto muchísimo.

Empiezo pues la adaptación de este cuento que espero leas y te guste tanto, tanto que lo puedas contar en años venideros a tus seres más querido.

Capítulo I

La enfermedad del Rey.

Hace mucho, mucho tiempo, en una época en donde la magia era tan lógica y natural como la ley de gravedad y donde duendes, brujas, magos, elfos y otros seres malvados poblaban y dominaban la tierra, que vivió un noble y valeroso rey llamado Jaime, que quiso poner coto al abuso de las maldades que estos monstruos sin alma imponían a los habitantes de aquellas tierras. Se rodeó pues de un grupo de caballeros y junto a estos, y después de largos años de luchas y enfrentamientos logró al fin expulsar a aquellos seres endemoniados de sus territorios y formar un reino donde la justicia, la verdad y la igualdad habitaban entre todos los ciudadanos que componían o formaban parte de sus dominios.

Pero, hubo un mago malvado que logró refugiarse y escapar de las iras del rey y sus caballeros disfrazándose de campesino humillado y ultrajado. De estas guisas, disfrazado como digo de campesino, marchó a otras tierras lejanas; escapando de esta forma del castigo que le hubiese sido impuesto si hubiese sido descubierto. Pasado algunos años y cuando ya casi todos habían olvidado aquellos tiempos pasados, el terrible y cruel mago, esta vez ataviado de noble caballero de otro reino y con el pretexto de pedir ayuda al Rey para desterrar de sus territorios a monstruos parecidos a los vencidos por nuestros héroes consiguió audiencia con el rey Jaime. Una vez consiguió entrar en la Corte y sin que nadie se diera cuenta ni sospechara nada, lanzó contra el Rey un maleficio que en pocas semanas hizo que el monarca enfermara. Tan fuerte y mortal fue aquella maldición, aquel maleficio, que tan sólo dos semanas después de la visita de aquel malvado ser, su debilidad, la debilidad del Rey, lo había postrado en su cama y ya casi no comía. Todos los médicos de la corte fueron llamados para curar al monarca pero nadie había podido diagnosticar su mal. Pese a todos los cuidados, el buen rey empeoraba.
Una mañana, mientras los sirvientes aireaban la habitación donde el rey yacía dormido, uno de ellos le dijo al otro con tristeza.

- Morirá...

En el cuarto donde yacía el Rey, se encontraba el caballero Manrique. Era este caballero el mas heroico y apuesto de todos los caballeros que formaban parte de la corte que ayudaban a la gobernabilidad del reino y compañero de las grandes lides de Jaime, el Rey.

Manrique escuchó el comentario del sirviente y se puso de pie como un rayo, tomó al sirviente de las ropas y le gritó:

- Jamás vuelvas a repetir esa palabra, ¿entiendes?. El rey vivirá, el rey se recuperará... Sólo necesitamos encontrar al médico que conozca su mal, ¿oíste?.

El sirviente, temblando, se animó a contestar.

- Lo que pasa, Señor, es que Jaime, nuestro rey no está enfermo, está embrujado.


viernes, marzo 02, 2012

Lágrimas negras.

Lo nuestro todo ha pasado,
y de eso, bien lo sabes, por mucho tiempo que pase
sera difícil que olvides aquellos besos robados
que aún calientan tus labios.
Sé que tú ya ni te acuerdas,
que andarás por nuevos campos
todo quedará tan lejos
que hasta olvidarás lo olvidado.
De la nieve en mi ventana
que era para mi tu ausencia
sólo quedará el recuerdo
tal vez, un recuerdo blanco
de las mechas de tu pelo
que se irá poniendo cano con el paso de los tiempos.
De las lluvias que cayeron
en largas noches de espera,
tal vez quede en el recuedo
agua que corre pasando.
De los besos que nos dimos
que con tanto celo guardo
solo quedará en tu recuerdo
una despedida acaso.
¿Qué quedará de aquellos días
de promesas incumplidas?
¿qué quedará de aquellas noches
y de las frases que decias?
De días y noches de amor,
de aventuras, de caricias,
solo quedará en ti el recuerdo
tal vez algo de cenizas.
Pero nos quisimos tanto
y tanto amor yo te di,
que es seguro que algún día,
cuando pasen aún más años,
cuando creas que no existo
y que no existe el pasado,
tal vez recuerdes que "algo"
que era tuyo, te ha dejado.
Pudiera ser una copla
o un beso dado en tus manos;
tal vez un eco lejano,
o la voz de algún amigo
que remueva tus entrañas
y te traigan a la mente
un "algo" de tu pasado;
o cuando alguien te bese
creerás que otro te ha besado.
No recordarás mi nombre
aunque querrás recordalo;
y empezará una tormenta
de recuerdos olvidados,
de amores rotos y besos,
de paseos estrellados,
cada estrella con un nombre
que juntos le fuimos dando
y que puedo asegurarte
que habrás también olvidado;
de inquietudes y silencios,
de sueños mal hilvanados,
y sentirás inquietudes,
amarguras, desengaños,
por todo cuanto tuviste
y que ahora te hace daño.
Querrás no haber olvidado,
y adonde quiera que vayas
sentirás "algo" a tu lado,
sin saber que ése soy yo,
pero sabrás que hay "algo".
Un "algo" que quieres ver
en un cuerpo concretado
y que cuando ya lo sientes
casi, casi dibujado
cuando lo sientes plasmar
de nuevo se te ha esfumado.
Y perderás tu alegría,
tu risa estará olvidada
y no dormirás tranquila
y despertarás al alba
a iniciar tu nueva vida
y observarás asombrada
que lágrimas en la noche
quedaron en tu almohada.