sábado, julio 28, 2007

Mar (Final)

Enseguida llegaron a su destino: La bahía donde había ocurrido la desaparición de Mar cinco años antes.
Al llegar a la orilla de la playa y mientras ambas paseaban cogidas de la mano Mar le contó a Blanca lo acontecido aquel día:
- ¿Recuerdas aquel día Blanca? Ambas nos escapamos del orfanato para visitar el lugar donde me habían encontrado, este. Nada más llegar hasta aquí me sentí atraída por lo que veía y sin dudarlo me metí en el agua y llegue nadando hasta aquel acantilado - dijo Mar señalándole con el dedo - y, allí me encontré con mi familia, con mi padre. Y... él... me habló.
- ¡Eso es fantástico¡ - la interrumpió Blanca - ¡ Así que no estaban muertos!
- Él me dijo muchas cosas - continuó Mar - Me pidió que volviera a mi hogar y lo dije que me encantaría pero...
- Pero... ¿Pero qué?
- Si... si me iba a casa, nunca podría volver aquí - susurró.
- Pero... ¿Por qué? ¿Está muy lejos?
En ese instante Mar clavó en ella sus ojos azules y le dijo:
- Mi hogar es el mar. Él es mi padre.
Estas palabras paralizaron a Blanca, que tan solo pudo balbucear con voz trémula:
- Es... es... una bro... broma, ¿no?
- No. -dijo Mar - a punto de llorar.
Aquel día Blanca prosiguió Mar, le prometí volver, pero solo si me permitía pasar cinco años más en mi hogar terrestre. Hoy ese plazo se ha acabado y cumpliré con mi destino. Volveré a casa.
Dos lágrimas se deslizaron por las mejillas de Blanca.
- No, no es verdad...
- No te dije nada aquel día porque no quería entristecerte durante estos años que me quedaban que pasar contigo, es por esto por lo que aproveché para vivir cada segundo de mi vida como si fuera el último y eso es lo deseo que tú hagas de ahora en adelante.
Te... echaré de menos.
Acto seguido la abrazó con fuerza, maldiciendo al tiempo que con tanta rapidez pasa.
Después de la despedida, Mar entro en el agua, que empezó a brillar al contacto con su piel.
- Una última cosa - dijo Mar - Vive la vida. Aprovéchala como yo lo hice y se feliz. También te echaré de menos, más que a nadie; pero ten presente que, cuando pasees por la playa y las olas mojen tus tobillos, yo las habré provocado. Siempre estaré a tu lado.
Una sonrisa iluminó el rostro de Blanca mientras sus lágrimas mojaban la arena. Mar, la miró por última vez y se sumergió en las cristalinas aguas con rapidez y elegancia, a igual que hacía cuando era pequeña. Y así, entre olas y espuma, Mar desapareció. Volvió a su hogar.
Los años han ido pasando y Blanca ya no es la niña que lloraba a orillas del mar despidiendo a su amiga. Ahora es una famosa empresaria. Se casó tuvo varios hijos. Es una mujer muy responsable, atenta y querida por mucha gente.
Y cada verano, se traslada a una pequeña casita, junto al mar y da largo paseos por el litoral. Todos los que la ven, piensan que es forma de librarse del estrés de la ciudad. Nunca serán capaces de imaginar que lo que hace es hablar, sentir la presencia de su mejor amiga:
Mar.

Con esto Blue doy por terminado este cuento, no sé si el final es como esperabas. Para mí es un final feliz, el que deseo para ti, pues no debes mirar la separación de estas amigas como algo triste, como el final de su amistad, como que todo se ha acabado para siempre entre ellas. No Blue, no es así, sino todo lo contrario pues al volver Mar a su hogar se fundió para siempre con Blanca formando de esta forma un mismo ser con ella, y ahora son la una de la otra para toda la eternidad, al igual que el aire que respiramos. Mar siempre sera de Blanca, siempre sera su amiga por mucho tiempo que pase, será de Blanca al igual que lo puede ser el breve y bello destello de la estrella más lejana del firmamento; estará con ella y con sus hijos los verá crecer y hasta les verá como aprenden a volar... y recuerda Blue, recuerda que el amor es como la primavera que vuelve cada año vestida con los mil colores del campo y que llega con un poema en las manos para recodarte que el amor sigue ahí, que no se acaba aunque nosotros pensemos que
terminó para siempre.
Recuerda mi dulce gatita azul con alma de lobo estepario que ese amor se disfraza y te hace suya. Si Blue suya hasta el último abrazo, suya como la espesa noche, suya como el hambre del amanacer, suya como esas olas que movidas por Mar te abrazan cada verano cuando entras en el Océano e incluso son tan atrevidas que se atreven a darte "un revolcón" y de este modo hacerte mas suya aún.
Mil besos y feliz cumpleaños Blue.
El problema lo tengo yo ahora... pues tengo que envolver este regalo en 32 rosas rojas... ufffff, difícil papeleta.
Se feliz.
Juan Lucas.

