sábado, enero 28, 2012

Navegando IV

Creo que debido a que en ese instante mi mente no quiso asumir el contenido de lo que posiblemente pensabas o decías, cuando todo encajo... Fue en ese preciso momento, cuando te contemplé de pie rodeada de aquella gente que tan bien parecían pasarlo debido, no lo dudo, a tu presencia, fue entonces justo cuando te iluminaban los bellos y plateados rayos de la luna, cuando la brisa proveniente del Océano mecía la ropa que cubría tan hermoso cuerpo y revolvía tus cabellos, fue entonces, cuando justo cayó el último grano de arena de mi reloj.... Y de pronto lo comprendí. Tú debes ser... - comencé; pero callé.

Callé porque temí que si lo decía en voz alta, que si te llamaba, el hechizo acabaría, al verme, pensé, dejaría de ser la persona que tu creías que era. Callé porque temí que olvidaras todo y salieras de mi vida... por eso callé.

Me alegro de haberte visto en aquel hermoso lugar. Cuídate mucho, espero seas feliz... Ésas fueron mis últimas palabras para ti, las únicas que permití que el viento arrastrara hasta tus oídos antes de volver a tomar el auto que debería volverme de nuevo a aquella ruidosa y tumultuosa ciudad donde al día próximo tomaría el avión que de nuevo me llevaría lejos de ti.

Al pasar a tu lado, y creo que no te diste cuenta, posé sutilmente la mano sobre tu espalda, en un fugaz roce que acabó al separarnos mis pasos, pero que duró suficiente tiempo para que pensase:

"Bendita seas, ****, ángel mío; me alegro de haberte encontrado.

Y me marché.

Seguramente no te vería nunca más; eras un ángel en cuerpo humano y tu esencia hubiera sufrido al estar con alguien como yo, totalmente opuesto a ti. Si hubieras sido oscuro, como yo; si tus alas hubieran sido negras... tal vez hubiera tenido yo oportunidad, porque ya sabes que cuando la esencia de un ángel se embotella en un cuerpo mortal, la luz se vuelve oscuridad y la oscuridad luz; y solo uno mismo puede reconocer su elemento. O, como te pasaba a ti .... ni siquiera me veías porque yo simplemente pensaba era un ser de tinieblas.

Y continué mi camino, dispuesto a volver al mundo, a seguir esperando a ... a no se quien. Esperando quizás ese día, ese día en que veré lo que mi sangre mi dicta que sucederá... el momento en ese día para el que nací; no sé que será de mí después.

Entré en la inmensa Urbe y me confundí con sus gentes, pensando aún en ti y en aquella belleza. Guardando como el mayor de los tesoros y secretos aquella visión, aquel encuentro que tuve contigo y pensando aunque sea de forma inconsciente que también un ángel oscuro, de alas más negras que la noche y corazón más frío que un glaciar, en un cuerpo humano, podría algún día ser feliz si guardaba la hermosa visión que había vivido ese día en aquel lugar donde te vi por vez primera.

Juan Lucas.


domingo, enero 22, 2012

Navegando III

Seguí pensando. Y a solas, siendo yo mismo, recapacité o intenté sacar conclusiones. Le di mil vueltas a lo mismo, tal y como sé que te gusta que haga; pero esta vez no era solo un juego más de mi mente, era la manera que tenía de descubrir como eras, pues aunque ya te conocía, sabía como eras, había aún cosas que no encajaban.
Esa noche me pregunté a mi mismo si tal vez no estuviera convirtiéndome... si no sería que estando en aquel maravilloso y agradable lugar donde por primera vez te vi , habría cometido un error tan grande que ya nunca podrías volver a quererme a causa de esta cobardía mía que aun a sabiendas de que eran incorrectas, ética y moralmente me empujaban a alejarme de tu lado por temor y miedo a tu rechazo. A tu lado no era más que un ángel oscuro... mi humanidad me arrastraba cada vez mas lejos de ti. Después de haberte visto, después de haber visto tanta hermosura, tanta bondad, tanta ternura... ya no encontraba placer ni sentido a nada, todo me parecía atroz.
Abrí los ojos rápidamente para escapar de aquella terrible visión que me arrastraba al mas oscuro de los mundos. Algo en mi interior me indicaba que había pasado bastante tiempo con aquellos pensamientos, y que debía volver a la realidad. Me incorporé sin pensarlo dos veces y con pasos apresurados me dirigí al cuarto donde me hospedaba.

Mientras caminaba hacia aquel lugar, un deseo, una ilusión, un pensamiento iluminó mi camino. Uno de esos pensamientos que ocupan de vez en cuando las mentes de todas las personas, unos de esos pensamientos que son lo suficientemente grandes para hacer la noche día y fue volver al lugar donde horas antes te había visto... sin más, volví a tomar el auto y de nuevo con la luna como única compañía retorne a aquella playa donde esperaba volver a encontrarte y así fue... aunque ya tarde te encontré de nuevo en aquel lugar donde tan sólo el sonido de las olas y tu sonrisa rompían el silencio de la noche. Mi miraste de nuevo, se que en el fondo de tu corazón, aunque no me hablarás, agradeciste que hubiese vuelto, luego como si pudiera leer tus pensamientos y aunque nada dijeras creí entender que decías:
" He aparecido en tus sueños, y aunque no te conozco eres parte de mí a pesar de que tengas miedo a llegar a mí... que bonito sería que entendieras que cada paso que tu des yo también los daré... y al igual que las olas me acerco a ti una otra y vez... eres para mi como agua clara, como la luna desnuda antes la noche, la calma, el consuelo... agua para saciar mi sed... quiéreme para los restos de la vida..."

