lunes, noviembre 26, 2007

Plegaria.

¡Paz al mundo, Señor, por tanta vida
sin provecho y en flor sacrificada,
tanta entraña de madre torturada,
tanta ilusión de amor desvanecida!

¿No oyes gemir la tierra dolorida
que rasgó del dolor la colmillada?
Salva a la humanidad que se degrada
en manada de lobos convertida.

¡No más cuadros homéricos de guerra,
no más notas de cantos funerales,
no más cañón desolador que aterra;

ni más campos trocados en eriales,
ni más bosques de cruces en la tierra,
ni más festín de buitres y chacales!



Todo el mundo lo olvidó, y solo... solo deseo que por fin obre el milagro de azucenas y mariposas y convierta el látigo, en flores, en flores que no tengan más asperezas que la espinas que esconden todas las rosas.

Juan Lucas.

miércoles, noviembre 21, 2007

El fin del sueño.


Hace mucho, mucho tiempo
aún puedo recordar
como la música solía hacerme sonreír
y sabía que si tuviese mi oportunidad
podría hacer bailar a aquella gente
y tal vez ellos serían felices por un momento.
¿Escribiste en el libro del amor?
¿Y tienes fe en el Dios de las alturas,
Si la Biblia te lo dice?
Así que, ¿Crees en el rock 'n roll?
¿Y puede la música salvar tu alma inmortal?
¿Y Puedes enseñarme a bailar lento realmente?
Bien, sé que estás enamorada de él
porque te vi bailando en el gimnasio
los dos os quitasteis los zapatos
Tío, Enterré esos rhythm and blues
Yo era una adolescente solitaria, montando potros
con la piel sonrosada y una escavadora
pero supe que no tenía suerte
el día que murió la música
Por eso estoy cantando
"Adiós, adiós, Miss American Pie"
conduje mi Chevy hasta el embalse
pero el embalse estaba vacío
ellos, los chicos mayores buenos
estaban bebiendo whisky y centeno
cantando, "Este será el día en que muera"
"Este será el día en que muera"
Conocí a una chica que cantaba Blues
Y le pedí algunas buenas noticias
pero ella simplemente sonrío y se fue
cuando fui hasta la tienda sagrada
donde había oído la música años atrás
pero el hombre de allí me dijo que la música no se pondría
En las calles los niños gritaron
(Los niños gritaron) Los amantes lloraron, y los poetas soñaron
(Los poetas soñaron)
pero no se dijo una palabra
(No se dijo una palabra)
todas las campanas de las iglesias fueron destruidas
Y los tres hombres que más admiro
El padre, el hijo y el espíritu santo
tomaron el último tren hacia la costa
el día que la música murió.
Por eso estoy cantando
"Adiós, adiós, Miss American Pie"
Conduje mi Chevy hasta el embalse
pero el embalse estaba vacío
ellos, los chicos mayores buenos
estaban bebiendo whisky y centeno
Cantando, "Este será el día en que muera"
"Este será el día en que muera"
"Adiós, adiós, Miss American Pie"
conduje mi Chevy hasta el embalse
pero el embalse estaba vacío
ellos, los chicos mayores buenos
estaban bebiendo whisky y centeno
cantando, "Este será el día en que muera"
"Este será el día en que muera"
Por eso estoy cantando
Por eso estoy cantando
Por eso estoy cantando
Por eso estoy cantando
Nota del traductor: American pie se traduce como pastel americano, pero en realidad es una metáfora que se refiere al sueño americano. Realmente no tiene traducción