miércoles, julio 25, 2007

Mar III

Cansado, pues las corrientes reinantes en este lugar de playa son bastante fuertes y peligrosas llegué hasta el islote rocoso hacía donde se había dirigido Mar. No la vi, no había rastro de ella... por un instante temí lo peor, el mar, se la había vuelto a llevar, la había dejado tan solo unos años para disfrute de los que la rodeabamos y de nuevo la reclamaba.
La llamé a gritos:
- Mar, Mar... Nadie repondió. Tan solo el sonido de las olas al romper contra las rocas del lugar donde me encontraban parecían decir:
- Mar es nuestra, es nuestra, así que no trates volver a quitárnosla.
Desesperado, volví la vista hacía la playa y cual no fue mi sorpresa a ver que junto a Blanca estaba ella. Sí, estaba Mar y parecían charlar como hacian siempre... prestándose la mayor atención la una a la otra.
Antes esta visión tranquilizodara, no pude más que dejarme caer entre las rocas y cerrar los ojos dando gracias a los dioses porque a Mar no le hubiese ocurrido nada malo.
Mientras, en la playa está era la conversación que mantenían estas dos amigas:
- ¿Te perdiste? - le pregunto Blanca - Por un momento me habias asustado mucho. Iba a buscarte pero... ¿Me estás escuchando?
Mar se había quedado pálida, lo cual era muy díficil de notar debido a su piel tan clara.
Sin embargo, Blanca la conocía mejor que nadie y sabía que algo iba mal.
- ¡Mar! - le gritó - ¿Qué te ha pasado?
Ella se limitó a ponerle la mano en el hombro y a mirarla con semblante serio.
- Algún día te contaré- fue lo único que le respondió.
Blanca se quedo inmóvil y sorprendida por la respuesta de su amiga.
Las horas pasaron lentas y el manto estrellado de la noche cayó con gran alivio sobre mis cansados ojos y el de las niñas. Todos nos quedamos dormidos enseguida en aquel rincón privilegiado donde nos encontrabamos. Incluso Blanca, que seguía preocupada, no pudo resistirse al dulce abrazo del dios del sueño. Tan solo una persona permaneció despierta, Mar.
Pasó la noche llorando lágrimas silenciosas, aunque eran mezcla de tristeza y alegría.
Los años pasaron rápidos desde que acotenció lo que acabo de narrarles... demasiados rápidos. Mar había cumplido diecisiete años y Blanca, quince. Las dos estaban acercándose a esa edad en que se deja de ser niña para ser mujer, a esa mayoría de edad no reconocida por la sociedad en que vivimos, pero que en realidad alcanzan todas las chicas llegadas a esa edad, así que pronto , muy pronto podrían vivir sus propias vidas.
Debo decir no obstante que, a pesar del tiempo transcurrido desde aquel día, las cosas no habían cambiado demasiado y la vida había seguido igual para las dos. Tan solo habían surgido diferencias en el comportamiento de Mar, a raíz de aquel día de playa. Ya no era la niña introvertida que no se relacionaba con nadie, todo lo contrario, a partir de aquel momento se relacionaba mucho más con los niños y jóvenes del lugar donde vivía, del orfanato. Además, vivía los días, feliz y relajada, aprovechando cualquier simple momento para disfrutar, para reir, como si fuese el ultimo día que le quedase por estar en este lugar.
Esa actitud agradaba sobre todo a Blanca, que no obstante no había olvidado las palabras de su amiga y, a veces no podía evitar preguntarse el porqué de ese cambio tan radical.
Un día a punto de que Mar cumpliese la mayoría de edad, los diciocho años, no pudo aguantarse más y se lo pregunto:
- Mar, se que pronto te irás de este lugar. Y aunque me esperárás, aunque nuestra amistad perdurará siempre, quisiera mi contaras lo que te ocurrió aquel día en el acantilado, es que me acabo de acordar y....
Por un efímero momento, unos segundos tan solo, una sombra de tristeza se dibujó en los ojos azules de Mar.
- ... Pronto lo sabrás. - Contestó ella.
Blanca no se conformó con la respuesta, pero conocía a Mar y sabía que nada saldría de sus labios hasta que ella lo creyese oportuno... así que calló y no dijo nada más.
Los días seguieron pasando y pronto llegó el verano. Hacía calor aquella mañana al igual que hacía dieciocho años, cuando el sol entró por aquella ventana del hospicio donde dormían aquella cuatro niñas. Blanca se encontraba estudiando cuando Mar la llamó y le pidió que la acompañara.
Está vez no se escaparon. Esta vez, Mar pidió permiso a la autoridad del lugar para que su amiga Blanca le acompañase hasta el lugar donde debería coger el autobús. Era su último día en el orfanato, su último día en el lugar que la había visto crecer, jugar, reir y... llorar.
Blanca sabía desde un principio que no irían a la parada de autobús, sabía que irían a la playa, a aquel lugar donde 18 años antes yo había encontrado a una hermosa niña, Mar, envuelta en algas de mil colores y acunada por las olas del mar.
Blanca, notó a su amiga extraña, más no dijo nada mientras le seguía.
Aún sabiendo a donde se dirigían y más que nada para romper el silencio reinante que había entre ellas pregunto:
- ¿A dónde vamos?
- A un lugar que conoces bien, respondió Mar.
Juan Lucas.



