sábado, marzo 31, 2007

Ilusiones II

- Adelante Eva, pasa, siéntante, dijo Carlos mirándola tímidamente.
- Espero no haberte ocasionado ningún transtorno al hacerte venir hoy hasta acá. Sé que te preguntarás el porqué de esta subita y repentina llamada, de esta cita, a que es debida... pero es un asunto que solo a ti Eva soy capaz de contar. Es un tema, que desde hace tiempo perturba mi mente y mi espíritu.
Al oír las palabras de Carlos, Eva, quedó paralizada, temblando como una débil hoja sacudida por los primeros vientos del Otoño. Y es que, en lo más profundo de su ser deseaba con todas sus ganas se le declarará, le dijese con su voz cálida y sensual que la amaba, que la deseaba.
¿Empezó a soñar despierta?
Pues, creyó sentir como Carlos, con sus manos varoniles le despojaba del trajecito verde tan discreto y recatado que llevaba, que la desnudaba, y recorría su cuerpo palmo a palmo, al mismo tiempo que experimentaba esta sensación, sus labios, besaban con ansias los finos y delgados labios del sacerdote, que la habían cautivado desde la primera vez que los vio, los exprimía sobre los de ella como si fuesen la más sabrosa de las frutas, mientras le suplicaba la hicera suya con fuerzas, con ganas, que la amara con una pasión sin límites, que la hiciese sentir ese climax que nunca experimentó con Emilio, ni con ninguno de sus otros pretendientes.
Así, y con este deseo que palpitaba en su interior cerró por un momento los ojos y su sueño fue aún más lejos, pues se vio en brazos del sacerdote. Notó como sus fuertes brazos la cogían en volandas y la llevaban hasta su habitación; allí, Carlos con una infinita y desconocida ternura no conocida hasta entonces por ella la tumbaba sobre la cama y por un momento, como si de la realidad fuera, sintió su cuerpo contra el suyo.
Este pensamiento le hizo experimentar una extraña sensación que recorrió su mente al igual que si de una descarga eléctrica se tratara.
¿Era realidad o tan solo una ilusión lo que notaba sobre su cuerpo?
¿Eran las manos de Carlos la que recorrían su espalda y bajaban hasta llegar a sus nalgas produciéndole un placer insospechado, inconmesurable, inerranable...?
¿Las que le acariciaban con la ternura que solo un hombre enamorado sabe como aplicar para despertar el deseo y la pasión de su enamorada?
Sin saberlo, Eva se acercaba más y más a aquel cuerpo deseado, se resistía, pero no se apartaba. Sentía como Carlos empezaba a tocarla la boca, los cabellos, los senos, su vientre... como acar
aciaba sus carnes hasta hacerle gemir. En un acto reflejo, alzo los brazos en un gesto que invitaba a aquel hombre a poseerla, a que la penetrase... no se resistió. Con un movimiento al principio tímido y luego casi apasionado, sus manos atrajeron al sacerdote hasta ella, acercando su cabeza contra su pecho, se puso en tensión, al notar como aquel miembro viril la hacia sentir mujer, sus labios se entreabrieron en un asombro, muda, sin voz... dejó que su cuerpo cayera junto al de él..
Aquella extrema sensación de placer, de bienestar... le hizo quedar rigida como si toda ella hubiese escapado con aquella explosión de su cuerpo, sus manos quedaron entrelazadas sobre su pecho al igual que la estatua de una santa de la Edad Media. Estaba fría, sólo su semblante de felicidad y el sudor que empapaba todo su cuerpo la hacian sentir la sensación de seguir con vida.


Una voz dulce... y un trato cariñoso le hicieron volver a la realidad y que de sus ojos brotaran unas lágrimas, al verse de nuevo sentada en la sacristia y cubierta con aquel trajecito verde y recatado de mujer casada... que no iba a echar todo por la borda por una simple aventura...
Juan Lucas.

viernes, marzo 30, 2007

Ilusiones I.

