viernes, noviembre 25, 2011

Las ilusiones perdidas.

No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. "Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo... Regresarán en pocos meses".

Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.

No . No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.

Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.

No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.

En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.

No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.

No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.
Concha Cabellero

viernes, noviembre 18, 2011

Y vas a ser mamá.

"Un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios.

- Me vas a enviar mañana a la tierra; pero ¿Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?

- Entre muchos Ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando: El te cuidará.

- Pero dime: aquí en el cielo, no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.

- Tu Ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.

- Y ¿Cómo entender cuando la gente me hable si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?

- Tu Ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.

- Y, ¿Qué hará cuando quiera hablar contigo?

- Tu Ángel te juntará las manitas y te enseñará a orar.
- He oído que la tierra hay hombres malos ¿Quien me defenderá?

- Tu Ángel te defenderá aún a costa de su vida.

- Pero estaré siempre triste porque no te veré más señor.

- Tu Ángel te hablará de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia; aunque, Yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño, presuroso, repetía suavemente:

- Dios mío, si ya me voy, dime su nombre, ¿Cómo se llama mi Ángel?

- Su nombre no importa, tu le llamarás "Mamá".

domingo, noviembre 13, 2011

Todo estaba escrito.

Esto era todo lo que temía, volver a ser lo que fui hace mucho... Me voy. Creo que son las palabras más indicadas para explicar lo que estoy sintiendo ahora.

Y a la hora de mi marcha a ti no te pediré que llores. No te pido que te deprimas, ni que mandes el mundo al demonio... Sólo seré capaz de pedirte que intentes sonreír. Al principio, te sentirás absurda y falsa, tratando de sonreir sin sentir siquiera una huella de felicidad. Al segundo intento será un poco más sencillo. Pero yo quiero que lo sigas intentando hasta que seas capaz de pararte frente al espejo y reírte de lo absurda que es la vida a veces.

No te culpes, ni te cubras con un manto de injusticias. Sonríe, porque sería demasiado cruel ver una lágrima resbalar por tu mejilla. Sonríe y te sentirás libre, sentirás que puedes seguir adelante, que el sol puede volver a salir.
Juan Lucas

miércoles, noviembre 09, 2011

Y vivir de lo vivido...

Cómo me arrepiento de haber hecho todo lo que hice, y no sabes cuantos deseos tengo de detener el tiempo... quedarme junto a ti, por siempre, y poder explicarte el sentido de la situación... O quizás tan sólo me hubiese gustado retroceder el tiempo, hasta aquel momento, en el cual mi corazón comenzó a sentir puñaladas que le atravesaban sin piedad, aquel momento en el cual decidí engañarme a mi mismo, aquel momento en el cual decidí olvidarte...

Pero jamás algo me había costado tanto... Y no sé que es lo que sucede ahora...Normalmente, yo suelo olvidar muy rápido... Pero... ¿por qué en éste caso no ha sido así? ¿por qué tengo que seguir lamentando cosas que quizás jamás mejorarán? Dímelo tú, explícame... Quiero olvidarte, pero no puedo... Puedo olvidarte, ¡pero no quiero!

Yo no te amo, yo no te amo... yo no te amo.

¿Por qué quiero engañarme nuevamente? No lo sé, pero no quiero seguir con ésta maldita confusión...

Cómo odio sentirme confundido, cómo odio no tener las cosas ordenadas dentro de mi mente... Siento que he vivido cosas peores, sin embargo no las recuerdo, no las recuerdo, y sólo soy capaz de comentarme a mi mismo sobre esto...

Siento que soy libre de hacer lo que quiero... Ni la mismísima noche que cae sobre mi podría detenerme... Debo correr, correr, pues nada puede detenerme, no si mi corazón sigue siendo iluminado por aquella pequeña y silenciosa llama de esperanza... aquella pequeña esencia de fe.

Correré lejos de éste mundo, tan lejos, pero tan lejos, que al caer la noche podré ver como los ángeles guardianes suben al cielo mientras sus cuerpos de carne y hueso descansan. Mi espíritu se levanta, ¡ellos no me atraparán ni me quitarán las ganas que tengo a veces de vivir! Esas mismas ganas que tengo a veces, pero de amarte.

Veo como mis párpados se cierran... Veo como mis pestañas se mezclan con los suspiros que lanzan mis poros... Puedo sentir que a veces necesito callar, necesito calmar mi ritmo y meditar un poco más antes de hacer las cosas...Pero, no lo sé... Ahora no estoy seguro de nada... Sólo siento que quiero estar a tu lado, siento que quiero oír una segunda oportunidad que provenga desde tus labios, desde tus manos, desde tu corazón.

jueves, noviembre 03, 2011

Déjame que te espere... aunque no vuelvas.

Esta vez no te voy a decir lo mucho que te quiero,
al contrario solo pretendo que lo sepas.
No te diré cosas cursis ni nada por el estilo;
al contrario solo te diré que eres mi amigo
y seguirás siéndolo el resto de mi vida,
que si me equivoque una y mil veces te pido perdón,
que si no supe estar cuando me necesitaste,
me perdones, no fue con intención.

Sabes que eres importante en mi vida,
que sin ti estaría perdido
y que desearía estar contigo,
ahí en donde estas ahora, pero creo que estas muy lejos
además de que mis diferentes ocupaciones no me lo permiten,
que desearía tanto poder decirte tantas cosas…
como que… me haces falta, que te extraño
y que no es necesario hacerlo porque lo sabes,
perdóname por no estar ahí,
pero sabes que siempre estaré para ti
hoy aquí quiero que sepas que te necesito
y que quiero que necesites de mi todos los días
al menos así me sentiría un poquito útil.

A pesar de todo
sabes eres la única persona a la que le importe
cuando caí, y a la única a la cual le agradezco
me haya ofrecido su mano y me ayudo a levantarme
la única… que me ofreció su hombro para llorar
la única… que estuvo ahí cuando me sentí morir
me devolviste las ganas de vivir y sentir
te quiero y no te olvido
aunque ya no este ahí contigo
Adela Tannous