viernes, febrero 29, 2008

¡TE DEDICO ESTA CANCION!

Pienso que esta es una noche triste. Y no porque me sienta melancólico, ni desolado. Quizás es porque al parecer esta noche es así, triste, o quizás sea que oigo llorar a un perro la ausencia de su dueño o, porque alguien rie afuera sin yo saber los motivos.
Puede ser que la noche esté triste porque te extraño mujer, puede ser que esté triste... porque pienso que la maldad es un propósito del ser humano o porque me es cada vez más díficil confiar... confiar en las personas.
Puede ser que la noche esté triste porque durante largas horas te estuve esperando o, porque esperaba con ansias la magia de una lluvia de estrellas y tan solo vi un cielo contaminado. Tal vez la noche está triste porque te quería esta noche para así disfrutar de tu cuerpo y de tus besos... porque te tengo a cada momento en mi mente en esa cajita llamada Memoria de donde no puedo ni quiero sacarte... o tal vez porque estoy hundido en el infierno.
Quizás sea una noche triste porque me gustaría decir que… tengo la corteza dura y las raíces tan inquebrantables que no hay forma que el fuego de ese infierno me pueda quemar o causarme el más mínimo dolor, pero me engañaría si esto dijera puesto me estoy quemando en el infierno de tu amor...
A lo mejor es una noche triste porque después de año que lo había dejado, esta noche, he vuelto a fumar mientras te recordaba... o porque debiera admitir que el transnochar ya no es lo mío aunque me niegue a reconocerlo... o más bien, porque siempre has estado ahí como una tela entre mi mente y mi craneo... o quizás sea que tengo tanto sueño que me estoy quedando dormido otra vez... creo que toda esta tristeza se expresa mejor con canciones, por eso, aquí, para expresar porque es esta una noche triste, te dejo esta.



Con todo mi cariño en esta noche triste.
Juan Lucas.

martes, febrero 26, 2008

El rostro de Azahara III

No sé si aquella visión que me acompañó durante toda la noche fue real o una simple quimera de mi maltrecha mente. No sé si fue un sueño o una pesadilla producida por la fiebre de los pantanos. Tan solo puedo decir que con la llegada del alba mi fiebre había disminuido, que la razón parecía volver a mí después de largos días, que la fuerza volvía a mi cuerpo y que la vida regresaba a mis venas.

Con no un gran esfuerzo logré levantarme y acercarme hasta la ventana de la habitación donde estaba. Desde allí, me quedé contemplando la vieja estancia con sus enormes ventanales y por un momento vi como desde uno de ellos aquella silueta, aquel bello rostro de mujer que me había hecho compañia durante la noche que me dirigía una sonrisa.

Aquel día por fin comí algo, e incluso con la ayuda de aquellas buenas mujeres que me cuídaban logré dar unos pasos por el jardín de la casa. Cansado, igual que si hubiese recorrido miles de kilómetros, regresé a mi habitación. Pronto vino la noche y con ella llegó de nuevo la fiebre y esta, a su vez, me trajo de nuevo aquella visión. Visión que me producía una alegría y bienestar díficil de explicar.

Una vez junto a mí, se sentó a mi lado y mientras sus manos, de nuevo, enjugaban el sudor que la fiebre me producía pue oír como decía:

- ¡Te pareces tanto a él! ¡Tanto, que me pregunto si no eres su reencarnación!

Es por esto que vuelvo cada noche a tu habitación, para así volver a vivir de nuevo lo que me aconteció hace ya tantos años... cuando yo, a igual que tú ahora, languidecía enferma, aburrida en mi suntuosa habitación-prisión. Estaba sola, cansada de intentar bordar o leer. Aún por aquel tiempo tenía fuerzas para poder desplazarme de un lugar a otro, y decidí mover el sillón donde realizaba esas tareas tediosas y aburridas hasta uno de los ventanales del mirador. Una vez acomodada dirigí mi vista hacia el espectáculo maravilloso que ofrecía el río, o mejor dicho, el gran pantano que a aquellas horas del día presentaba una maravillosa vitalidad: barcazas que transportaban todo tipo de productos de un lugar a otro, gente variopinta con su algarabía y movimiento, vendedores que vociferaban sus productos como los mejores... todos ellos me parecían muñequitos de un teatro sin fin que tan solo deseaban entretenerme.

Y con el paso de los días me atreví a más, me vestía con mis mejores galas y despojándome de mis severos prejuicios de aristócrata empecé a saludar a muchos de ellos, que a su vez, condescendieron en saludarme amistosos cada vez que me veían asomada en el mirador, contemplando sus tareas.