Eva miró la tenue luz que entraba por la rendija de la ventana. No había dormido en toda la noche, se encontraba mal y cansada. Desde que por la mañana recibió la llamada de Carlos, no se sintió tranquila.
Había cumplido los 30 años, casada con Emilio, enseñaba en sus ratos libres catequesis a los niños que iban a recibir su primera comunión.
Carlos, era sacerdote. No hacía ni un año que había llegado a la parroquia. Cuarenta y ocho años, alto, moreno y, aunque más de una cana cubría ya su cabeza estaba de muy buen ver, pues su piel bronceada y su físico atlético que procuraba mantener con sus dos horas diarias de natación le hacían estar en plenitud de forma.
Eva conoció a Carlos en las reuniones que éste mantenía con los padres y las catequistas de los niños. Desde el primer momento en que Eva le vio, le pareció alguien encantador y pronto, muy pronto hicieron amistad.
Carlos era cariñoso y atento, hablaba con todos y casi todos los temas los solía terminar con una broma. Correcto y atento, procuraba al final de cada reunión con los padres quedarse un ratito más con Eva hablando de temas que a ambos preocupaban, e incluso, alguna que otra vez intentó coquetear con ella, pero nunca paso a mayor asunto la cosa.
Así pasaron varios meses.
D. Carlos y Eva se veían durante las reuniones que había en la iglesia, ambos buscaban cualquier pretexto para charlar a solas un ratito a solas, y en más de una ocasión, Eva había observado que él con más frecuencia de lo normal se hacia el encontradizo con ella, hecho que por supuesto la halagaba y mucho.
Eva, volvió a sentirse como una jovencita, como cuando a sus veinte años tuvo su primer pretendiente. Su corazón latia como potro desbocado cada vez que le veía. Se había enamorado de Carlos y estaba segura, de ser correspondida. Pero ella, jamás pondría en peligro la fe de un sacerdote, ni por supuesto por una tonta aventura echaría a rodar su vida y lo que consideraba un estable y feliz matrimonio.
Por ese motivo estuvo nerviosa durante todo el día y la noche, pues intuía cual sería el motivo por el cuál Carlos deseaba verla. Esto le hizo sentirse confusa, triste pero al mismo tiempo las ilusiones recorrían su cuerpo haciéndola temblar como si de una adolescente se tratara.
Al igual que la chica que queda citada por primera vez con su enamorado, Eva llego puntual a la sacristia, temblaba como junco mecido por el viento. Pegó en la puerta, pidió permiso para entrar, y allí vio a Carlos sentado en su mesa de trabajo.
Hacía calor, en mayo, en estas tierras ya suele apretar "la calor", y el sacerdote llevaba puesto un pantalón blanco y una camisa azul marino de mangas cortas que acentuaban aún más su masculinidad. Estaba guapísimo (pensó Eva nada más verlo). Ella, se había puesto aquel trajecito color verde, discretísimo que solía usar en las reuniones de catequistas, pues quería parecer ante los ojos de él, como una mujer recatada, casada y amante de su esposo.

Juan Lucas.

miércoles, marzo 28, 2007

La cruz de piedra.

La noche tenebrosa. Invierno mudo, frio; el cielo cubierto de nubes. Sobre el suelo aún dormido cae una lluvia abundante y copiosa que forma una espesa cortina que tapa el camino que corre al borde de un precipicio en cuyo fondo se agita el turbio liquido de un arroyo que con brutal y ensordecedor ruido arrastra a su paso todo lo que encuentra.
Ira, odio, rencor... muestra la cara de un veloz jinete que avanza por este camino sobre un brioso corcel berberisco, el cual lleva su ijar desgarrado por la dureza de la marcha. Nada arredra a este hombre, nada le espanta, ni el rugir del huracán, ni el contacto del abismo que bajo sus pies se abre a cada paso.
Solo piensa en la venganza, ala le da este deseo, desea ver el perfil de su enemigo que en su mente se dibuja indefinido.
Se abre el cielo a la luz de un relampago rojizo, que deja ver que lleva entre sus manos un acero escondido que brilla con siniestro brillo...
Al sentirse engañado tan solo matar desea, vengaza quiero... nada le detiene, cierra los ojos y ve el engaño, la mentira, la perfedia de aquella que tanto amaba. Nada piensa, nada desea, ciego camina, su corazón cuán duro como piedra no tiene piedad, no la desea... tan solo vengaza reclama.
El cielo llora. De pronto... un relámpago vivísimo rasga el camino y, deja ver junto al camino una cruz de piedra blanca, la talla en piedra de un Cristo de cuyos labios de mármol parece querer escapar un suspiro.
Brinca el corcel, detiene de golpe su fiero ímpetu... vacila un momento, cae y se pierde en el abismo, viene el jinete al suelo, lanzando un angustioso y rabioso grito. Alzá su malvado rostro y queda por el miedo, por el terror paralizado; lívido su rostro de espanto al ver su puñal clavado en el pecho de Dios vivo.
De nuevo se desploma presa de un mortal delirio mientras en tono apagado y frío grita:

