lunes, marzo 22, 2010

Cuéntame un cuento.

Dedicado a los que aman sin excusas, sin reservas, sin rencor...

Aristóteles definió al ser humano como un ser racional. Y aunque es una blasfemia poner en duda dicha definición, aunque se me tache de vanal, vacio y pueril, aunque me digan loco, insesanto o cualquier otro adjetivo que ocurrirseles pueda, diré que "NO. Diré que el hombre no es un ser racional y me parece excelente que no lo sea. ¿Que estoy desvariando? Pues, dejenme desvariar y unirme a eso grupo de irracionales gracias a los cuales existe todo lo bello del mundo. Digo bien: lo bello, lo que nos hace vibrar cuando lo vemos y lo sentimos, lo que al final de nuestros días valoramos de verdad, por lo que en definitiva luchamos y vivimos.

Y sí. Debo reconocer que gracias a la razón, están las matemáticas, la ciencia, el mercado, el dinero: euros, dolares, pesos, dinares... Más gracias a la no razón tenemos la poesía, la religión, el amor, el canto, la danza... Por esto, por esto último que he dicho me quiero unir a ese grupo de irracionales, y quiero gritar: No está bien que el ser humano sea un ser racional. Es irracional.

El ser humano al que yo me refiero, a ese irracional creador de poemas, danzas y otras, es un animal generador de cuentos. Es un creador de mitos, y todos los mitos son cuentos, puranas. Crea religiones, mitos,historias sobre la existencia. Desde el inicio mismo de la humanidad, ha creado bellas mitologías. Ha creado a Dios. Ha creado a un Dios que ha creado el mundo. Este ser humano al que me refiero, al irracional, teje, y continuamente está tejiendo nuevos mitos. Es un animal que crea mitos; y sin mitos, la vida resultaría absolutamente aburrida.

En la época actual que vivimos e incluso en otras anteriores a esta, los racionales, los que rigen nuestros destinos, aunque nosotros nos queramos, han eliminado todos los mitos antiguos. Necios racionalistas insistieron en refutarlos. Los mitos han sido eliminados porque son indefensibles. No se saben defender. Un mito es algo muy vulnerable, muy delicado, y si se refuta se destruye; y con él se destruye algo muy bello en el corazón humano. No es el mito en sí mismo, que es algo simbólico. Al matar el mito, se mata el corazón.

Los seres humanos le dan sentido a la existencia; de eso se trata el mito. El ser humano es un animal generador de cuentos: pequeños chismes, sobre el barrio y la esposa del vecino… y grandes chismes cósmicos, sobre Dios. Y la gente los disfruta. Hay un cuento que me encanta, y que debo haber contado muchas veces: Es el cuento sobre la vida.

Así es: la vida es un chisme, un chisme momentáneo en medio del eterno silencio de la existencia, y el ser humano es un animal generador de chismes. A menos que te conviertas en racional, te encantarán los chismes. Te encantarán los cuentos de Rama y Sita, de Adán y Eva, de Mahabharata; te encantarán los cuentos griegos, romanos y chinos. Existen millones de ellos, y todos son preciosos.Si no les metes lógica, te abrirán puertas interiores, te descubrirán misterios. Si les metes lógica, se te cerrarán las puertas de ese templo. Ama los cuentos, pues cuando los amas te revelan sus misterios. Mucho se esconde en ellos: todo lo que ha descubierto la humanidad se oculta en esas parábolas. Por eso, Jesús sigue hablando en parábolas y Buda sigue hablando en cuentos. A la gente siempre le han encantado los chismes.


Posiblemente, prosiga otro día, ahora, simplemente, voy a escuchar un cuento.

Juan Lucas.


martes, marzo 16, 2010

ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
-Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también le consultó. Y éste le dijo:

-No soy sabio, erudito, ni académico, pero conozco la solución. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente. En una ocasión encontré a un Sacerdote. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje.
El anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey.

-Pero no lo leas, -le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos.

Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía ESTO TAMBIÉN PASARÁ.

Mientras leía ESTO TAMBIÉN PASARÁ sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas.

Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

- Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha, -dijo el anciano- este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: ESTO TAMBIÉN PASARÁ, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:

- Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa, ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

Hoy, mientras hablaba contigo, ya casi a última hora me has enviado el video que abajo dejo. Video que me hizo pensar en este cuento que leí hace mucho, no se donde y no se de que autor y que espero poder relatartelo cada día en que al igual que le pasa al rey pueda invadirte la ansiedad o embargarte la euforia.

Juan Lucas.

viernes, marzo 12, 2010

Las simples cosas...

No te guardo rencor por rendirte y darle al pasado la victoria. Ni por echar culpas al aire, envueltas en suspiros. Ni siquiera te guardo rencor por los arañazos que tus palabras han dejado sobre mi voluntad. Me duelo, sí. Pero sólo porque antes me han dolido. Y me asusto, y me rindo, y me encojo, y me escondo, y me escapo, y me lloro, y me araño, y me hiero, y me abandono, y me maltrato… Pero sólo para no dolerme cuando vuelvas a hacerme daño. No, no me lo digas. No quiero saberlo. No quiero volver a engañarme. No quiero otra vez palabras que con el tiempo se vuelven puñales. Se está bien aquí en el suelo. No quiero que me levantes. Devuélveme las sombras, esas que no mienten, esas que no cambian de forma, que no se esconden porque nada tienen que ocultar. Devuélveme la soledad, esa que prometió quedarse y lo ha cumplido, esa que no pide favores, ni esfuerzos, ni explicaciones. La que lame heridas y pone vendas a los miedos. En el fondo, todos somos soledades. Brazos que buscan abrazar, labios que buscan besar, cuerpos que buscan huecos que rellenar. Sobre todo eso: huecos...

