viernes, septiembre 28, 2007

Ayer y Hoy.

Hago una pausa momentanea en el cuento que empecé hace ya casi un mes "Tu nombre se despierta con la brisa", para empezar este otro. Cuento que quiero dedicar a todos los que aman con el corazón, sin excusas, sin reservas, sin rencor... Nunca empecé una historia o cuento con un prologo, este si va a tener uno, espero que no sea tedioso, aburrido y que sirva para despertar a ese niño, a esa ilusión, a ese sueño que hemos dejado encerrado en nuestro interior y al cual no dejamos o no queremos permitirle vuelva a pasear a nuestro lado para de este modo no sentirnos señalados con el dedo de los racionales.
PRÓLOGO


Decían y tenían fundamentos para ello los filósofos griegos (Aristóteles, Platón...) que el hombre es un ser racional, así debe ser, yo no soy quien para refutar a tan grandes personajes, pero como esto es un cuento y este su prólogo diré a Aristóteles y a los demás sábios que se equivocaban, que no lo es, y qué bien que no lo sea. Pienso que en un noventa y nueve por ciento, el ser humano es irracional, y es a través de su irracionalidad que existe todo lo bello en el mundo:

- Por la razón, las matemáticas; por la no-razón, la poesía.
- Por la razón, la ciencia; por la no-razón, la religión.
- Por la razón, el mercado, el dinero, el euro, los pesos, los dólares; por la no-razón, el amor, el canto, la danza.
No, está bien que el ser humano no sea un ser racional. Es irracional.
Muchas veces se ha intentado llegar a una definición del ser humano. Yo diría que el ser humano es un animal generador de cuentos. Crea mitos, y todos los mitos son cuentos, leyendas, para alejarnos de esa racionalidad. Hemos creado religiones, mitos, historias sobre la existencia. Desde el inicio mismo de la humanidad, el ser humano ha creado bellas mitologías:

Ha creado a Dios.
Ha creado a un Dios que ha creado el mundo. El ser humano es un animal que crea mitos; y sin mitos, como les ocurre a muchos de nosotros, la vida resulta absolutamente aburrida.
Nuestros intelectuales actuales, los que nos manejan e imponen lo que debemos decir, hacer, vestir y comer, han eliminado todos los mitos antiguos.
Necios racionalistas, al final han logrado refutarlos y eliminarnos de la vida del hombre moderno ya que ni tienen validez, ni son defensibles en esta sociedad actual.
De antemano sabían que un cuento, un mito es algo muy vulnerable, muy delicado, y si se refuta se destruye; y con él se destruye algo muy bello en el corazón humano. No es el mito en sí mismo, que es algo simbólico. Al matar el mito, se mata el corazón; y al final han logrado matar el corazón de mucha gente.
Pero en la clandestinidad, en las oscuras catacumbas de la imaginación, aún hay algunos seres humanos que siguen dando vida a su existencia contando cuentos: pequeños chismes sobre el barrio, y la esposa del vecino… y grandes chismes cósmicos, sobre Dios. Y la gente los disfruta aunque no lo quiera reconocer... pues así es la vida, un chisme, un chisme momentáneo en medio del eterno silencio de la existencia.
A menos que te conviertas en dios, te encantarán los chismes. Te encantarán los cuentos de Rama y Sita, de Adán y Eva; te encantarán los cuentos griegos, romanos y chinos. Existen millones de ellos, y todos son preciosos.
Si no les metes lógica, te abrirán puertas interiores, te descubrirán misterios. Si les metes lógica, se te cerrarán las puertas de ese templo. Ama los cuentos, pues cuando los amas te revelan sus misterios. Mucho se esconde en ellos: todo lo que ha descubierto la humanidad se oculta en esas parábolas. Por eso, Jesús hablaba utilizando parábolas y Buda narrando cuentos.

I

A menudo se repite que el primer amor vuelve siempre, es mentira: lo que sucede es que no se va nunca.
(Antonio Gala)

La hatición donde entré por primera vez aquella tarde, tenía las paredes desnudas y cubiertas de cal. Ventilaba y daba luz a aquel cuarto siniestro una estrecha ventana alta, muy alta, para que no se pudiera alcanzar de ninguna de las maneras, a la vez que la aislaba del exterior una fuerte reja forrada de una tela metálica.
Sentado en una silla de aneas estaba el loco: delgado, mejillas huecas, y el pelo casi cano, podíase adivinar al mirarle que había encanecido hacia tan solo unos meses, mirada fija, vacia y atormentada perdida en un punto de para él aquel infinito cuarto. cuerpo enjuto cubierto por ropa ancha que no podía disimular su pecho encogido y vientre hueco.
No hacia falta ser psquiatra para saber que aquel hombre estaba destrozado, carcomido por su pensamiento. "Pensamiento", que lo devoraba al igual que hace un gusano con una fruta. Aquella locura, su idea obstinada, hostigadora se había comido su mente poco a poco. Ella, la Invisible, la Impalpable, la Inasequible, la Inmaterial no solo había consumído su carne y bebido su sangre, sino que también le apagaba la vida.
¿Qué misterio representaba este hombre aniquilado por un sueño? ¿Qué extraño, espantoso y mortal sueño vivía detrás de esa frente, que fruncía con profundas arrugas, siempre en movimiento?

Juan Lucas.

jueves, septiembre 20, 2007

Regalo.

Estos días en los cuales no he podido escribir en el blog ... no por falta de tiempo, sino más bien por abatimiento y cansancio he hechado de menos el poder hacerlo con la facilidad con que lo hacia tiempos atrás.

