lunes, diciembre 27, 2010

Fiesta de Navidad en el FMI.

Los españoles estamos gastando menos estas Navidades. Un 7,4% menos, con lo que la reducción del consumo de las economías familiares es del 24% desde que la crisis se puso verdaderamente seria, hace tres años, y hasta los más optimistas—no necesariamente en el Gobierno, como suele creerse—tuvieron que dejar de hablar de ‘desaceleración’.

En este contexto, la institución que más austeridad reclama, el Fondo Monetario Internacional (FMI) celebró el 11 de diciembre su tradicional fiesta de Navidad. Una fiesta de Navidad para la que la austeridad no existía. Calculo que éramos fácilmente 2.000 personas los que asistimos al evento, que ocupaba las tres plantas de los dos edificios del Fondo en la calle 19 de Washington, a doscientos metros de la Casa Blanca.

En el edificio nuevo (inaugurado hace apenas 5 años, y que se quedó tan grande al FMI que tuvo que alquilar su última plnata al Banco Mundial porque no sabía qué hacer con ella) estaba, además del guardarropa, la orquesta de salsa JCJ Band tocando en la misma sala en la que se celebran las ruedas de prensa en las que el director gerente del organismo, Dominique Strauss-Kahn (DSK) y su economista jefe, Olivier Blanchard, advierten de los peligros pavorosos del gasto público desaforado. A Blanchard no lo vi, pero sí a DSK. Al igual que al número dos de la institución, John Lipsky.

La banda era buena, y había lugar para todo tipo de interpretaciones de salsa, aunque en mi opinión los más cualificados eran los camareros, todos con evidentes rasgos indígenas sudamericanos, que, en cuanto sus obligaciones se lo permitían, se lanzaban a dar unos tímidos pasos de baile que superaban con creces las habilidades de cualquier economista curtido en los cursos de salsa de Bossa o de Havana Club, por citar dos de los locales favoritos de los fondomonetaristas y los bancomundialistas.

Pero la JCJ Band era sólo una ínfima parte de la fiesta de la institución que clama por la austeridad… de los demás. Hay que tener en cuenta que había, entre otras áreas, una discoteca árabe-tecno, con banda incluida y DJ; un karaoke, acaso como un signo de sensibilidad hacia el creciente poder de Asia en el mundo; una orquesta ‘Big Band’ tipo años treinta; la Image Band, que es una banda caribeña (ésa me le perdí; al fin y al cabo sólo estuve cuatro horas en la fiesta y no daba tiempo a verlo todo); y al menos dos discotecas: una con sonidos más retro (se supone para los que ya pasan de la cuarentena) y otras más techno.

No se vayan todavía. Yo conté, al menos, los siguientes restaurantes de tipo buffett: turco; internacional; francés; latinoamericano; italiano; y no uno, sino dos asiáticos (exquisito, por cierto, pero yo ahí no soy imparcial). A ellos se sumaban más barras, algunas especializadas en postres y cafés; otras, en cervezas y vinos; muchas, en cocktails. Así lo especificaba el programa del evento, con detalles como “Especialidad: Mistletoe Martini (Ron de Coco y Licor de Melón)”, o “Especialidad: Pear Sunset (Madarin & Pear Vodka)”.

En un mundo en el que el FMI está imponiendo (lleva, de hecho, seis décadas imponiendo) medidas de austeridad a los países, esa fiesta era un tremendo error: era ostentosa incluso para los parámetros de Washington, una ciudad que, en su calidad de capital del imperio, está acostumbrada a que ciertas e instituciones tiren la casa por la ventana. Pero yo no he visto nada tan espectacular en ningún ambiente político o de lobby en esta ciudad en los ocho años largos que llevo viviendo aquí, No sólo eso: se produce en un momento en el que el FMI acaba de recibir enormes cantidades de dinero de los Gobiernos para combatir la crisis mundial.

Algunos de los funcionarios que acudieron estaban de acuerdo en esa percepción. “Cuando esto acabe, vamos a llamar a los irlandeses a que lo limpien”, comentaba con hiriente sarcasmo uno de ellos. Otros recordaban la austeridad extrema de Jean-Claude Trichet en el BCE, que ha cortado al los gastos de representación. Y algunos finalmente hablaban del ejemplo del Banco Mundial, que este año no ha celebrado ninguna fiesta, cuando la tradición de esa institución que proclama en su cuartel general—justo al otro lado de la calle 19, frente al del Fondo—que “nuestro sueño es un mundo libre de pobreza” solía celebrar más de 10 fiestas de Navidad (una por cada unidad).

Eso sí: quienes decían eso se olvidaban de recordar que el Banco Mundial este año ha descubierto las virtudes de la austeridad porque se ha quedado, dicen sus propios funcionarios, sin dinero para fiestas, de tantos créditos que ha concedido.

