domingo, junio 29, 2008

Hasta que te conocí III

Y así exactamente lo hizo.
Durante dos semanas completas, Frank se levantaba cada mañana y se metía dentro de su uniforme militar, ayudaba a Irene a arreglar su maletín y la acompañaba tanto en su viaje de ida como en el de vuelta al trabajo de esta. Le fue enseñando durante este tiempo, como había de apoyarse en sus otros sentidos, sentidos que habrían de sustituir al que había perdido, le hizo hincapié especial en que oyera todos los ruídos que escuchaba desde la casa hasta la parada del autobús, para determinar de este modo donde se encontraba y como adaptarse a este nuevo entorno que tan hostil era para ella en estos comienzos.

Sabiendo de que Irene, en estos comienzos, no haría amistad con los conductores de los autobuses, él la ayudo a trabar esa amistad, imponiendo su buen caracter, sus buenas formas y su siempre campechana y amplia sonrisa. Hizo que estos hombres viesen en Irene a una pasajera más y no a la pobre ciega que no podía valerse por si misma y a la que habría que cuidar y mimar. Durante este tiempo en que fue su Lazarillo, la hizo reir en aquellos primeros días en que tropezaba con los asientos o en los que a punto estaba de caer al subir o bajar del autobús, incluso le hizo sentirse bien cuando más de una vez, al tropezar cruzando el pasillo, su maletín, que ya preparaba a diarío ella, se abría e inundaba el pasillo de los mil y un papeles que dentro guardaba.

Y así, durante todas las mañanas y tardes de esos quinces días, hizo el mismo recorrido junto a ella, unas veces le hablaba, otras callaba para permitir escuchar sonidos desconocidos y desaparcibidos hasta entonces por Irene, otras, le hacia reconocer sabores y olores que aunque siempre habían estado allí, habían pasado totalmente ocultos para ellos.

Y llegó la hora de la verdad, llego el momento tan temido por Frank. Aquella mañana acababa el plazo que se había dado a el mismo, para que Irene volviera a ser la mujer que era antes de que perdiera la vista, la mujer que no le temía a ningún desafio y que jamás se rendía.

Creía en ella, creía en la Irene que no le temía a ningún desafio y que jamás se rendía. Y aunque el miedo le atenazaba, no podía mostrarlo delante de ella, así que le abrazo, le dio un beso y le dijo:
- Ya está, ya estás lista para que el próximo lunes hagas tu viaje al trabajo sola, yo iré al mío y nos veremos pasadas unas horas cuando regresemos ambos a casa.

Y llegó, como todo en la vida, la mañana del lunes en que Irene haría el viaje a su trabajo sin ir de la mano de Frank y, antes de salir de casa le dió un fuerte abrazo, un fuerte abrazo, a su compañero de viajes en el autobús, a su esposo, y a su mejor amigo. Sus ojos, aquellos bellos ojos de Irene se llenaron de lágrimas, pero no debido al miedo o a cualquier otro sentimiento que parecerle pudiera, se llenaron de lágrimas de gratitud hacia Frank, gratitud por su paciencia, su amor, su lealtad... se despedieron y por primera vez, después de tanto tiempo, cada uno tomó un camino distinto...

Y pasó el lunes, el martes, el miércoles... y a Irene le iba muy bien, jamás se sintió mejor. ¡Lo estaba haciendo! Estaba yendo a trabajar por su cuenta, sin depender de nadie ni de nada. Habría aprendido a recorrer las calles, a montar en el temido autobús, a buscar el asiento que cada mañana dejaban para ella los conductores, aprendió a vivir, renació, y por eso estaba bien, por eso se encontraba satifescha, pues se dió cuenta que no era la carga ínutil, la desvalida que para nada servía y a quien todos compadecían.
Juan Lucas.

domingo, junio 22, 2008

Hasta que te conocí II

Y así, Frank se convirtió en sus ojos, en sus manos, en su apoyo. Y cada día, cuando el despertador sonaba a la hora en que Irene solía levantarse para acudir a su trabajo antes de que la ceguera la atrapara para siempre en su oscuridad, Frank la hacía levantar, la conducía hasta el baño donde con paciencia infinita y con un cariño inmeso la convencía para que se pusiera lo más bella posible.