Juan Lucas.

viernes, enero 20, 2012

Navegando II

Y pasó el tiempo y, una mañana mi mirada perdida dio con su mirada sin que ella se percatara de mi presencia. Estaba yo sentado en la terraza de un bar donde ella suele veranear en una noche de verano de cielo claro, de hermosa y limpia luna llena que daba una hermosa luz plateada a aquel enigmático y hermoso lugar que nunca antes había visto. La contemplé desde la lejanía, concentrándome en cada palabra, en cada gesto que de su hermoso y esplendido cuerpo manaba hasta que se acercó hasta ella un muchacho, casi un niño, fue entonces cuando levantó su vista y se encontró con la mía.

El muchacho murmuro algo y le miró directamente a los ojos. Ella, sin más, le devolvió la mirada, impasible. Luego, murmuró algo que yo no pudo comprender debido a la distancia que a ambos nos separaba, le tendió la mano al muchacho, quien la cogió y se fue con ella... Entonces fue cuando les perdí de vista. Yo, bajé la mía y sin poder articular ni un hola salí de aquel lugar que por momentos me asfixiaba debido a mi silencio y mi timidez me impedían acercarme a ella.

Sin más, monté en mi auto y salí de aquel lugar conduciendo por una amplia y bien asfaltada carretera que me llevaría a la enorme y ruidosa ciudad donde tenía alquilado un pequeño cuarto. Mientras conducía y sintiendo sobre mi cara la brisa del viento fresco que daba en mi rostro me dije:
" No tengo nada que esconder más que sombras. Soy "esto" que ves (me miraba en el espejo retrovisor del auto) aunque no te gustes; soy un ser terrible, me odio a mi mismo y no tengo alma, es cierto, de ahí que nada se remueva en mi interior más que recuerdos dolorosos. El silencio de la noche me hacía sumergirme en mis pensamientos que resonaban en mis oídos, hasta el punto de estar como ausente.
Esa noche, al llegar a esa ciudad, escogí una esquina oscura donde apenas veía la punta de mi nariz. Me senté en el suelo y apoyé mi espalda contra un rincón cubierto de carteles que traían a mi mente escritos de otra época. Pensé que tal vez, en un futuro no muy lejano, podría estar con ella, besarla y amarla poco a poco para saciar mi hambre y mi sed de amor que invadían mi alma. Pero ahora nada podía hacer. Cruce pues las piernas y coloqué las manos sobre mis rodillas. Cerré los ojos y me dejé llevar por la música que llegaba hasta mis oídos. Evoqué a mi memoria pensamientos que había tenido a lo largo de aquel día, y otros de más allá; me impregné de ellos... pude sentir su presencia en aquel lugar donde me encontraba y por unos mágicos y esplendidos minutos sentí como su alma estaba junto a la mía. Fue como estar a su lado, distinguiéndole con todo lujo de detalle; pero en aquella mi visión ella brillaba y portaba un par de maravillosas alas blancas a sus espaldas. Era... como yo... pero a la inversa...

Juan Lucas.



sábado, enero 14, 2012

Navegando.

Nada sabía de ella. Al comienzo no era nadie para mí. Una desconocida más que se cruzaba en mi caminar por la senda que me había tocado recorrer en este mundo.
Entró en mi vida como otras muchas lo habían hecho ya antes, pero... todo iba a ser diferente, porque ella simplemente era diferente.
Desde el primer día que le vi le creí agradable y le sentí cálida sin saber los motivos o las razones por las que sentía aquellas sensaciones. De lo que si me di cuenta muy pronto es de que ella era algo o "alguien" distinta al resto, era... algo más; y aunque su silueta era apenas visible debido a la oscuridad donde se encontraba y que me producía cierta confusión y me hacía dudar si era o no, la mujer que yo iba buscando, al poco de acercarme hasta el rincón donde se encontraba se disiparon las dudas, pues entre palabras y risas me fue enredado y atrapando en esa extraña personalidad que de ella emanaba: la sentía y no... no tuve palabras ni valor para decirle lo que tanto tiempo estaba deseando decirle.
Así era, tenía el extraño poder de estar presente, aunque callará... y cuando por fin hablaba, sus palabras tenían el don de tocar el corazón como ninguna otras palabras lo habían hecho antes nunca. Intercambiamos opiniones y bromeábamos juntos y sin darme cuenta de que tan solo estaba desempeñando un papel, de que ese no era yo en realidad, puesto que mi verdadero ser yacía en lo hondo de mi pecho.
Permanecía ella misteriosa, aunque cada día que pasaba y aún no se porque motivos cada vez se hacía más y más visible para mi y poco a poco, lentamente iba apareciendo en escena, esa luz que desde un principio yo intuía o sabía estaba en su interior.
Cada día conversábamos y gozábamos con la compañia el uno del otro, el tiempo se no escurría entre los dedos como el aire, como el agua. Recuerdo que un día antes de despedirme de ella hasta el próximo encuentro le dije:
- Poco a poco te voy conociendo y por extraño que parezca debido a tu misteriosa personalidad, me resultas fascinante. Eres, simple y sencillamente, admirable.
En respuesta a esa confidencia me dedicó una de esas enigmáticas sonrisas que le caracterizaban. Y con esa modestia tan particular suya se limitó a responder:
- No soy tan increible como piensas y no merezco ningún tipo de elogios. Si alguien es digna de ser elogiada eres tú debido a tu gran amor y paciencia hacia mi persona.