¡Perdón, perdón, Dios mío! ...
Cada vez que por este camino paseis, cuando el sol, en su ocaso se despide de la tierra, y el abismo se va envolviendo en la sombra de la noche que con paso lento se acerca, siempre a la misma hora, siempre temblando, de rodillas, implorando, vereis a un fraile encorvado, de tez y faz austera que solloza de rodillas al pie de la cruz de piedra, mientras de sus labios oireis las mismas palabras que el jinete pronunciara al ver su puñal clavado en el pecho de Dios vivo:

¡Perdón, perdón, Dios mío!...

Juan Lucas.

domingo, marzo 25, 2007

Gracias por vuestra amistad.

Hoy al visitar las páginas de Mine Leyla y de Azul Caleidoscopio, me he encontrado con que ambas, amigas maravillosas, excelentes mamás y esposas, han cerrado temporalmente sus "páginas". Comprendiendo y respetando por supuesto sus decisiones, no me queda más que que desear a ambas la mayor de las felicidades y dedicarles, con todo mi cariño estas letras que a continuación escribo:

Que eL año ha envejecido del golpe tiñiendo con bellas canas los ciruelos, que el viejo invierno ha puesto agujas de hielo en mis ojos y ha vuelto a posar su lengua helada sobre las primaveras que "ellas" conseguían tejer con su telar de bellas palabras que entrelazaban con primor sobre el agua.

Que, si yo supiera hablar, si pudiera saber utilizar las justas palabras... si pudiera poner nombres a las maravillosas sensaciones que me han producido sus letras y hacer que existiera ese famoso "bálsamo de Fierabrás" conseguiría que de ellas se alejasen "los problemillas de salud" que han padecido, si pudiera hablarles con las palabras exactas, sabrían que ni antes ni después de saber de ellas podrá haber sentimiento más intenso que el que ahora siento por estas dos maravillosas mujeres... "AMISTAD ETERNA".

Sé que por ahora habéis dejado de escribir, pero quiero sepais, que vuestras voces no se van a apagar, que vuestros "blogs" volverán con lecturas maravillosas; que temporalmente, solo temporalmente vais adisfrutar de vuestras vacaciones, y eternamente del amor de vuestros "pequeños y valiosos tesoros": los hijos... y que yo, queridísima Mine Leyla y Azul Caleidoscopio esperaré vuestra vuelta a "casa" en los cafés junto a otros solitarios, que leeré en los periódicos noticias lejanas para así olvidar vuestra falta, que buscaré en los mercados "letras parecidas a las vuestras"; que me serviré una sopa de "letras" de vuestras letras, cuando el cuerpo así me lo pida y, que pasearé por los parques con caminar tranquilo, hasta que cansado llegue a esa banco, banco de ese parque que no quiere la gente por estar abandonado, triste y desvencijado y allí mientras va cayendo la noche entre el estallido de olores de mil rosas blancas y con todo el decorado dispuesto para vuestra vuelta triunfal, iré observando, el paso de los días susurrando vuestros nombres despacio... Mine Leyla... Azul Caleidoscopio... .... .....
Cuidaros, os lo ruego....

Besos para mi dos grandes amigas: Mine Leyla y Azul Caleidoscopio.

Juan Lucas

viernes, marzo 23, 2007

Para Edith.

"... Perdón amigo Juan que te cuente... pero me preocupa. Pues a esta plantita la vi crecer, la vi nacer desde que fue plantita joven y, creo que se quedará acá...
Nada más amigo, deseo me des tu opinión, solo tu opinión. Tú que lees los pensamientos del corazón, deseo leer tu respuesta amigo, lo espero amigo Juan Lucas..."

Querida y amada plantita, este es parte del comentario que dejaste en mi escrito de hace unos días y hoy, aunque con cierto retraso, es verdad, voy a tratar de complacerte en lo que me pides.
Más antes dejar claro quiero, que no puedo ni sé leer pensamientos, ya que si así hubiera sido, no temblaría ahora como tiemblo al empezar escribir lo que te dedico, pues tiemblo como el cuchillo a punto de salir del cordero, ni reuniría este temblor en una lágrima para servirte de arrullo, paz y amonía y recuperar de nuevo puedas la color de esa tu añorada niñez; ni rogaría al altísimo, que esa lágrima, junto a otras que por ti derramé, logren convertirte en árbol para que así des sombra a toda una nueva generación que de tus semillas esperan brotar.