Así que, cuando planee la cena de Nochevieja, no piense en el FMI. Su presión sanguínea se lo agradecerá.
Pablo Pardo.

sábado, diciembre 18, 2010

Los caciques del siglo XXI.

Los caciques no han desaparecido en el digitalizado siglo XXI. Su espíritu sigue habitando entre nosotros y ahora está en ese fantasmagórico concepto llamado mercados. Lo que está pasando hoy es una analogía de aquella caciquil y dramática España franquista rural, que retrató magistralmente Delibes en Los santos inocentes. El cacique, dueño del destino de todos, es un ser egoísta, cruel, indiferente al sufrimiento de sus siervos a los que humilla. Va siempre a lo suyo y todos están a su servicio: Paco el bajo, la Régula, el retrasado Azarías…

Iván, el cacique de Delibes, sólo se topa con su castigo después de matar por capricho a la milana bonita, la única amiga de Azarías: el santo inocente venga a su querido pájaro y ahorca a Iván.
Caciques financieros, ivanes, son hoy los que mandan en los mercados internacionales, los que dicen que nuestras pensiones son excesivas, que nuestras casas son basura, que los derechos laborales son superfluos y que hay que recortarlos o acabar con ellos… Aquí manda el capital, los nuevos caciques, no las cartas de derechos fundamentales de los ciudadanos. El pastel es suyo y se lo reparten.

Pero la paciencia ha empezado a colmarse. Mal asunto. Hemos visto en el mismo día huelga general en Portugal y protestas masivas en Reino Unido e Italia. Los santos inocentes que se manifestaban saben que la avaricia implacable de los mercados provocó la crisis pero que la factura la pagamos nosotros.

Zapatero pide hoy a 39 grandes empresarios que inviertan aquí y que creen empleo. Seguro que habrá buenas palabras. Pero los empresarios, la mayoría de los cuales tienen grandes intereses en el exterior, advierten que ellos se deben a sus accionistas y a intentar obtener la mayor rentabilidad porque así funciona el capital, incluso con los pequeños ahorros. ¿Cuántos de nosotros si podemos elegir entre depósitos a plazo de distintos bancos optamos por el que ofrece el menor tipo de interés?

Así que los empresarios buscan maximizar el beneficio mientras el Gobierno está componiendo un nuevo mantra de moderación simultánea de beneficios empresariales y salarios para conseguir mayor competitividad. La primera parte no se va a cumplir, porque cualquier empresa que reduzca beneficios se verá penalizada en bolsa y a la hora de obtener financiación. Y ninguno se quiere suicidar financieramente.

La segunda parte de la salmodia, el ajuste salarial, dadla por hecha. De eso vamos a oír hablar mucho. Aunque nuestro problema es más de baja productividad que de altos costes laborales. El modelo de crecimiento económico en España se ha basado en sectores poco productivos, con empleos de baja cualificación, escaso sueldo y mucha temporalidad. El salario medio español es la mitad que el inglés, el holandés o el alemán, y un 20% inferior a la media de la UE. Este dato es comprobable en el informe del IESE sobre la evolución del salario en 14 países europeos entre 2003 y 2008.

No sé cómo acabará esto. En el libro de Delibes, Azarías vengó a la milana bonita y a todos los santos inocentes. Claro que se trataba de literatura. De la buena.



viernes, diciembre 10, 2010

Aire.

Hoy, mientras almorzaba con mis amigos, uno de ellos, docente nos dejó leer una nota que le habían dejado en su mesa, esta nota decía así.
Querido Profesor:
Aunque le parezca algo raro y sorprendente mi actitud de hoy, quiero comunicarle que no estudie. Y no quiero engañarle o buscar excusas como que no pude hacerlo porque tuviese a algún familiar enfermo o porque me sintiera mal, no, nada de eso ocurrió. Fue algo mas simple: tan solo que de pronto sentí ganas de pensar, de mirar el cielo, de reir, de llorar... y creo que fue algo más que un deseo, porque no me fui a pasear, ni me puse a ver la televisión... no, nada de eso, querido profesor, es más, incluso mas de una vez, intenté concentrarme en el tema y estudiar, pero todo fue inutil. Mi mente, mi espiritu, estaban en otra cosa. Mi pensamiento volaba, olvidando todas las cosas por un rato. Quiero creer, que alguna vez, quizás cuando usted era joven le habrá ocurrido esto que, a mi me suele pasar últimamente muy a menudo.
¿Entiende lo que le trato de decir? No creo, pero a lo mejor me comprende. De todas formas, gracias por oírme.

Ya sé que me va a llamar para que le explique, y yo trataré de explicarle que intenté estudiar pero que no pude. Que no pude hacerlo porque me escapé por la terraza y me fui con una bandada de palomas y que fue entonces cuando mi felicidad se sacó la mejor nota.
A propósito, ayer el cielo estaba celeste y brillaba un sol hermoso. Se lo digo por si usted, corrigiendo las pruebas, se olvidó de mirarlo.
Juan Lucas.