Y fue aquella mañana cuando le vi. Todo aconteció en un momento, en un segundo... le vi junto al apeadero, en uno de los escalones que mansamente lamía el agua negra del pantano. Se erguía, sobre las puntas de sus botas mojadas a buen seguro. Su figura varonil era diferentes a todas. Vestia de negro y embozaba su gallarda figura en una capa del mismo color; el conjunto no podía ser más sombrio, más lugubre, mas triste, pero al llevarlo él, resultaba luminoso y alegre o tal vez fuese mi deseo el que creía verle así. Su cabello sobresalia por encima de la capa, el cuello, elegante y robusto lo envolvía la banda de una tela blanca, a la manera que está de moda lucirla hoy día. Y no sé si fuera su cuello que abierto como alas de mariposas reflejaba en su rostro la luz del sol, la que prestara tan singular belleza a la negra figura que parecía representar.

Y en cuanto a su rostro.

¿Que podría decir de él que hiciese justicia?

Baste con decir que tan sólo el Ángel Caído pudiera asemejársele en belleza. Que aquella hermosa faz, aquella arrogante figura me hacía pensar en la armonía de líneas de las estatuas griegas. Su hermoso rostro, su impresionante arrogancia y gallardía encerraban a la par lo divino y lo infernal, por lo perfecto y seductor.

Y, fue aquel instante en que le vi una maravillosa eternidad cuyo recuerdo, habría de hacerme vencer a la muerte. Y espero, sí espero que otro momento igual se repita para poder de esta forma quedar satisfecha, morir en paz, después de haber alcanzando, aún así, como estoy la dicha y el placer de volver a tenerle una vez más ...

Juan Lucas.


domingo, febrero 24, 2008

"YO SOY DEL SUR"



ANDALUCÍA ES MI TIERRA,
YO SOY DEL SUR…
YO SOY DEL SUR,
ANDALUCÍA ES MI TIERRA,
SOY DEL SUR SOY ANDALUZ
ME GUSTA EL MOSTO EN NOVIEMBRE,
Y MIRAR AL CIELO AZUL.

Y MIRAR AL CIELO AZUL,
DE AQUÍ FUERON MIS ABUELOS,
SE FORMARON MIS MAYORES,
AQUÍ NACIERON MIS PADRES,
Y NACIERON MIS AMORES.
YO SOY ASÍ,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
QUE MIS COSTUMBRES SON ESAS,
Y NO LAS QUIERO PERDER.

ME GUSTA DORMIR LA SIESTA,
YO SOY DEL SUR …
YO SOY DEL SUR,
ME GUSTA DORMIR LA SIESTA,
EL GAZPACHO Y EL BUEN VINO,
LOS CABALLOS BIEN DOMADOS,
Y LAS CHARLAS DE CASINO
Y LAS CHARLAS DE CASINO,
ME GUSTA EL CANTE SENTIDO,
Y EL BAILE DE CUERPO ENTERO
LA GUITARRA BIEN TEMPLADA,
Y LOS OLIVARES NUEVOS.
YO SOY ASÍ,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
QUE MIS COSTUMBRES SON ESAS,
Y NO LAS QUIERO PERDER.

ME GUSTAN LOS TOROS SERIOS,
Y LOS TOREROS CON ARTE,
LOS BUENOS BANDERILLOS,
Y LAS MULILLAS DE ARRASTRE.
ME GUSTA VER LAS VENDIMIAS,
Y BEBER CON LOS AMIGOS,
Y LAS MUJERES BONITAS,
Y LAS SIEMBRAS DE BUEN TRIGO.
YO SOY ASÍ,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
QUE MIS COSTUMBRES SON ESAS,
Y NO LAS QUIERO PERDER.

ME GUSTAN LAS ROMERÍAS,
YO SOY DEL SUR…
YO SOY DEL SUR,
ME GUSTAN LAS ROMERÍAS,
LAS ERMITAS DE MI PUEBLO,
LAS VÍRGENES BAJO PALIO,
Y LOS CRISTOS NAZARENOS.
Y LOS CRISTOS NAZARENOS,
LOS JARDINES CON GERANIOS,
LAS CASAS BLANCAS Y CON TEJAS,
LOS MIRADORES CON ARCOS,
Y LAS VENTANAS CON REJAS.
YO SOY ASÍ,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
Y TIENEN QUE COMPRENDER,
QUE MIS COSTUMBRES SON ESAS,
Y NO LAS QUIERO PERDER.