Para Edith, la plantita que no supo o no deseó ser árbol.

¿Has visto, mientras el cielo imita el color de las estrellas, y el rocío entra en la parte más sola del hombre y se hace carne allí, una lágrima brillar y temblar sobre los pétalos de las rosas que siembran tu balcón?
¿No?

Pues, para poderla ver, te tendrás que dejar llevar por el sonido que hace el sol al salir y, volar; volar como golondrina que sin descanso aletea hacia un sol jamás visto, pues sin saber si lo alcanzará, adivina le dará la vida cuando hasta él llegue. Tendrás que luchar por crecer alto, amada plantita, para así ver mi boca, mi casa, todo ese color que baja por los tejados y... esa lágrima, esa lágrima, que día tras día se transforma en pluma u hoja seca, para de este modo ser llevada por el viento hasta tu casa y poder acariciar tus finos cabellos hilados en la rueca de las hadas. A esa lágrima que desea terminar convirtiéndose en dedos, y tocar los rizos de tu pelo de maja caídos sobre tu frente de sultana. Tendrás que dejar observe, sin miedo, tu brava frente levantada, tu lindo cuello torneado. Hablar con ese habla dulce y musical que es manso aliento de vergel y permitir que tus labios de grana y coral tallen palabras de dulce amante, al igual que seda gitana de rosados amaneceres.

¿Respondo con lo anterior a tu pregunta, mi amada plantita? ¿Deseas ya crecer?
¿No?
Pues para que no marchites y vuelvan a ti los colores mientras llega otra primavera y los fríos otoñales ni lograr rozarte puedan, cógete a mi brazo, niña primorosa, para que mis labios respiren tu aliento de rosa. Cógete, a mi brazo, olvida las penas mirando mis ojos, cógete a mi brazo que todo lo diera por que no se borre la risa de tus labios rojos. Cógete y no temas pues yo, bajo el sombrado de esa plantita que no sé si desea convertirse en árbol, o en lazos, o en hojas, como a una princesa te tendré a mi lado tan solo diciendo palabra de amores. Y serás la reina que impondrá sus yugos, y yo, seré el esclavo que hará mil hazañas cuando se lo ordenen esos dos verdugos que guardas como dos carbones de negras pestañas.
Mi amada plantita, ¿estás ya contenta?
¿Verdad que de nuevo tu corazón ansía seguir enamorada, olvidarte del día en que por desgracia te paraste a la vera mía?
¿No?
Pues bebe esta copa, baña en el vino tus dulces labios, ya que es esta vida tan sólo de un día. Bebe, niña mía, y di al mundo entero que no es la tierra tan sólo rastrojos, piedras, que aunque hay a veces senderos plantados de duras espinas... también otras veces invitan los árboles al buen caminante a tomar de sus ricos panales. Más deja en tu copa un poquito, déjame en ella tu sal... ya que será incurable mi mal sino cicatriza mojando mis labios donde tú los tuyos dejaste posar.

Mi hermosa plantita, ¿has crecido ya?
¿No?

Pues escucha la música que templa guitarra, diré que calle un momento la brisa, que pare de gozo el torrente, que recoja sus alas la brisa para así puedas escucharla... ¡¡¡Oye lo que dice, plantita oye su cantar!!!

La derrota no existe. Crece plantita, no te marchites, te regalo mis besos para sanar tu sueño... sueña que me muero, si así no detienes el crecer tu cuerpo, que broten amores al igual que flores tiene un almendro y, si el hacha del desamor tocara tu cuerpo, tan solo recuerda que ninguno te ha de querer como yo te estoy queriendo.

Juan Lucas.

lunes, marzo 19, 2007

La gente duerme.

