martes, julio 05, 2011

La novia III

Su dedicación, empeño y caridad puesto en los soldados heridos llamó la atención de las superioras, y ella explicó:

– Pienso que cada soldado herido pudo ser Maximiliano. Y si él está herido en algún lugar deseo que lo atiendan como yo los atiendo aquí a estos muchachos que no sé su nombre ni quienes son, sólo sé que están aquí porque fueron valientes en el campo de batalla.

Las cartas de Maximiliano le hacían saber a Leopoldina los enormes sacrificios a que eran sometidos los contendientes por la falta de agua, el calor insoportable o el frío, la humedad, la falta de víveres, las nubes de moscas y de mosquitos, el agua fétida, el cansancio. Maximiliano le narraba que la sed, el hambre y las infecciones habían provocado la muerte de muchos soldados y oficiales, pero que él había salido ileso pues el amor de ella, de Leopoldina lo protegía.

Leopoldina sufría, rezaba y esperaba.

Los diarios informaban de las batallas: Boquerón, Nanawa, Toledo, Gondra, Pampa Grande, Pozo Favorito, Campo Vía, Cañada de Tarija...

Las cartas de Maximiliano llegaban con retraso, pero llegaban a manos de Leopoldina.
Luego, un largo silencio.
Más silencio.

Leopoldina empezó a preocuparse. Habló con amigas, novias también y esposas de otros contendientes. No pudo saber nada.

Luego la noticia: ¡Los soldados paraguayos fracasaron en Cañada Strongest! ¡Los bolivianos tomaron prisioneros! Leopoldina entre otras mujeres y hombres se agolparon en las oficinas del estado mayor. ¡Quiénes eran los muertos? ¿quiénes los prisioneros? ¿Quiénes?
Luego la noticia: Maximiliano vivía, pero fue prisionero por los bolivianos al igual que Mario y Néstor.
Leopoldina pasó más de un año antes de tener noticias del novio. La tuvo a través del padre de Mario. Este era italiano y para saber noticias de su hijo y de sus amigos recurrió a la Legación italiana, la que se comunicó con la misma representación en Bolivia, y a través del Ministerio de Relaciones Exteriores del país andino se pudo saber que Maximiliano, Néstor y Mario estaban en la ciudad de La Paz en una prisión estatal.

Hubo algunas cartas y luego otra vez el silencio.
Juan Lucas.