lunes, noviembre 12, 2007

LA CARTA


Hoy, bastantes días después de lo último que dejé en esta casa que al igual que mi alma anda semiderruida, abandonada y desértica, aparezco de nuevo para dejar en ella las letras de una carta. Carta que no es mía, carta que llegó hasta mí el pasado día uno de noviembre, día de todos los santos acá en mi país, en uno de ese lugares donde moran los muertos.
Estando en este lugar llamó mi atención un papel de color lila pálido que jugueteaba alegramente con el viento, y que fue a caer a mis pies. Sino hubiera sido por aquellas dos letras en las que por causalidad se fijaron mis ojos, no hubiera dado mayor importancia a este papel, más al verlas, la curiosidad pudo más que el desprecio natural que le hacemos a lo que es "basura" y con la punta de mi zapato sostuve la vieja y polvorienta hoja para que esta no siguiera jugando con el viento y se perdiera para siempre de mi vista. A continuación la levanté del suelo, la cogí entre mis manos y leí lo siguiente que a continuación les dejo:
Querido mío:
"Hace más de cuarenta años que en una tarde estival me dijiste "te quiero" al compás de una suave música que arrastraba nuestros pies y unía nuestros cuerpos en un lánguido baile. Te quise desde siempre, te esperé desde siempre. Mis diecisiete años y tus veinte años brillaban a la luz de la vida y creíamos conquistar el mundo. Aceptábamos la realidad de un universo protegido por padres y hermanos, el que nos parecía que nunca acabaría. Nuestra realidad se acomodaba a la creación de nuestras fantasías.
Como mujer me acomodaba a los requerimientos sociales impuestos desde la mitad del siglo XX. Pero nosotros, tú y yo, éramos parte de la generación de los años sesenta. Los inconformes de los años setenta y los protagonistas de los posteriores. Éramos la generación del cambio.
Fuiste tú primero quien se dio cuenta de que ese mundo en que yo soñaba y vivía era irreal, que había otro mucho más real y duro que se estaba gestando y del cual debíamos ser protagonistas en la sociedad de la que formábamos parte, quisiéramos o no. En ese mundo que tú percibías mejor que yo, desaparecían los antiguos valores y la ética tradicional. Nos urgía al cambio, y nos empujaba a una lucha antigua y nueva al mismo tiempo por la libertad, la justicia y la democracia. Para sobrevivir era necesario luchar y renunciar a los sueños adolescentes.

Yo te quería tanto que si me hubieras pedido el alma yo te la habría dado. Un día te di un anillo con una piedra azul. Tú me diste un par de zarcillos de oro con unas aguamarinas claras como tus ojos. Pero un día... mi padre y sus malos negocios y tu padre, cada uno por su parte intervinieron en nuestro futuro. Lloré el día que me dijiste que no había futuro para nosotros, y no lo acepté porque sabía que te quería y que tú me querías.

Pero tú ya sabías de luchas y de renuncias. Sabías que la suerte no es sino el corolario del éxito y del esfuerzo personal. Sabías que el camino del éxito estaba alfombrado de renuncias. Y renunciaste a mí.

Te casaste tal como tu padre te sugirió. Yo me casé sin sugerencia alguna. Aún me duelen tus esponsales. Me duelen tus hijos porque no fueron los míos, pero no tengo para ti otra cosa que no sea amor, como no lo tenía en aquel entonces. Por eso, si en mi impetuosa juventud, alguna vez sentí dolor y hasta despecho, ahora hay dentro de mí un amoroso perdón para ti, del mismo modo que quiero que me perdones por no haberte sabido comprender y obligarte a una dolorosa renuncia, por no haberte ayudado en la búsqueda de caminos alternativos y de soluciones compartidas, porque si hoy se presentaran esas mismas situaciones te ayudaría sin desmayos ni cansancio.
Estoy segura de que te esforzaste por ser feliz y lo quisiste para quienes te rodeaban, que en ese esfuerzo, también, fuiste feliz, de que eres feliz. Yo lo soy en los ojos de mis propios hijos. Me has visto. Nos hemos visto muchas veces. No sé si eres más viejo o si tienes canas porque yo siempre que me encuentro contigo, me late aceleradamente el corazón y te veo radiante como aquel día de diciembre hace cuarenta años.
Si alguna vez pudiera volver a sentir tu mano entrelazada con la mía, si alguna vez pudiéramos continuar la aventura de querernos, yo te estaré esperando. Si no, si la vida ya ha dejado huellas demasiado profundas en ti como para haberme olvidado sólo quiero que sepas que te quiero hoy, igual que ayer, y por toda la eternidad."