viernes, julio 20, 2007

Mar II

No obstante, su vida, la vida de Mar en el orfanato era sorpotable sobre todo gracias a Blanca. Era ella la que la rescataba de su aislamiento, la única que le hacia curvar sus labios con una sonrisa franca y la única con la que se relacionaba en este lugar. La quería más que a ninguna persona, tanto que por ella no había escapado ya de aquel lugar.
Blanca también sentía un cariño especial hacia Mar, y por mucho que se relacionaba con los demás niños, por mucho cariño que les tomara, ninguno como el que sentía por su amiga. Mar siempre sería su favorita.
Ahora, pasado los años, puedo decir tranquilamente que al mirarlas a ambas pasear por el patio del orfanato pensaba que no podían existir en el mundo otras dos personas como aquellas chiquillas a las que la amistad había unido con tanta fuerza, no se separaban nunca y al observalas me decía a si mismo que eran sus diferencias y sus similitudes las que contribuían a fortalecer y a apretar ese intenso y fuerte lazo que ambas habían ido tejiendo desde hacía años.
Los acontecimientos se precipitaron aquel 20 de Julio, sin que nadie pudiese evitarlo. Recuerdo perfectamente lo acaecido aquella mañana de verano. El aire era todavía fresco cuando el celador que hacia el turno de noche dió la voz de alarma:
- "¡¡¡Blanca y Mar no están en sus camas, Blanca y mar no están en sus camas!!!".
Los gritos de este hombre me despertaron no solo a mí, sino a todos los que en aquel orfanato cuídabamos de aquellas criaturas, formándose un gran revuelo en la institución. Me vesti lo más rápido que pude y sin decir nada a nadie me dirigí hacia la cala donde años antes había encontrada a Mar, tenía el presentimiento de que allí encontraría a estas dos niñas. Pues Mar me pedía cada vez que me veía le contará como la encontré, en que lugar de la playa arropada entre algas se encontraba cuando la vi por primera vez, este interés por saber digamos su lugar de origen, junto a que cada día día la observaba después de tomar su vaso de leche de cabra, sentarse en la ventana a observa con pasión el mar embravecido a veces, que se tornaba tranquilo y transparate cuando ella le miraba con sus hermosos ojos azules, me hizo dirigirme hacia la bahía sabiendo que la encontraría sentada en la arena de la playa, con su falda recogida entre sus piernas y mirando con sus manos bajo su barbilla fijamente el mar.
Empezaba a calentar el sol, cuando llegué a esta bahía de fina arena que, limitada por escarpados acantalidos, resultaba ser el lugar ideal para disfrutar en paz y tranquilidad de un hermoso y refrescante chapuzón sin que nadie les dijesen lo que debían o podián hacer. Desde lejos aún, pude observar como la primera en entrar al agua fue Mar. A pesar de que el viento de poniente que llevaba soplando desde hacia días había puesto el agua tan fría como cuchillos plateados, ella se adentro en él rápidamente sin sentir el más mínimo escalofrío y, nadando y vadeando entre las danzarinas y peligrosas corrientes de aquel lugar se sumergió bajo el agua.
