martes, julio 29, 2008

Al César lo que es del César.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción ...


Y al cabo, nada os debo;
me debéis cuanto escribo
a mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho donde yago.
Antonio Machado.

Recurro a estos versos de Machado para responder a este comentario "anónimo":



Creo que debes darle a Miguel Gallardo su autoria ...
Creo que debes darle a Miguel Gallardo su autoria en las frases mas intensas de tu escrito.


Adjunto canción completa:
AMIGO MIO Miguel Gallardo
Amigo mío, contigo he compartido toda mi niñez
Amigo mío, crecimos y luchamos a la misma vez (a la misma vez) Amigo mío, si algo era tuyo era de los dos Amigo mío, mi vida la conoces casi como yo (casi como yo) Siempre te encontré en los momentos duros, siempre te encontré Y en la soledad sentí tu compañía ayudándome, ayudándome Fuiste para mí tan fiel como un hermano en la adversidad Siempre te encontré sin nada en cambio amigo, siempre te encontré Siempre te encontré... Amigo mío, te da vergüenza hablarme de tu intimidad Amigo mío, y temes que al saberla pierdas mi amistad (pierdas mi amistad) Amigo mío, ya sé que disimulas hasta enloquecer Para disfrazar delante de la gente tu amor hacia él (tu amor hacia él) Yo te escucharé, no temas que al oírte me vaya a reír Yo te encontraré aunque tenga un camino diferente a tí (diferente a ti) Tienes mi amistad, no sientas miedo amigo, nada va a cambiar Te respetaré, tu vida es sólo tuya y de nadie más, te respetaré Te respetaré... Amigo mío, amigo mío, amigo mío. AMIGO MÍO (Letra: J.M. Gallardo) Miguel Gallardo

Creo que no hay mejor respuesta que la que estos versos de Machado encierran para contestar a lo escrito por este "anónimo" y aunque a veces responder a tales comentarios puede conllevar el entrar en una espiral absurda e ilógica que no conduce a nada, quiero decirle a este señor o señora, con todo respeto, que en lo que humildemente he ido dejando escrito aquí, habrá quizás mucho de Gallardo y de otros autores, en todos o en casi todos, donde aparecen alguna frases de ellos, he puesto sus nombres, puede que haya otros como a este al que se refiere, en que haya olvidado nombrar al autor, no por afán de gloria o notoriedad, sino simplemente porque olvidé citarlos. También quiero recordarle con toda humildad, que algo mío hay, no a lo mejor tan intenso ni vibrante que sirva para despertar el ansia por seguir leyendo, pero si, y eso lo afirmo, recubierto de mucho amor y cariño.

Mire usted, nada pretendo ni económicamente ni personalmente al expresar ideas, sentimientos o cualquier otra cosa en "mehadicholaluna" tan solo el sentirme bien conmigo mismo al golpear el teclado de mi máquina y de paso, si hay gente que como usted vuelve a recordar a Gallardo o a cualquier otro al leer como dice mi escrito, pues doble bienestar, pues al menos puedo comprobar que no falla la memoría histórica y se recuerda a gente que tanto y tanto han hecho por la cultura de este pueblo y que la mayoría de las veces se les suele meter en el saco del olvido.

Termino con esta polémica que a nada lleva, recordándole las palabras de Machado con la que comencé esta replica:

Y al cabo, nada os debo; me debéis cuanto escribo a mi trabajo acudo, con mi dinero pago...

Y añadó que seguiré escribiendo, peor o mejor, con fallos o sin fallos, con olvidos o sin ellos... cada vez que tenga ganas y me apetezca, sin prentender otra cosa claro está, que sentirme bien conmigo mismo, pues de ilusos sería (al menos eso pienso yo) intentar otra cosa en este mundo de los blogs, si no eres claro está, un escritor o periodista consagrado, yo no soy ni una cosa ni la otra, je, je...

Buenas noches y buena suerte (esto lo dijo Zp en uno de los debates televisados a Rajoy aunque tampoco, como bien sabrá, era suyo. Como puede comprobar, hasta los presidentes de gobierno, a veces, olvidan a los autores de tan famosas frases.)