La gente duerme.
Vengo del mar.
Mis serviciales amigas las olas ayudadas por el fuerte levante, se han llevado tu nombre y tus cabellos para siempre. Guardados los tenía en una cajita cuyo centro lo formaban láminas de estaño blanco donde grabé tu nombre con el clavo de una barca arrastrada hasta la orilla procedente quizás de algún nafraugio.
La gente duerme y yo velo por ellos.
Llegué tarde a la "cena", a tu "cena", a tu "vida". Y de nada sirvieron mis cuidados, mis deseos, mis ansias y mi amor pues, tan solo recibí cordero frío, vino agrio y el pan mojado en la salsa amarga de la traición.
Y me quedé solo, como dice aquella canción: es septiembre y la playa un poco más solitaria....
Y me quedé solo y al igual que el que comió frutos verdes... tu sabor me sigue quedando en la lengua, y me quedé solo y al igual que el que metió la mano en un hormiguero, aún siento el cosquilleos de tus besos sobre mi piel.
Y me quedé solo y aquí mismo en vez de tu presencia, están la noche, las flores, la muerte, el cansancio, el reloj de arena que me dicta una presencia que me aguarda, sin prisas, calmada.
Y el tiempo escribió ya lo que ahora escribo... todo fue escrito: el mundo y esta "carta", el amor y su incognita aventura.
Y me dejaste solo y escribo, y escribo en la noche más oscura que imaginar puedas entre estos muros, y escribo algo más abstracto que tu piel, más apagados que tus ojos que se niegan a descifrar ya mis lágrimas.
La noche, aquí es más noche, más loba... nunca antes la noche se deshizo entre mis manos con esta lentitud.
Cúmplase el destino para el que fui creado. Cúmplase sus misterioso privilegio, todas las visiones de su vasto reino; todas las mentiras, todos los encuentros y desencuentros, cúmplase el dolor que me produce hoy esta despedida triste, porque asoman a mis ojos lágrimas amargar y saladas, porque canta a tus ojos que ya no veo, porque canta a tus labios que ya no beso, porque habla de amor y en él no creo.

Juan Lucas

viernes, marzo 16, 2007

Escribamos palabras.

Hoy, voy a proponer que escribamos, pronunciemos, la palabra más musical, más placentera y sanadora que creamos existe.
Yo diré la mía al acabar este post.

En esa palabra deberá entrar la prueba de que - a pesar de declararme agnóstico - existe y nos rodea, "el que por amor murió en la cruz".

En esa palabra deberá quedar la prueba de que estamos viendo, sintiendo, notando en el momento de pronunciarla a las criaturas que más amamos, las que nos tranquilizan con su voz, con sus caricias, con su cariño y, a la que a veces no logramos entender.

Esta palabra deberá remontarnos a aquellos momentos en que felices nadábamos en el húmedo y cálido líquido amniotico del vientre materno donde por la mejor de las palabras que teníamos era, el bombear del corazón de la mujer que con su sangre nos daba la vida; al momento en que el hombre aún inocente caminaba por este planeta y que con su ambición por dejar un recuerdo de su breve paso por tan hermoso lugar, inventó el más antiguo de los ideogramas escríbiendolos sobre las rocas:

"La huella de su mano, impregnada de distintos colores".

Vamos a intentar que esa palabra sea el punto de contacto entre lo visible y lo invisible, entre lo humano y lo espiritual, entre lo impalpable y lo palpable.

Una vez las juntemos todas las vamos a pronunciar delante de nuestros niños, de esos pequeños que al oírlas, seguramente van a olvidar otras como:

"Guerra, odio, envidia, xenofobia, celos, mentiras...."

Y, ¿por qué no? Porqué no formar con todas ellas una gran muralla y de esta manera a fuerza de tanto pronunciarlas hacer desaparecer de nuestro planeta las anteriormente mencionadas; y también, ¿por qué no? tal vez nunca lo sabremos sino lo intentamos, en esas palabras estén encerradas el secreto de la felicidad, esa que todos perseguimos y que no sabemos donde se halla.

Quisiera pedir, para terminar a mis amigos que antes de su almuerzo, o de su cena, dependiendo del lugar del mundo donde se encuentren, pronuncien con dulzura, con delicadeza esa palabra.

Y pido a mis enemigos digan en forma de conjuro, la palabra que yo voy a escribir:
LAPISLÁZULI.
(lapislázuli: mineral de color azul)
Ahora os invito a que agarrados de las manos digamos:
"lapislázuli.... y todas las que vamos a escribir, para así intentar ¿por qué no? VIVIR EN PAZ.