Hago acá un inciso, para decir que Mar, desde siempre había tenido un don especial con el agua. Siendo aún una cria de apenas unos años, los cuidadores que enseñaban a los niños a nadar en una de las piscinas de la ciudad, observaron que mientras los demás niños apenas eran capaces de mantenerse a flote, ella nadaba con tal rapidez que a todos dejaba perplejos; y lo más curioso era que nadie la había enseñado, era una habilidad mas en ella, al igual que el color de su piel y de sus ojos, al igual que su sonrisa y su pelo.
En cuanto Mar se sumergió en las frías aguas marinas abrió los ojos y vislumbro un banco de peces que nadaban cerca del acantalido y que huían asustado ante su precensia. No le importó para nada la actitud de estos animales, a ella le encantaba bucear y eso hacia, dejo que las corrientes marinas jugaran con su pelo y que los rayos de sol que se filtraban desde la superficie se reflejaran en su piel, se sentía feliz, relajada y por un momento se olvido de todo lo vivido anteriormente, tan solo le importaba lo que veía a su alrededor... solo existían ahora mismo ella y el mar. Mientras buceaba, inmersa en sus pensamientos, choco con un par de piernas; las de Blanca y ambas se pusieron a gritar y a chapotear en el agua.
Desde la orilla les grité a ambas:
- Sabía que estariais aquí.
¿Por qué no salís un ratito y jugamos? dije señalando un par de raquetas que había en la arena. Necesito una contricante y seguro que no podréis ganarme ninguna de las dos. Con esta proposición intentaba que saliesen del agua, pues aquella mañana estaba la mar con bastante bravura y temía por que pudiera ocurrirles algo a estas dos chiquillas.
- Claro -dijo Mar con su suave voz, mientras juegas con Blanca yo nadaré hasta el acantilado para hacer ejercicio. Cuando termine, iré con vosotros.
Me dieron ganas de gritarle que no, que volviera, que era demasiado peligroso, pero hubiese sido todo en vano, e incluso podría haberla asustado, eso era, por supuesto lo último que pretendía, además conocía a Mar y sabiendo que había tomado la decesión de llegar hasta los acantalidos ya nada ni nadie podría deternela, así que lo único que le dije fue:
- Vale, ten cuídado.
¡Te esperaremos!
Mar me dirigió una sonrisa antes de desaparecer bajo el agua, por su parte Blanca, volvió a la orilla y con su risa y alegría habitual empezó a jugar ese partido conmigo.
Yo no estaba tranquilo, intentaba aparentarlo para no preocupar a Blanca, pero mi inquietud era tal que no paraba de mirar hacia los acantilados a ver si la veía aparecer, no se cuando tiempo transcurrio, una hora, dos, tres... no lo se, mentiría si lo dijese, lo único que si hice viendo que no aparecía fue meterme y nadar en dirección hacía los acantilados, pues aunque sabía de la habilidad de Mar para nadar, nunca antes se había permanecido tanto tiempo dentre de ella.

Juan Lucas.

martes, julio 17, 2007

Mar

Para Blue Cat dulce chica que me trae a la memoria a Lauren Bacall (la flaca) a la que conocí en un viejo cine de barrio, un lugar furtivo donde los novios se comían a besos y las películas tenían casi siempre ese final feliz que tanto gustan a Blue.

Te deseo un feliz cumpleaños dulce gatita azul.