Es debido a este cansancio que ahora sólo lo hago de vez en cuando y de tarde en tarde y en días muy señalados como este 20 de septiembre, cumpleaños de una persona muy especial y a la cual desde esta orilla le deseo que tenga un feliz día y con toda la humildad posible escribo para ella estos sencillos y pobres versos.

Y como sé que es persona a la cual no le gusta diga su nombre, como dice Serrat en su canción decir amigos:

"Solo dios y mi canto saben a quien nombro tanto... "


Feliz Cumpleaños...


Brillaban en el cielo dos estrellas

muy juntas, muy lucientes y muy bellas:

dos ojos parecían

que desde el infinito me veían.


Y yo, pensando en que los tuyos fueran,

con tanto arrobamiento los miraba

que, si ellas ante el sol no se escondieran,

negros celos me dieran

creyéndome que el sol te cortejaba.




domingo, septiembre 09, 2007

La brisa se despierta con tu nombre III

No sé cual es la palabra correcta para defenir aquella escena, aquella terrible escena ocurrida aquella cálida e iluminada noche de Agosto... tampoco se cual es la palabra correcta para describir lo que ocurrió después que se fueron aquellos terribles hombres... puede ser que ustedes, los seres humanos, llamen espectro a lo que yo vi. Yo como piedra que soy solo sé decir que algo maravilloso y único ocurrió...
Pasado algún tiempo, y a pesar de que ya estaba bien entrada la noche y una extraña calma reinaba en este paraje, algo se movio de entre aquella masa de gente sin vida. Aquella joven, aquella mujer que en su última agonía logró dar su mano al poeta se pone de pie, su silueta se recorta limpiamente en el claro de luna. Bañada por la luz que esta le da puedo distinguirla es, tan delicada, tan frágil, tan menuda que pareciera que un viento fuerte pudiera partirla al igual que junco de río, más al herguir su cuerpo, al poner derecha su espalda ya no ofrece esa impresión de fragilidad, sino más bien de fortaleza. Su pelo liso le llega hasta los hombros y un hermoso y lacio flequillo le cae sobre su blanca y hermosa frente. Un vestido vaporoso de color azul claro dejá entrever un cuerpo maravilloso, sensual, tremendamente atractivo, es justo de medidas, ni corto ni largo, lo suficiente para imaginar unas bellas y torneadas piernas, unos tiernos y sedosos muslos que no sé si terminan o empiezan en unas atractivas y sensuales caderas que mueve ritmicamente al andar.
Sin entretenerse en coger sus zapatos y caminando descalza se va abrochando cuidadosamente los botones de los puños de ese vestido, el escote de este, grande y redondo, deja ver unos senos firmes, tersos y tremendamente bellos. Camina y se dirige hacia mí, una vez llega hasta donde estoy, se sienta de frente y con la barbilla apoyada en la palma de su mano me mira, sí, me mira... más su vista esta perdida en un punto lejano, está pensando en algo. Una sonrisa se esboza en su pálido y hermoso rostro recordando un agradable suceso ocurrido imagino no hace mucho. La observo y contemplo como una sonrisa tenue hace que muevas sus labios, pero, oculta a la luz de la luna, no puedo apreciar con todo detalle lo que por su rostro sucede. No quiero molestarla, sea lo que fuere que este pensando o haciendo, así que finjo ser piedra, no me muevo, contengo el aliento, trato de pasar inadvertida.
Tiemblo, por primera vez en cien años experimento una sensación de placer, de bienestar que me hace temblar, es evidente de que tengo vida, de que la sangre del poeta y la mujer me han dado vida. Sigo contemplandola a ella, es tan hermosa, tanto que sin duda no es un ser de este mundo, no es ya tan solo que sea bella por sus facciones, sino que toda ella es perfecta, demasiado perfecta para que sea real. Su tez está totalmente pálida y al mirarla un sentimiento que ustedes llaman de tristeza recorre mi frío y pétreo cuerpo.
No corre aire, este parece haberse detenido para poder contemplar la belleza que su cuerpo desprende, no oigo sonido alguno, me siento como si, sin darme cuenta, hubiese desaparecido... he muerto y me he hundido con ella en el fondo del magma volcánico que un día me empujó a la superficie de esta tierra. Sin esperarlo, de imprevisto, ella apoya sus manos sobre las rodillas y empieza a mirarme, camina ahora hacia donde yo me encuentro. Al llegar hasta mí, se lleva las manos a la frente y se toca el flequillo que cae sobre su frente, sus dedos, largos, delgados, se posan sobre mi vasta y rugosa piel haciendo que algo en mí, que no sé que es, lata con un sonido seco, más intuyo que no soy yo el observado, no me está mirando a mí, está mirando más allá de mí, está mirando la sangre del joven poeta que corre por mi interior.
De repente, sin previo aviso, al sentir sobre mi piel de piedra su mano, algo empieza a latir dentro de mí de forma desacompasada, es un ruido duro seco, como si alguien me estuviera golpeando, pero no me golpea nadie, no saltan trozos de mi cuerpo como en otras ocasiones que esto ocurrió... y este sonido, se hace dueño de mi ser y de forma silenciosa, ya en plena madrugada me hace decir por primera vez en mi vida las siguientes palabras:

- Aprieta más: así -te dije un día-,

en amoroso abrazo confundidos;

aprieta más, que tu alma sea la mía

y se fundan latidos con latidos ...


Juan Lucas.