Juan Lucas.

miércoles, marzo 14, 2007

La sonrisa de Morna (final)

Morna dijo Jason:
- Estando saciado, yo tenía hambre. Hambre que no se quita con el halago o el amor que muestran hacia ti los demás. Necesitaba mujeres, por eso emprendí, tocado por esa ansiedad, viajes temerarios, con el juicio alterado por esa obsesión. La fiebre que me poseía anulaba cualquier prudencia. Mis pasos no seguían las indicaciones de la razón, sino la propia vehemencia de un deseo que parecía decir: "No te detengas, continúa, y tendrás lo que tanto anhelas". Y buscando falsos tesoros me perdí.
Ahora mi aspecto parece estar labrado a base de quemaduras, pero cuando comencé este andaza era un joven y fuerte dios...por eso, no llegué a darme cuenta que ninguna mujer era más bella que tú. No, no quiero tomarte por mi solo goce, porque tu no experimentarías ninguno, al pensar mientras nos amamos en el mucho mal que te hice al no respetar el compromiso que nos unía y al cual te hice creer que nunca te faltaría.
Quiero que sepas, que me detesto a mi mismo; desteto esos lechos de la casa del placer y maldigo mis labios, mi cuerpo que dejé besar y abrazar por no tener la suficiente valentía de reconocer que tu amor estaba por encima de los placeres que mis "amigos" me ofrecían. Sí, he hecho viajes y visitado pueblos que seguramente perturbaron mis ideas, haciendo tuviese un comportamiento impío y que mis sentimientos se estancaran como aguas bajas que se corrompen. Pero no es excusa, no es motivo para haberte ocasionado tanto dolor, tanto sufrimiento.
Morna intenta hablar, pero Jason, poniendo suavemente sus dedos en sus labios continua diciendo:
- Del mañana nadie está seguro y si entregas tu alma a ese diablo, no creo regreses de donde nadie ha vuelto. Deja pues de alimentar tales pensamientos, la mansión de Lilith es profunda y oscura y ninguno de los que allá fueron hallaron el camino de regreso. No, no te dejaré partir, sino que regresarás al reino del "edén". Soy yo el que debe pagar mis deudas y mis atropellos.
Penetraré a la fuerza en la mansión de Lilith y la haré quedarse con mi alma aunque no quiera. Eso haré Morna, aunque sea el último acto bueno de mi vida en esta tierra. Te pido pues Morna, no hables así, porque tus palabras me debilitan y siento deseos de llorar, y no quisiera llorar ahora que la felicidad me rodea.
Imaginemos que somos marido y mujer y que cada noche sujetas mis manos con las tuyas, que respiras contra mi mejilla, y así, sientiendo tu respiración ninguna pesadilla turbará mi sueño.
Toda esta conversación es oída por el rey del "eden". Que sintiendo compasión por los amantes decide arrebátarselos a Lilith, pues sabe que es el único que puede hacerlo, el único con que el terrible ser no será capaz de tomar represalias.
Asi pues, mientra Jason y Morna duerme uno en brazos de otro, abre un saquito y lo vacia en su mano, cayendo en ella varias piedras, que brillaron al tocarlas algún rayo perdido de luz incierta que alumbraba la noche.
Aquellas piedras, aunque mal pulidas, tenían toda un brillo y un poder especial. De entre ellas sacó una de forma ovalada. En su mano, en las manos del rey del "edén" parecía insignificante, de aspecto mate, pero cuando la convirtió en polvo al aplastarla entre sus manos empezó a brillar, y al ir cayendo sobre los cuerpos de los amantes, surgian destellos rosas y rojos, verdes y azules.
Aquella lluvia de estrellas, que cae sobre Jason y Morna, formada a partir de madera, con huesos y caparazones de animales, adquiendo así la esencia de estos, no brillaba cuando estaba en contacto con algo muerto, pero al entrar en contacto con un ser vivo recuperaba su color y devolvía a estos su estado de antaño.
Lo que sucedió después, fue imprevisible, inimaginable.
Ambos se despertaron sin recordar nada de lo que había pasado, una especie de campo eléctrico externo creado por esa piedra les había transferido de aquel lugar donde se encontraban, a otro donde un calor vital lo irradiaba todo y no dejaba pasar, no dejaba que ningún ser abominable pudiera nutrirse por mucho que lo deseaban de aquellas dos almas. Mientras que un placer intensísimo penetró a ambos recorriendo sus intimidades, y una perla de hielo vino a alojarse en lo más profundo de sus sentimientos. Estaba hecha, dicha perla, de la esencia del amor, ése que sólo puede sentirse una vez, ése que condensa las aguas más puras de los mares. Y un trueno terrible, acompañado de un rayo definitivo, señaló el final del sufrimiento de estos dioses.
Desde el lugar donde se encontraban ahora, pudieron ver como la transparencia de un ojo absorbía todo el mal que trataba de rodearles y lo transformaba en capas densas, desvaídas que rompía contra las rocas, al igual que se rompe el hielo al contacto con el agua cálida.
Jason y Morna fueron pues elevados a su reino mientras se besaban, mientras se sentían deslizar por un abismo blanco, flotando a traves de un abrazo suave hecho de espumas.
Hoy han llegado, a su fin, las aventuras de Jason... como sedoso espíritu de nieve, pues como podrán comprobar el protagonista de este cuento es él y no Morna.
No me digáis, oh jueces, que el amor es mentira: "que un beso o una sonrisa muchas veces desnivela la balanza ideal de la justicia."
Amad mientras amor os brinden las flores, mas huid de él si os se presenta con ortigas; y no son, inventos estas andanzas... preguntadle a un corazón que conozco, que fue testigo del viaje de Jason, má callo, porque creo que como yo... conoces la leyenda.
Juan Lucas.