Atentamente le saluda

Juan Lucas

miércoles, julio 16, 2008

Historia de una amor II

Lo hablaron durante largo tiempo, era un paso duro y difícil, más ya no les bastaba con aquellos encuentros esporádicos en los que él iba hasta el lugar donde ella estaba para vivir con suma intensidad el amor que los consumía, no les saciaban ya esos encuentros de algunos días, de algunas semanas a lo largo del año... decidieron pues acabar con la distancia que les separaba.
Ella se fue a vivir a la ciudad de él, por fin juntos, sin distancias que los separara, ahora todo sería tal y como habían hablado, tal y como habían planeado, nada podría pertubar ya pues aquel inmenso e intenso amor que ambos se tenían. Pero ocurrió todo lo contario de lo que ellos soñaran, lo que en principio fue maravilloso se fue estropeando al cabo de algunos meses, todo o casi todo les empezó a ir mal... faltaba comunicación entre ambos; ella no comprendía lo que pasaba pues intentaba adaptarse a una nueva vida, a nuevas costumbres, a aquel lugar, a aquella ciudad que era un mundo diferente al que hasta entonces ella había vivido. El se sentía dejado de lado, se sentía cansado de escucharla decir continuamente que ya no la amaba como antes, que la había engañado...
Fue entonces cuando algo terrible sucedió, Elisa enfermó del alma, algo que cualquiera que conociese su pernonalidad habría podido diagnosticar, y con la misma intensidad, con la misma impulsividad que la caracterizaba unido a la falta de amor que creía sentir por parte de Miguel hicieron que aquel orgullo que tenía, aquel orgullo que tantos y tantos problemas había ocasionado en su vida sentimental volviera a imponerse nuevamente sobre el resto de sus sentimientos, así pues, llena de rabia y rebosante de orgullo dijo a Miguel:
- Hemos terminado, ya no te quiero, no deseo vuelvas a llamarme ni a buscarme.
Miguel miró fijamente a Elisa mientras ella decía esto. No dijo nada, solo pensaba que no era un problema de sentimientos, sino mas bien era la inestabilidad emocional de Irene, aquella inestabilidad que él tantas veces había notado y a la que creyó poder vencer con paciencia, ternura, amor... la que habían empujado a su amada Elisa a acabar con aquel cariño.
Más no dijo nada, salió de la vida de Elisa como así ella lo deseaba , ni volvió a llamarla, ni volvió a buscarla, pues sabía que era tal el orgullo de esta que de haberlo hecho tan solo hubiese logrado aumentar el odio y la inestabilidad de Elisa.
El tiempo pasó, meses pasaron desde aquella escena que a ambos separó, él intentó rehacer su vida, barras de bares, mujeres... ella trataba de recuperarse de aquella enfermedad del alma, un año, dos... tiempo, mucho tiempo necesitó Elisa para estar bien de nuevo.
Era un lunes de invierno, hacía frío y una ligera agua-nieve caía sin cesar. Fue un encuentro que ninguno de los dos esperaba, pero al doblar aquella esquina, Elisa y Miguel se toparon frente a frente después de tanto tiempo. Ambos habían cambiado, él más que ella, pues Elisa tenía un don especial, el tiempo parecía no pasar por ella, seguía teniendo aquella cara de niña que a Miguel había cautivado, aquellos mismos cabellos negros como azabache, aquella misma sonrisa cautivadora... Ambos quedaron mirándose aunque de sus labios no salían palabras. Después de estar algunos minutos con los ojos clavados el uno sobre el otro, y sin saber que hacer, sin cruzar ni tan siquiera un saludo, ambos siguieron su camino cual si dos extraño se trataran.
Pero un click había saltado en la mente de Elisa con aquel encuentro, algo que creía muerto y enterrado; notó que le amaba, que nunca había dejado de quererle y decidió volver a conquistarlo, ella sabría como hacerlo, se dijo, le conocía, sí que le conocía, sabía de su debilidad hacia ella, Miguel volvería a ser suyo. Aún tenía su número de teléfono, lo llamaría y le pediría salir a comer juntos, de sobra sabía que él no se lo negaría.
Así lo hizo unos días mas tarde, dijo a Miguel que necesitaba hablarle. Mientras cenaban ella le fue desgranando lo ocurrido en aquellos años en su vida, lo mal que había estado y como se había dando cuenta al verlo del gran error cometido, que la perdonase y volviera a comenzar de nuevo una vida en común junto a ella. Lamentablemente Elisa no sabía lo que Miguel había sufrido, lo mal que se había sentido, nada sabía del daño que aquel maldito orgullo había causado en su vida, fue por esto por lo que él rechazó aquella propuesta diciéndole algo que ella nunca espero escuchar de sus labios, pues hasta entonces, hasta aquel preciso momento Miguel nunca le había dicho no.
- Ya no te amo -dijo Miguel- y no existe ninguna posibilidad de que volvamos a estar juntos.
Quedó paralizada, nada dijo durante lo que quedaba de cena ni en el camino hasta su apartamento. Al llegar a este, la rabia volvió a apoderarse de ella, lloró, lloró durante muchos días, no podía aceptar que el hombre de su vida ya no la amara:
- ¿Que iba a hacer con tanto amor dentro de ella? ¿Cómo iba a poder seguir viviendo si la persona que más amaba en el mundo ya no la quería?