Juan Lucas.


viernes, febrero 15, 2008

El rostro de Azahara II

Oscuridad, terror, sombras sin forma que se movían de un lado para otro buscando no sé que cosa. Estas y otras alucinaciones me producían las intensas fiebres que me tenían postergado en aquella habitación en la cual vivía desde hacía ya algunas semanas.
No sabía el tiempo que llevaba en aquel lugar, tan sólo a traves de las contraventanas de este dormitorio tenía constancia del paso de los días, de cuando había claridad y de cuando las tinieblas se apoderaban del mundo. Me encontraba tan débil que no podía levantarme sin que un desfallecimento diese con mis huesos en el suelo. Es por esto que no recuerdo cuando ocurrió, no sé si fue durante uno de esos días donde de nuevo la fiebre me hacía suyo o en un momento de lucidez de los pocos que esta me dejaba que vi aquel resplandor.
Sí aquel resplandor que se convirtió como bien saben en el motivo de mi llegada a aquel lugar, lugar olvidado antes de este suceso tanto de Dios como del diablo y recorrido hoy por multitud de curiosos que no hacian más que esperar de nuevo se produjera aquel extraño suceso.
Yo no tuve que recorrer ninguna calle, ni buscar en estrechos y fantasmagoricos lugares para toparme con él pues ese rayo blanco aparecío de prontro en aquel ventanal gótico-veneciano de la vieja estancia, se paró durante unos instante a mirar a traves de ellos y al verme llegó hasta el lugar donde me encontraba.
Así ocurrió que una luz intensa apagó los contornos de los pobres muebles y cortinajes que habían en la habitación donde me encontraba. Emanaba aquella luz un brillo desconocido para mí. Brillo que a aquellas horas en la cual ya se había iniciado la noche, armonizaba con la de las las estrellas del firmamento haciendo parecer palomas las nubes que en ese momento cruzaban el cielo dejando ver una hermosa Luna que empezaba a emerger a espaldas de aquel resplandor haciendo que los cristales de mi contraventana se fueron tiñiendo, progresiva, gradualmente, de una blancura lechosa y azulada. Blancura lunar que parecía susurrarme historias bellas de amores, leyendas, versos y silencionsas melodías que escuchaba dentro de mi corazón al igual que me había ocurrido en otras noches de plenilunio.
La paz, el sosiego que me producía tal visión no puedo describirla con palabras, nos la hay o yo no las encuentro. Esta paz, esta tranquilidad tan solo era turbada de vez en cuando por el canto nostálgico de algún lejano e invisible enamorado que recitaba sus versos de amor o por el tañido distante y cercano de las campanas. Campanas que sonaban a mis oídos como lamentos, como hayes de dolor que decían:
"Mañana doblaremos a muerto en honor de la novia. Mañana muchos llorarán apenados por ti... pero tú habrás alcanzado la paz..."
Al abrir mis ojos la vi, ya no era un resplandor, ya no era aquella luz blanca, era una hermosa mujer, una hermosa y joven mujer que se sentaba junto a mí y enjugaba con sus pálidas y frías manos el sudor que recorría mi frente mientras me hablaba con voz melodiosa.
- No te asustes, me dijo. Esas campanas no doblan por ti. Lo hacen cada noche para recordar lo que sucedió hace ya tiempo en este mismo lugar y en un momento muy parecido a este. Lo hacen por mí. Sí, no es ilusión producida por la fiebre lo que ves, soy yo, una imagen real, la imagen de una novia es lo que estás viendo; es por esto me ves vestida de este color, será tan solo durante esta noche que puedas verme de esta forma. Mañana en cuando el sol rompa el hechizo de la noche, reposaré para siempre sobre el blanco catafalco.
Miré su cara, cara pálida de novia amortajada que parecía reflejar la mía... Sí la mía que había perdido totalmente el color debido a las intensas fiebres que me consumían mientras un intenso e inesperado dolor cruzo mi cuerpo al intentar levantarme de aquel lugar que me aprisionaba para intentar secar las lágrimas que empezaban a rodar por aquellas mejillas de cera pensando en lo que había de sucederle, de que nadie sabría nunca que había ocurrido, nadie de su familia ni de su entorno.
Al ver mi impotencia, me ayudó a incorporarme. Apoyando mi cuerpo sobre la alhomada y mirándome fijamente a los ojos siguió diciendo:
- Y así, cuando me velen por última vez ninguno habrá de imaginar que vela el sueño eterno de una infeliz enamorada... mi secreto morirá conmigo y tú mi único confidente, mudo siempre, seguirás callando lo que mis miradas y mis pensamientos han estado confiándote.
Así quiero que suceda mi fiel y silencioso amigo.
Juan Lucas.

viernes, febrero 01, 2008

El rostro de Azahara I

Sucedió lo que a continuación voy a contarles una tarde gris y plomiza. Ocurrió en una ciudad cualquiera y cuyo nombre no hace al caso que venga a nombrar en este relato que hoy comienzo.
Acaeció en una tarde cualquiera, de un un día cualquiera y de un invierno cualquiera a una persona de las muchas que habitan de forma anónima las ciudades donde vivimos durante la mayor parte de nuestra vida:

El rostro de Azahara

Estaba a punto de anochecer, el viento frío del norte zarandeaba con rabia las ramas desnuda de los álamos como queriendo arrancar de cuajo una inexistente última hoja antes de que las nubes que ahora solo amenazaban lluvia se deshicieran en un tormentoso agucero. Nadie, ante tal perspectiva se atrevía a pisar la calle, a salir de casa ante el temor de ser sorprendido por lo que tenía apariencia de ser una terrible tormenta. Fue entonces cuando ocurrió, cuando sucedió aquel fenómeno extraño que hizo despertar a esta ciudad de su letargo de años y a sus habitantes de la rutina y el hastio de siglos.
Nadie sabrá contestar a la pregunta de quien fue el primero que vio a pesar del oscuro cielo que hacia que la tarde se convirtiera en noche aquel resplandor blanco que parecía paseaba por las habitaciones del antiguo caserón abandonado asomándose a los ventanales, ventanales antaños cubiertos de las más bellas cristaleras y hoy desnudos de ellos a igual que las copas de los árboles a las cuales se asomaban como para ser acariciados por las ramas que se antojaban brazos de enamorado. Resplandor que para él, para el que lo vio primero quizá fuese tan solo un papel, un trozo de papel de color blanco que arrastrado por el vendaval fue a bailar a aquel lugar olvidado y abandonado y, como seguro que suponen, quedó para él, tan solo en eso, en un papel blanco... Pero no así para el resto de los moradores de aquel lugar, de otros u otras personas que lo mismo vieron, y convirtieron a aquel mismo papel blanco que vio aquella tarde el que diese la voz de alarma en un pájaro hermoso de color blanco, en dama vestida con hermoso traje de tul, en algo insólito, desconocido, que sin duda había tomado posesión de aquella estancia.
Pronto corrió la voz de lo visto aquella fría y oscura tarde en aquel remoto lugar y, de todos los lugares, cercanos en un principio y mas alejados después, fueron llegando visitantes para poder ver, fotografiar o simplemente poder contar como era aquel ser al que nadie había visto nunca y que sin embargo algunos afortunados que decían haberle visto describían como enorme, blanco, con bellas alas blancas que batía sin ruido, larga cola y un hermoso peinado o tocado que dejaba caer sobre su espalda.
Fue debido a estos rumores que el periódico para el cual trabajo decidió enviarme a este lugar perdido para tener de esta manera informado a sus lectores de tan mágico e inusual acontecimiento. Aunque a regañadientes, no tuve más remedio que hacer mi equipaje, dejar el lugar donde tan bien me encontraba y, desplazarme al lugar de los hechos.
Me fuí a instalar en una casa que justo caía en frente de aquellos ventanales donde al parecer sucedieron los hechos. Llegué por la noche al que durante largo tiempo iba a ser mi hogar con los brazos llenos de revistas para de este modo combatir lo que imaginaba iba a ser un largo tiempo de aburrimiento y soledad después de haber pasado un día, en el que mis compañeros de trabajo me abrumaron con sus ironias y bromas felicitándome por tan buena noticia que me había tocado seguir. Al llegar a aquel lugar, encontré a las dos mujeres de la casa donde me iba a hospedar emocionadas y llorosas ante el maremagnum de noticias, retratos robots, dibujos y otras mil cosas que se encontraban esparcidas por todas las habitaciones y que según ellas traerían tan solo desgracia a su pueblo. Pensé que tal vez estos seres tuvieran razón, ya que parecían vivir en un lugar distinto, en un mundo distinto, en un tiempo distinto al que vivía el resto de la humanidad y, que como bien hablaban aquellas dos mujeres, aquella tenebrosa tarde de invierno, aquel resplandor blanco, les había transportado a la desgracia de ser conocidos, de ser famosos. Fama barata, bien es verdad, pero fama al fin y al cabo, ya que nunca antes, cuanto menos ninguno de los anteriores vecinos de la ciudad había sido nunca portada en revista alguna, como lo eran ahora.
Llevaba ya cuatro semanas en dicho lugar, nada había ocurrido hasta entonces que me hiciera sospechar que iba a comenzar de forma brusca, inesperada, la silenciosa enfermedad que con intenciones mortales iba a minar mi constitución que fuera sana antes. Curioso mal el que me atacó en aquellos años, que produjó en mí esa debilidad producida por el vaho metífico de los pantanos, huésped indeseado que se infiltra en el cuerpo de los que viven junto a ellos. Un algo impalpable y mortal, invisible y tenaz, a lo que no se puede escapar y se sucumbe fácilmente, son las fiebres que agostan y marchitan, las fiebres implacables que matan, y resulta tan duro morir sin haber podido luchar, en el entretanto, con nuestro inmaterial enemigo...

Juan Lucas.