Amanecía. Era una mañana cálida del mes de Julio. A pesar de lo temprano del día, los rayos de sol ya calentaban con fuerza. Tras la ventana de aquel triste y feo edificio de piedra dormían cuatro niñas hacinadas en una pequeña y estrecha habitación. La mayor de ella no llegaba ni a los cartoce años, las demás no superaban los 12; a pesar de su corta edad estas chiquillas nunca habían disfrutado de un abrazo, de un beso, de un te quiero... pues habían pasado todo este tiempo de sus cortas vidas, rodeadas por las paredes del orfanato que era el único hogar que habían conocido.
Dos de ellas habían sido abandonadas al nacer por sus padres, el motivo, las razones si es que pueda haber alguna para realizar este tipo de acciones:
"Fuertes y graves problemas económicos".
Blanca, la tercera chica, con tan solo diez años, había llegado hacia ocho al orfanato. Única sobreviviente de un pavoroso y terrible incendio que devoró su hogar y con ella a aquellos a los que quería. Blanca debido quizás al trauma sufrido o porque se había creado una coraza para no recordar lo que en su vida había acontecido: "El haberse quedado privada tan tempranamente del calor y el cariño de unos padres", fuese por lo que fuese, la realidad es que no deseaba irse de este lugar, de su hogar como ella le llamaba, donde los niños y adultos que la habitaban eran para ella como sus hermanos y padres.
La cuarta de las niñas, no había sido abandonada por sus padres a causa de la pobreza, tampoco nadie sabía con seguridad si habían muerto, nada se sabía de Mar, así la llamé, pues fui yo quien la encontró una noche a la orilla del mar.
Recuerdo la noche en la que la encontré como si fuera hoy mismo. Era una de esas noches de verano donde el aire cálido procedente de África llega hasta mi país e impide respirar, donde el calor es tal que tan solo te sientes bien a orilla del mar. Imposible dormir, intentarlo una estupidez, una temeridad, pues lo único que se consigue es convertir el lugar donde descansas en un charco de sudor. Así pues, sin dudarlo, ni pensarlo ni tan siquiera un momento, cargué una pequeña mochila sobre mis espaldas donde tan solo guardaba una toalla para extenderla sobre la arena y poder de este modo descansar durante un rato y me dirigí a ese lugar de playa un poco apartada del centro de la ciudad y que por este motivo no suele estar frecuentada a tan alta horas de la noche.
Antes de tumbarme sobre la arena decidí caminar un rato por la orilla. De pronto, envuelta en algas, milagrosamente viva, sin sufrir síntomas de hipotermia o un leve resfriado unos ojos azules, más que el mismo mar que le servía de cuna me miraban y unas manitas blancas, tan blancas que no parecían humanas me llamaban hacia ella. Al tomar a aquella criaturita entre mis brazos un escalofrío recorrió todo mi ser, de pensar tan solo que hubiera podido pasarle si ese viento cálido que tan mal me lo hace pasar cada vez que llega del otro lado del mar, no me hubiese empujado aquella noche a esta playa.
La saqué del agua, la envolví en la toalla que llevaba en la mochila y con miedo a que mis grandes y asperas manos pudieran dañarla, me dirigí hacía el hospital más cercano donde la dejé para que los médicos la observaran concienzudamente. Algunas semanas más tarde y puesto que nadie la reclamó paso a ser tutelada por las autoridades y por tanto enviada a este lugar, a este orfanato. Yo, por supuesto la reclamé para mí, para ser su familia, pero por razones que no vienen al caso me fue denegada dicha tutela.
Mar, no era una niña muy común, ese azul tan intenso de sus ojos hipnotizaba a cualquiera que los mirara y su piel tan blanca hacia pensar en arenas de playas aún sin pisar por el ser humano, lugares que tan solo pueden anidar en lo más hondo de nuestra imaginación. A menudo se sentaba sola a observar la playa a través de la ventana mientras soñaba despierta sin reaccionar cuando se le hablaba. Siempre estaba en silencio y con expresión expectante, como anhelando que cualquier cosa maravillosa ocurriera.
Juan Lucas.
P.D.
Blue creo estará terminado para tu cumpleaños y trataré de envolverlo con esas treinta y dos rosas rojas que se pondrán aún más rojas al contemplarte.
Un beso Blue.

sábado, julio 14, 2007

Un plácido crepúsculo.