domingo, marzo 11, 2007

La sonrisa de Morna VI

Mientras la vida se le escapa, Jason ve como Lilith se burla, sonrie ante su triunfo y, como lentamente, sin prisas, causándole el mayor dolor posible va extrayendo su alma del que fue su cuerpo mortal, para como fue su idea desde un principio en que le concedió su deseo de realizar este viaje, atormentarla durante toda una eternidad en su oscuro reino.
- ¿Era esto lo que deseabas Jason? Pregunta Lilith mientras continua apoderándose de su alma. Has tenido todo lo que deseabas en este tu anhelado viaje y ahora al igual que los que comen el "fugu", que no saben de su venenosa carne, tan solo de la exquisitez que produce su sabor en la punta de los dedos y en los labios, que no saben que una vez hayan engullido su carne sufrirán una terrible muerte por afixia, tú al tomar esos placeres que tanto creías necesitabas has provocodo la muerte de algo que tenías, que no supiste apreciar y que era la envidia del resto de tus semejantes:
"El amor de Morna".
Ahora, me perteneces para toda una eternidad.
- Lilith, has ganado, susurra Jason. Al principio de mi llegada a este mundo, no intuí el juego, y lo seguí. Era atractivo, infantil, excitante. Ese fue mi principal error, que aún sin dejar de ser infantil no era un juego. Caminé perdido, ahogando mis latidos en el paso rítmico de la huida hacia atrás. La imagen de Morna se desvaneció rápidamente entre mis dedos, diluida en el viento de los falsos amores, de los falsos sentimientos. Sentí apoderarse de mí la idea obsesiva de tan solo poseer, de desear y ser deseado. Ahora, de vuelta a casa, ahora que de nuevo sé quien soy, sé que la perdí para siempre, pues la cambié por lo fácil, por lo perecedero... cambié la felicidad de toda una eternidad por unas efímeras noches de creerme fasalmente amado.

