viernes, enero 29, 2010

29 de Enero: Día de la paz.

... Y vendrá un día en que acabarán las guerras. La tierra, ahíta de cadáveres, se tornará más fértil y producirá árboles y plantas con toda la prodigalidad de sus entrañas maternales.
Se repoblarán los bosques y floreceran los prados. Volverán los arroyos a ser de cristal y los ríos dejarán de arrastar fatídicos despojos.
¡Bendito ese día en que la paz besará a la tierra!
Porque no tendrá el navegante más enemigos que el escollo y la tempestad.
Porque se desvanecerá el humo de la pólvora, que es muerte, y se alzará el del carbón, que es vida: callará el cañón y hablará la fábrica.
Se reedificarán las ciudades destruídas y de nuevo escalarán las nubes las catredales humilladas.
Como el joven al anciano caído, levantará el arte moderno al gótico; y otra vez el ensueño tomará ser en la piedra.
¡Bendito sea ese día en que los hombres se llamarán hermanos y en que mieses y vides borrarán las huellas de la muerte!
Se amarán los mortales los unos a los otros y, a la sombra de la oliva simbólica, olvidarán su nacionalidad los corazones enamorados.
Entonces, la humanidad, terriblemente disminuida, escuchará como una bendición aquella voz bíblica que dijo:
"Creced y multiplicaos".
... Y una mañana de sol, al levantarse sobre los montes, llegará a dudar si existió la guerra...
¡Sólo vuestro quejido, pobres madres, no se apagará!, ¡sólo vuestros corazón quedará vacio!
Vestiréis de luto aunque todo florezca y sollozaréis cuando todo ría.
Maldeciréis a la guerra que os robó vuestros hijos y a la tierra muda que no os dice dónde los guarda.
Cuando el beso de la paz lo cicatrize todo, vuestras heridas seguirán sangrando.
¡Porque el recuerdo renovará diariamente el fuego del sacrificio en el altar de vuestro dolor!


Juan Lucas.