Hola Irma:
15 de Julio.
Hace tan solo unas horas que he llegado a mi casa, apenas he comido. Me he metido en mi cuarto y he encendido el ordenador. He entrado en esta "casa" donde llevo varios días sin pararme y he leido tu comentario (el último de todos), donde me dices que el frío y la nieve azotan ese bello lugar donde vives y me deseas disfrute de este verano del que gozamos, de la luna y las estrellas... y otras maravillas más.
Querida "condesa", (me encanta llamarte así, espero no te moleste) aunque no sé si lo conseguiré quisiera llevar hasta ti un poco de este verano, de este calor hasta el lugar donde te hallas. Así pues con tu permiso permíteme cogerte de la mano y enseñarte este lugar donde me encuentro.
Ven, no temas, paseemos y disfrutemos. Contempla junto a mí de las nubes que se pasean por el cielo queriendo acariciar a las estrellas, de la luna que parece dudar entre perderse tras la montaña del valle sobre la alfombra del frondoso bosque que a lo lejos se ve o, acostarse sobre la corriente que forman las mareas teniendo como única melodía de fondo el sonido de las olas.
Permiteme invitarte a disfrutar del aroma que trae el viento. Aroma donde se mezclan los olores de las "damas de noches", de los "jazminez", de infinidades de flores nocturnas que se ponen sus mejores galas para perfurmar estas noches andaluzas, con el olor a tierra mojada de la orilla de la playa, de las piedras que se lavan la cara con las gotas saltarinas y saladas del Mediterráneo, de las hojas de los árboles que bailan lentamente con el acompasado silbido del viento.
Quisiera Irma termina este paseo contigo sentandos ambos junto a la playa iluminados en esta hermosa noche de Julio por la luna que regala su presencia, al igual que tus regalas tus hermosas letras, a todos los que miran el cielo limpio y despejado, donde las estrellas dibujan mil formas en el firmamento.
El mar querida Irma está ahora en calma, será porque te rinde pleitesía y humildemente besa tus pies, las pequeñas olas rompen en la orilla y junto con tu presencia ponen musica celestial a este lugar.
Gracias por tu compañía. Ahora antes de marcharte de nuevo hacia el invierno austral, deseo que sepas que mañana, cuando de nuevo pasee por esta playa ya sin tu presencia, habrás dejado en ella una brisa que me traerá un sinfín de aromas de allende de los mares, que de madrugada, cuando pise la arena aún húmeda por el rocio de la noche no olvidaré este hermoso paseo del que he tenido el honor y el privilegio de gozar esta noche de verano.
Gracia por acompañarme "condesa".

Querida Irma no sé que nos deparará el futuro, pero sé que aunque estemos lejos muy lejos el uno del otro no voy por eso a dejar de "quererte".
No me olvides aunque mi descanso sea largo, no me olvides porque yo no quiero olvidarte.
P.D.
Deseo que estas letras hallan sido tan recofortantes para ti, como tantas y tantas veces lo fueron para mí, las tuyas... las tuyas y las de tu hermosa y querida cajita.
Juan Lucas.

lunes, julio 02, 2007

Martirio (Final)

....Quisiera me perdonases, quisiera que esta carta sirviese para reconciliarme contigo y con el mundo. Quisiera que todos supiesen de este amor que siento hacía ti y que no sé si por miedo o por las apariencias guardé durante tanto tiempo en lo más hondo de mi corazón.
Te amo Juan, siempre te amé y aunque ya nunca sentiré tus caricias sobre mi cuerpo sediento de amor, de caricias, de besos; mis labios te seguirán nombrando en las eternas y solitarias noches que me aguardan y, a pesar de no verte en mi lecho, junto a mí, debes saber que, cada mañana me despertaré con la ilusión con la sensación de que tus brazos me rodean con ternura, con infinita ternura, de que el alba me sorprenderá sonriendo segura de que más allá del sufrimiento y del dolor, más allá de la noche y los día estará esperándome siempre tu inmeso amor.
Hasta siempre Juan, y aunque la vida nos separó, aunque nos hizo estar lejos el uno del otro destrozando de esta forma dos almas que deberían haber permanecido juntas durante toda la eternidad, aunque nos impidió caminar juntos, muy juntos, debes saber que nunca, nunca jamás podrá arrebartarme esa ternura de la que goze el día que me rodeaste con tus brazos infantiles, ternura donde un vuelo de golondrinas se balancerán eternamente cegadas por tu luz marina.
Te querré siempre. Martirio.
Este era el final de la carta de Martirio, el trozo que Juan no pudo leer al abandonar la choza como un animal herido...