Estoy cansado de palabras vanas, de días grises y noches negras, de lunas que siempre menguan, de sueños que siempre son pesadillas. Pasará, me repito. Me miro al espejo y al reflejo le digo: pasará. Recojo el alma del suelo y le susurro con ternura: pasará. Pasará, escribo en las paredes de la soledad. Y miro cara a cara a la tristeza y le digo: Pasarás. Y ella, mirándome de soslayo, se lleva a rastras el retal de mi cordura. Y se queda inmóvil, apretando entre sus manos mi confianza. Y se ríe de mis lágrimas y yo me borro de un suspiro. Porque hoy, como siempre solamente pienso en ti.

Juan Lucas.


domingo, marzo 07, 2010

Cómo curar una herida.

Los días van pasando, caen las hojas del calendario a igual que caen las hojas en otoño sin que le demos importancia, pensando que pronto llegará de nuevo la primavera y que de esta manera, a igual que esas ramas vacias, muertas de los árboles en invierno, no llenaremos de brotes nuevos con los primeros rayos del sol de marzo, pero ocurre que no es así. Ocurre que te despiertas en la madrugada entre el calor de las sábanas y el frio del alba, y no hay nadie. Que a tu alrededor no se oye ni un murmullo. Las calles, vacias, persiguen sueños perdidos que ya nunca podremos recobrar... el corazón se queda callado, mientras recuerdas mirando una foto lo bella que eras y por un momento la satisfacción regresa a tu mente.


Sales al balcón y saludas a la Luna y le das las gracias por hacerte compañia en esta larga noche. Retrocedes en el tiempo (bendida o maldita capacidad humana) y sobre esa superficie pulida y plateada ves tus triunfos, tus fracasos, tus amores y tus desengaños, y, así , logras crear una barrera contra tus propios miedos, pasando de la tristeza a la ira, del amor al odio; y en tu cuerpo, parece no quedar cabida para más sentimientos ni dolor.

Regresas, regresas a ese lugar donde fingias descansar y te das cuenta, ahora, en estos precisos momentos que con el paso de los años de todos esos recuerdos tan solo queda la nostalgia, noltalgia de todo y nada, nostalgia de lo que perdimos, de lo que abandonamos... sentimientos vacios para un ser vacio... y todo esto te ocurre porque cuando más cerca de alguien quieres estar, este alguien se aleja más y más de ti, ocurre porque las personas a las que queremos son como la arena de la playa que cogemos entre nuestras manos con fuerza para que no se escape, pero, por mucha fuerza que hagamos, la arena vuelve a la playa escapando de nuestros dedos. Por eso, en esta plomiza y triste noche quiero recordarte a ti y a todos que somos victimas del tiempo, que aunque no queramos ver, ni darnos cuenta, este, el tiempo, pasa de forma inexorable, sin pausa, que en nuestra ceguera de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, desaprovechamos oportunidades que van brotando a nuestro alrededor. De que no hace falta apretar los puños para que la arena queda entre nuestras dedos, sino con solo extenderla de forma suave sobre las palmas de nuestra manos, esta queda allá, al igual que queda la caricia, el beso, del que ama y te ama y que te entregas y aceptas de forma voluntaria y con ansias. De que no podemos perder el poco tiempo que nos ha sido concendido en dudas y temores acerca de lo que tienes o no tienes. De que no hace falta buscar la felicidad muy lejos, pues esta camina por tu misma acera, cerca de ti. De que nunca alcanzaremos mayores logros, si esperamos a estar siempre cubiertos y protegidos, me parece que nadie logró nunca el exito esperando que todas las condiciones les fueran "favorables".

Quiero terminar, este escrito que empezó siendo triste con un grito de esperanza (será que tú llegaste a mí, justo en el momento de mi vida en que perdía dicha esperanza), y quiero terminarlo con una frase que creo está en algún pasaje de la Biblia y que dice así:

"El que el viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará"

No pierdas pues el tiempo con dudas y temores acerca de lo que tienes o tuviste, simplemente, aprovechalo al máximo porque no tendremos ninguna otra oportunidad de poder volver a vivirlo.

Juan Lucas.

lunes, marzo 01, 2010

Canto a Andalucía.

Las armas las tejieron a su modo,
las musas la adornaron, ¿quién lo ignora?
Es el turbante de la España mora,
deshilachado por el hierro cristiano.

Blanca unas veces, como tu pecho;
verde otras veces, como tus ojos;
ora engarzando de trecho en trecho
verdiblanca,
es tu mantilla,
dulce chiquilla,
tu gentileza,
¡el más digno realce de tu belleza!

Bello es mirar sobre el peñón gigante
una de nubes colosal melena
y es grato ver sobre la blanda arena
hervir la espuma por el sol brillante;
pero es más bello, más sorprendente,
ver cómo luce, ver cómo brilla
cayendo en bucles sobre la frente
el blondo de encaje de la mantilla,
rica aureola
de la andaluza
que en su cabeza
¡es la imagen más brava de la belleza!

Juan Lucas.