- Sé tú mi espejo. -Le decía con ternura Irene-.


Y Frank era algo más que su espejo, era la luz y al alma que Irene había perdido con su ceguera.


Finalmente, después de duras pruebas y de decir mil veces no, Irene se sintió preparada para volver de nuevo a su trabajo. Fue entonces cuando surgió la pregunta:

- ¿Cómo llegar hasta allí?

Asustada para ir por la ciudad sola y, acostumbrada como estaba antaño a coger su automóvil, a no depender de nadie, no sabía que hacer, no sabía, no.


¡Estoy ciega! - explicó con amargura- ¿Cómo supones que voy a saber adonde me dirijo? Ya sé que deseas, ya sé... me estás abandonando.


Antes aquellas amargas y duras palabras, Frank se ofreció a llevarla en automóvil. Esto reconfortó a Irene ya que de esta manera se sintia protegida por su esposo. Sin embargo, este, pronto se dio cuenta de que este arreglo no funcionaba, de que esta solución no hacía más que hacerla depender aún más de él, y aunque la decisión fuese dura, aunque su esposa le odiara por ello eternemante, aquel día, durante su regreso a casa, tomó la decisión de que Irene empezará a tomar el autobús para acudir cada mañana a su tarea. Para ello se buscó una excusa, una mentira piadosa y así obligar a Irene a perder el miedo, la dependencia que hacia él sentía.


- Me han trasladado al otro extremo de la ciudad. Así pues Irene no tendrás más remedio que tomar el autobús para acudir a tu trabajo. No tengas miedo, durante las primeras semanas, mientras aprendes el camino, nos levantaremos algo antes y te acompañaré hasta la parada.


De nuevo la desesperación de Irene, sus gritos, sus llantos. Frank ante cada una de las duras palabras que su esposa dirigía hacia él, parecía rompérsele el corazón, pero él sabía lo que debía hacer, sabía que hacía lo mejor para ella, aunque no pudo dejar de sentir un estremeciento en su interior a proponerle esto a Irene. Sabía de su fragilidad, de lo indefensa que se encontraría, pero si quería ganar esta guerra no podía flaquear ahora, no podía aunque no durmiese por las noches pensando en lo que le puediera suceder a su amada durante aquel largo trayecto, aunque le horrizara la idea de que algún delsamado pudiera burlarse de ella o incluso que algo peor pudiera ocurrirle.


Y aquella noche, mientras le hacia el amor con ternura, con pasión, sintiendo como ella se estremecía con sus caricias, le prometió a Irene perdir un permiso especial durante todo el tiempo que hiciera falta para acompañarla por la mañana y por la noche en el autobús todo el tiempo que fuera necesario hasta que ella se sintiera segura.


Juan Lucas.

viernes, junio 20, 2008

HASTA QUE TE CONOCÍ. I

Cuando la actrativa joven del bastón blanco subía al autobus, los pasajeros de este, la observaban con lástima, con compasión. Ella, mientras tanto, ajena a todas aquellas miradas subía con cuidado los escalones de aquel transporte, pagaba al conductor y, usando las manos que le servían a la vez que de manos de ojos, buscaba la ubicación de los asientos, caminaba por el pasillo del omnibús hasta encontrar el asiento que, según le había dicho el conductor estaba vacio. Luego, se acomodoba, colocaba el maletín de piel sobre sus rodillas y apoyaba el bastón blanco contra sus piernas.

Hacía ya un año que Irene, de treinta y pocos años, se había quedado ciega. Un diagnóstico equivocado la había hecho perder la visión, el no poder volver a distinguir los colores, el no poder distinguir la belleza de la fealdad... un diagnóstico equivocado la había arrojado hacía un año a un mundo oscuro, a un mundo de rabia, frustación y autocompasión, un diagnóstico equivocado la había convertido en un ser impotente, en una desvalida, condenada a llevar una vida en la cual tan solo sería una carga para todos los que la rodearan, un diagnóstico equivocada había convertido a Irene, mujer antaño altanera y orgullosa en alguien que tan solo deseaba morir, acabar con aquella vida que para ella no era vida, sino más bien compasión y caridad por parte de los demás.