Juan Lucas.

jueves, julio 10, 2008

Historia de un amor I

Hoy ha llegado hasta mí esta narración que quiero sin dudar compartir con todos ustedes, es una narración, historia de amor o cuento que como casi todos conviene empezar con...
Había una vez en un país lejano...
Pero la diferencia entre esta historia que me han contando y otras que antes aquí he dejado es que la que ahora comienza, a pesar de tener casi el mismo argumento que todos los cuentos o historias de amor, la que ahora comienzo, es real. Es una historia narrada en primera persona y cimentada en la experencia de dos seres que... mejor no alargarme en este comienzo, mejor ir directo a la historia de hoy que como todas suelen comenzar así:

Hubo un día, no hace mucho tiempo aún, en que dos personas se conocieron y sin saber como surgió entre ellos, casi desde el mismo instante en que se vieron, en primer lugar una intensa y sincera amistad. Amistad, que a medida que iba transcurriendo el tiempo se convirtió en amor, en un amor intenso, en un amor que luchaba contra la distancia que a ambos les separaba, que luchaba contra el dinero, la familia, y otras muchas cosas que trataban de impedir que dicho amor llegara a buen puerto.
Tanto y tan grande debía ser su amor, según podrán ir comprobando a medida que se vayan metiendo en dicha historia mis queridos amigos, que nada de los mencionado anteriormente separarlos podía.
Nada fue fácil para ambos, duros fueron los comienzos, muchos conflictos referidos principalmente a la personalidad de cada uno le distanciaron un par de veces.
El primer problema, me contaba Miguel, creo recordar que así se llama el protagonista, fue debido a un ex- de ella, pues ella, que es una persona bastante especial, con demasiados conflictos personales, lo cual le hace actuar de manera impulsiva y le trae otros problemas a nivel interpersonal, nunca creyó que Miguel llegase a amarla con la fuerza e intensidad con que llegó a amarla, a adorarla... la quería sí, la quiso desde el primer día que la vió, ¿díficil de entender? Sí, que lo parece, también lo fue para Miguel en sus comienzos, ya que no podía comprender como Elisa, había conseguido penetrar de forma tan profunda en su alma, en su mente.
Es por eso, que a pesar de esta dificultad ocurrida en la alborada de este amor, él siempre fue paciente y comprendía y la aceptaba de vuelta, porque él la amaba tanto como ella a él, y aunque le costase reconocerlo, aunque no quisiera aceptarlo sabía que Elisa era muy inestable, parece perogrullada, más no lo es, en aquellos tiempo siempre ganaba el amor, era el más fuerte.
Y de este modo pasaron casi dos años, en los cuales se amaron, discutieron, gozaron de la vida, hicieron locuras de amor, se prometieron cosas, se ilusionaron con un futuro y sacaban recursos de la nada sólo para estar juntos. No sólo eran pareja, sino que también se convirtieron en los mejores amigos, existía una confianza plena entre ellos, se apoyaban, era amor verdadero.
Es importante destacar en esta increíble historia, que era la segunda vez que él se enamoraba de una persona, al igual que para ella, quizás ése era uno de los motivos por los que no sabía manejar bien la relación, tenía mucho temor a ser herida.
Juan Lucas.


martes, julio 01, 2008

Hasta que te conocí (Final)

Y así de esta forma iba pasando el tiempo.

Ya era el segundo mes en que Irene iba y venía a su trabajo cada día sin la ayuda de Frank y eso le hacía sentirse segura, a la vez que aumentaba su autoestima y confiaza en ella misma, en su capacidad para poder enfrentarse a un mundo oscuro, a un mundo del que pensó en un principio que no podría salir y que le arrastraría para siempre a la soledad y a la compasión.

Cada mañana se despedía de Frank, llegaba hasta el ascensor, salía y recorría el camino que le llevaba a la parada y una vez oía el ruído característico de su autobús, subía y daba los buenos días al conductor.

Aquel viernes por la mañana, Irene tomó como de costumbre su transporte. Al pagar el billete, el conductor le dijo:
- De veras que la envidio.

Irene, extrañada por este comentario no supo en un principio saber si le estaba hablando a ella o a otra Irene. Debía ser a otra Irene, seguro, porque pensándolo bien ¿quién iba a tener envidia de una ciega? Quizás lo dijera se dijo en voz baja para alabar el coraje mostrado durante este tiempo, a su coraje por hacer un largo trayecto sola y en autobús.

Intrigada por este comentario preguntó al conductor:

- Se refería usted a mí.
- Sí, respondió el conductor.
- Y por qué dice usted que me envidia?
- ¿Sabe? respondió el conductor. Todas las mañanas durante hace un mes, un caballero de muy buen ver, con uniforme militar, se para en la esquina de enfrente y la obserba mientras usted baja del autobús. Se asegura que cruce bien la calle y la vigila hasta que entra en su edificio de oficinas. Luego le tira un beso, le hace un pequeño gesto de saludo y se va.
Usted es una mujer afortunada.

Lágrimas de felicidad rodaron por las mejillas de Irene. Porque aunque ella no podía verlo fisícamente siempre había sentido la presencia de Frank. Era afortunada, muy afortunada, pues él le había hecho un regalo más poderoso que la vista, un regalo que ella no necesitaba ver para creer en su existencia...

"El regalo del amor que puede llevar luz donde ha habido oscuridad".

Juan Lucas.