Querido mío... continuaba la carta, pero luego varias ondulaciones bordeadas de polvo señalaban que la carta se había desgarrado, llevándose el viento el párrafo final, la firma y tal vez, la última ilusión".
Me emocioné ante esta anónima carta y gruesos lagrimones cayeron bajo mis ojos. Por unos segundos desaparecieron de mi vista, la gente, el ruído, los murmullos... y sólo la carta ocupó mi mente y mi corazón.
– ¿Quién la escribió? ¿Cuando? ¿Ayer? ¿Hoy? ¿La semana pasada? ¿Por qué la escribió? ¿A quién la escribió? ¿Quién era él que a través de cuarenta años podía mantener viva la llama de un amor? ¿Quién era ella que así amaba?
Me reproché y me reprocho ahora a mi mismo el haberla leído, el haberla copiado y dejado en este lugar pues ¿quién soy yo para leer el alma, para copiar el alma? Porque lo que tengo claro es que quien la escribiera ha dejado el alma en esta carta.
Me estremecí y el papel resbaló, escapó de mis manos y voló de nuevo. El fresco aire de este día acarició mi cara. Vi un sol brillante que hasta ese momento no había visto y que irradiaba con sus rayos de luz un cielo celeste, observé como blancas nubes mensajeras del otoño que ya anida en estos lugares jugaban con el viento. La carta, jugaba también de nuevo con el viento. Comprobé que la vida es bella a pesar de los golpes que a veces de ella recibimos, que amar a tu esposo/a, a tus hijos, a tus perros, a tus plantas es algo único que despreciamos a veces por bello... que hay muchas cosas que contar y compartir.
La carta voló lejos de mí y cayó de nuevo sobre el asfalto revolcándose entre el polvo y la hojarasca. Salí despacio de aquel campo santo y caminé pensando mientras me dirigía hacía mi automovil que tenía estacionado en el borde de la acera, que la vida nos hace parecer como hojas de papel que vuelan con el viento del destino.

Autor/a desconocido.

Juan Lucas.

sábado, noviembre 03, 2007

Ayer como hoy (Final).

Y de esta manera mi felicidad iba aumentando, y sentía en mi interior como el gozo, el placer, la alegría por poseerla iba creciendo al igual que crece el caudad del río al ser alimentado por el agua de lluvia, y al igual que este se desborda para expresar su amor y su poderío a las tierras por donde pasa, mi pasión, mi amor, llegó al extremo en que ya no podía vivir sin ella,no podía esconder por más tiempo el placer y el amor que me producía aquella mata de pelo, pues sólo cuando estaba junto a ella sentía ese placer sobrehumano que nunca antes había sentido, ni creo nadie jamás pueda experimentar sin poseer tan maravilloso objeto como el que ahora yo poseo.
Era el culmen de la alegría profunda, el placer inexplicable de poseer lo inasequible, lo invisible, lo muerto. Ningún amante, de eso puedo estar seguro ha disfrutado nunca de gozos tan ardientes, tan terribles como los que yo experimento y siento cada vez que la hago mía. Es por esto que, no pude, no quise esconderla por mas tiempo. La amaba tanto que ni quería ni podía estar sin ella, y así, desde entonces a todos sitios la llevaba conmigo. Allá donde fuera yo, ella me acompañaba, paseábamos juntos por la ciudad y al igual que si fuera mi esposa, la llevaba al teatro, y entre palcos con rejas, como si fuera mi amante secreta, la besaba, la tocaba, la acaricaba sintiendo en ello el placer oscuro y morboso que la clandestinidad de un amor prohibido nos suele dar.
Pero ocurrió lo que tanto temía. A pesar de que procuré que nadie pudiese verla, a pesar de que nos besábamos a escondidas, de que hablábamos en lugares donde poca gente iba... la vieron... ¡SÍ! supieron de ella, de su belleza, del inmeso placer que proporcionaba, la vieron y me la quitaron... grité y juré matarlos sino me la devolvían, sino me dejaban vivir con mi amor, pero ellos me metieron en esta carcel como si de un malhechor se tratara... me la quitaron... me robaron mi vida, mi sueño, mi ilusión y solo me han dejado la miseria de una triste y solitaria existencia.
Aquellas notas terminaban allí. Una flecha trazada por una mano febril, temblorosa indicaba un camino a seguir, un camino hasta el final de aquel diario. Fui pasando las hojas una a una hasta llegar a aquel lugar y fue entonces cuando la vi.
Era una larga centella de cabellos rojos que al rozarlo acarició mi piel como si de un pájaro de oro se tratara. Me estremecí al sentir entre mis manos su tacto acariciador y ligero. Mi corazón latía raudo, veloz. Una extraña sensación de repugnancia y deseo invadió mi cuerpo. De repugnancia al igual que el que pueda sentirse con el contacto de aquellos objetos utilizados para perpetrar los más atroces y terribles crimenes; de deseo al igual que el que se siente ante la tentación de algo infame y misterioso.
Y sin saber o sabiendo que hacía corrí a cerrar puertas y ventanas para ocultar aquella maravillosa mata de pelo de la vista de los demás, para que nadie supiera de ella, para poderla disfrutar y que nadie me la arrebatara como le hicieron a aquel pobre loco... pues todos saben que la mente del hombre es capaz de cualquier cosa...

Juan Lucas.