Cada día, al levantarse, se hacía la misma pregunta:

¿Cómo pudo pasarme esto?

Y mientras esto se decía, las lágrimas inundaban sus mejillas, mientras que su corazón se llenaba de cólera, rabia e ira. Pero, a pesar de todo lo que llorase, a pesar de todo lo que despotricase, nada había ya de cambiar su realidad, nadie podía cambiar la dolorosa verdad:

NUNCA MÁS VOLVERÍA A VER.


Era entonces cuando las nubes de la depresión se cernían sobre su espíritu haciendo que nada para ella valiese la pena, era entonces cuando la depresión vencía a aquella mujer optimista que había sido Irene, pues el solo hecho de vivir cada día era para ella un ejercicio de frustración y cansancio... era entonces, cuando una mano que dormía junto a ella le apretaba con fuerza y le obligaba a seguir aferrándose a la vida. Aquella mano era la de su esposo, Frank.

Frank, era mayor que Irene, oficial del ejercito, había conocido a Irene mientras realizaba un viaje al país de esta. Amaba a su esposa con todo su corazón y al perder ella la vista, notó como se iba hundiendo en la desperación y sin dudarlo decidió ayudarla a reunir las fuerzas y la confianza necesarias para que volviera a ser independiente. Sus años y su experencia militar le habían entrenado perfectamente para manejar situaciones difíciles o extremas y poder salir victorioso de ellas; pero Frank sabía que aquella batalla era diferente, que aquella batalla iba a ser más dura que ninguna otra que hubiese mantenido antes. La batalla mas díficil a la que se iba a enfrentar.
Juan Lucas.

sábado, junio 14, 2008

Hasta siempre "MAESTRA".

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta .
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.


Miguel Hernández. Elegía a Ramón Sijé.

Para Marisol, aquella niña rubia que hacia olvidar con sus risas y sus bailes la dura realidad de la España de los 60, la vida era una tómbola. Para Ángelines, amiga y compañera de trabajo durante muchos años no, ya que como dijo su compañero la noche en que la velabamos, la vida no le dio una oportunidad.
Nos ha dejado.


Ha dejado a su marido, a sus hijas, a sus padres sin el amor y el afecto que emanaba allá por donde pasaba y a sus amigos sin esa ternura y amabilidad que tanto vamos a extrañar.

Sí, Angelines se nos ha ido para siempre, pero no sin dejar rastro, puesto que con su claridad, alegría, conocimiento, afecto, belleza... ha dejado el mundo un poquito mejor que como se lo encontró, ha dejado una profunda e imborrable huella en su ámbito de trabajo, en su familia, en su barrio... y, en un último acto de generosidad plena, su muerte ha servido para inseminar de vida a otras personas, puesto que sus órganos vitales están ahora germinando y dando vida en otros seres.
Mentiría si digo que no te voy a extrañar, pues es imposible olvidar:
Tu manera de ser, tu sonrisa avasallante, tu sentido del humor y... el humo de ese cigarro que encendías nada más te bajabas del coche y que creo formaba parte de tu físico, inseperables tú y tu cigarro, tu cigarro y tú.
Es duro asumir que te fuiste para nunca regresar aún a sabiendas de que nuestro destino de vida está escrito en las estrellas.
Quiero recordarte como siempre fuiste:
Enérgica, alegre, paciente, equilibrada, fumadora empedernida, voy a recordar para siempre en mi mente esas charlas que manteniamos todas las tardes antes de ir cada uno a nuestras aulas, por esto y miles más de razones te escribo estas letras -no sé si podrás leerlas- para decirte que siempre seré tu amigo dondequieras que estés; que nunca olvidaré tu sencillez, tu candidez, tu amabilidad y tu amistad.

Adiós "maestra" fuiste y serás siempre grande, te doy desde aquí ese último adiós de la mejor y única manera que sé... y solo espero y deseo que estés en ese lugar llamado gloria, puesto que es el único lugar donde puede estar un ser humano de tu clase y estirpe.

Hasta siempre Angelines.
Rest In Peace


Juan Lucas.