Y aquí dejó esta historia de amor... La dejó inconclusa para que cada cual ponga el final que le plazca, que más le guste y desee. Tiene su final, no lo duden... el mío que guardo en una "cajita" no tan hermosa como la de Irma, ni tan llena de maravillas como la de todas ustedes amigas mías... pero para mí bella porque está contruida con los sueños del amor, la esperanza y la creencia de un mundo mejor.
Me voy digamos a descansar durante un tiempo. No sé cuanto durará el reposo de Juan Lucas. Pero antes de dejar esta que durante tanto tiempo fue mi casa, me gustaría decir que he intentado que no solo mía, sino la de todos que bien sin querer o queriendo, llegaron alguna vez hasta ella. Que, me marcho con mucho más de lo que llegué a este mundo de los blogs, me marcho con el cariño de muchos amigos; con la amistad inmesa que sé que tengo de mis amigas a las que tanto admiro y querré siempre:
El grupo que forman "ENTRE TODAS LAS MUJERES".
Dar las gracias a los que tuvieron la gentileza, la delicadeza de detenerse un momento en este espacio, aunque no dejarán señal de su presencia. Gracias también por que no a algunos anónimos que unas veces sin maldad y otras con mucha, han hecho mas hermoso este lugar, aún sin ellos pretenderlo ni saberlo.
Este lugar donde habitarán por siempre Gran Oso y Pequeña Luna, la pequeña mariposa que vivió un intenso y único día, Jason, Lupita, Martirio...
acompañadas por los besos y caricias de:
Ana R.: Mujer de gustos y letras exquisitas.
Azul Caleidoscopio: Magia en azul, gracias por tus viajes en ese calidoscopio.

Blue Cat: Dulce gatita azul con alma de lobo estepario.

Calma que robas mi calma: Mujer romántica, tierna y sensual allá donde las halla; te quiero mucho, collons como te quiero T.

Cieloazzul: Mujer con la pasión y la fuerza de esa hermosa tierra donde habita y madre defensora a ultranza del mejor portero del mundo ¿verdad Cristina?)

Dinia: Luchadora incansable, amante de la libertad, amiga querida.

Ena: Mi dulce Ena, aventurera romántica. Cuya calle del pensamiento seguiré visitando aún a pesar de estar de descanso.

Laly: Tierna flor, llena de poesía y ternura.

Historia: Mi dulce Historia, mi amada Historia, "niña que sufres sin saber por que motivo como te dije una vez..". Serás mi historia, serás poesia desgarradora, un abrazo para ti dulce madre y esposa, amiga querida, mujer siempre.

Irma: Te quiero condesa, te quiero. Gracias por tu cajita, me han dado paz, tranquilidad y sobre todo la ternura que tanto necesitaba.

Leyla: Muñeca, mujer de rojo, pasión, valor y coraje... ave Fenix que resurge con un rojo cada vez más bello, mas intenso.

Magda, Marcela: Mujeres breves pero intensas al igual que los buenos perfumenes.

María Inés: Que decir de ella que ya no se sepa... pues que tu Juan siempre estará esperándote con un café calentito en ese robledal tan hermoso que solo a ti y a mi nos pertenece.

Galadriel M. :Mujer y persona, creo que mejor definición imposible.

Ontokita:La delicadeza, brillantez, sobriedad echa mujer. Gracias por leer algo tan simple y fácil como lo que yo hago.

Peregrina: Como dicen en algunos comentarios que dejan en tu brillante página:"flaca sigue así".

Margarita: Un abrazo, fue breve nuestro paseo pero maravilloso. Eres un encanto de mujer, un fuerte abrazo... tu página es una página llena de valor y coraje, adelante con ella, haz realidad el sueño de Luther Martin...
Titi: Artista y escritora. ¡Qué buenos ratos he pasado con tus preguntas! Aunque la verdad en algunas me vi seriamente comprometido a la hora de responderte.
Serbal, Torbellino de nubes, Un mar en Calma: Artista de cuadro la primera, creadora de versos enormemente bellos la segunda y genial fotógrafa la tercera... amigas siempres.

Topacio: Bella y como ella misma se define espóradica a la hora de publicar post. Un beso, porque cuando publicas dejas tan buen sabor que cuesta abandonar tu casa.
Trini: Poetisa maravillosa, mujer luchadora. Andaluza, sevillana... ¿que más se puede pedir? Tan solo el poder disfrutar de tus letras durante muchos tiempo.

Un beso enorme, un cariño inmeso, unas gracias eternas a las que han sido, son y serán las dueñas de este pobre y humilde corazón, que por suerte, nunca ha estado solo hasta ahora, como algunos o algunas hayan podido creer.

Juan Lucas.