Lentamente el sol va terminando su recorrido de este día y empieza a meterse por las cañadas ocultas del océano allá por el poniente. El cuerpo de Jason permanece tendido en la arena, inerte, frío, sin ningún recuerdo, sin ninguna sensación, sin ningún sonido que le envuelva. Todo ha terminado.
Lilith está presta a levantar el vuelo con el alma de Jason entre sus garras, cuando llega hasta ella la voz de la mujer a la que trataba de llegar Jason, que cogiéndole con fuerza la mano y mirando sus ojos malvados y brillantes le grita:
- Detesto mi lecho desde que no esta Jason, yo misma ignoro por qué. En el lugar del corazón tengo un gran agujero, mi cabeza esta vacia; todo me ofende y jamás mi espíritu estuvo tan meláncolico. Por eso te pido cojas mis manos y cambies mi alma por la suya; porque no temo nada, ni siquiera la muerte, cuando mis manos estén entre las tuyas prométeme que Jason volverá a la vida, aunque haya preferido a otras mujeres más frívolas y hermosas que yo.
Te ruego pues le devuelvas la vida y dejes durante unos días que vuelva a abrazarle, que vuelva a sentir su corazón palpitante. Después de este tiempo, no podré negarte nada, podrás hacer lo que quieras conmigo; si mi sufrimiento te pueda causar placer, tendrás mi alma para torturarla durante toda una vida; porque debes saber, que una vez vuelva a recuperar su amor, nada me importará, pues ni tú ni nadie podrá quitarme ya la dicha de haber sido nuevamente amada por él.
Lilith, no duda en aceptar esta propuesta. Sabe que Jason será de nuevo suyo, pues conoce su debilidad, sabe que aunque haya prometido fidelidad de nuevo volverá a su vida anterior... así pues, al aceptar habrá conseguido infligir una terrible derrota al rey del "edén", pues le habrá arrebatado de ese su reino a los dos seres más amado por él. De este modo, segura de su triunfo sobre estas dos pobres alma, deja de nuevo la de Jason en su cuerpo y desaparece.
Al poco, Jason abre los ojos y ve como la mujer que el vio, a la que no sabe como llegó, le tiene apoyado entre sus muslos mientras que con sus manos le acaricía sus bellos y negros cabellos. Aún la oscuridad del lugar donde estuvo le impide ver con claridad, lo único que puede ver con una nitidez sorprendente son los ojos de esta mujer. Unos ojos bellos, profundos, tan profundos que puede entrar a través de ello y oír una voz que le dice:
- Jason, regresé, sí, soy yo, Morna. Dije que volvería, que regresaría a ti, sé que no es este el cuerpo que recuerdas, pero mira mis ojos, míralos bien porque en ellos verás que siempre te he querido aunque tus ojos estuvieran ciego a mi cariño. Tenemos poco tiempo para estar juntos, por esto quiero me abraces con rabia, me estreches violentamente entre tus brazos, beses y acaricies mis miembros, miembros lisos como el cristal, frescos como manantial para el viajero en el desierto. Aprieta tu rostro contra el mío, mientras tus manos ya cálidas recorren todo mi cuerpo. Te causaré todo el placer que en mi alma resida, pues debes saber que mi cuerpo está inquieto e inconsolable desde que no está cerca del tuyo.
Quiero me hagas tuya, quiero que una niebla invada mis ojos y que mis rodillas flaqueen cuanto me toques. Deseo sentir esas caricias tuyas maravillosas, aunque al principio me hagan daño al recordar como tus manos acariciaron, se estremecieron con otros cuerpos.
No sé, ignoro si experimentarás el placer que con otras tuvistes; y acaso estés triste después de haberme amado. Pero Jason, si consigo un placer para ti, no vaciles en tomarme, porque tu placer es el mío y nada deseo tanto como hacerte feliz. Quizás no sea de tu gusto y dudo que te procure mucho placer, porque prefieres probablemente a esas mujeres más frívolas, hermosas y alegres... que yo. Pero, si quieres, trataré durante este tiempo ser lo más frívola posible y te complaceré en todo a fin de que no quedes decepcionado, porque tan solo quiero darte todo el amor que pueda antes de alejarme para siempre.

Juan Lucas.

jueves, marzo 08, 2007

La sonrisa de Morna V

Jason, despierta muy de madrugada. El sonido de una especie de campanilla le saca de su letargo. Contemplando a la chica que le ha hecho compañía durante todo el día y parte de la noche se siente extraño, no sabe quien es esa mujer, ni porque yace con ella.
Se viste y baja las escaleras en penumbra afirmando bien los pies, pues su cabeza está aún embotada de los licores y humos del día anterior. A estas horas, no hay nadie por las calles, siente que el amanecer es fresco. Una llovizna menuda caida en el día anterior ha dejado un aire limpio que deja colarse a través de él, una suave pero fresca levantera que presagia el ya cercano Otoño. Se acaba el verano... se dice, mientras cubre sus hombros con una fina capa y, sin mucho convencimiento se echa a caminar.
Al doblar la c
alle principal de la ciudad de Cozuc, llega hasta la playa, nunca antes a pesar del mucho tiempo pasado en esta ciudad había estado en ella. Aún es de noche y terriblemente cansado, no hace otra cosa que tumbarse sobre la arena a esperar pacientemente el primer rayo de sol que le de un poco de calor a su maltrecho cuerpo.
Estos, no tardan mucho en aparecer por el horizonte obligándole de esta forma a abrir sus ojos para mirarlos, pero a la vez que mira hacia el Oriente esta salida del rey sol, cree ver el cuerpo de una mujer que viene hacía él.
Al contemplar aún en la lejanía esta silueta femenina, una descarga eléctrica recorre su columna, pues sus pasos, su caminar le es muy familiar, tanto que de un salto se levanta y se dirige hacia ella.
Jason, empieza a caminar rápidamente sobre la arena al encuentro de esta mujer, la prisa por llegar hasta ella hace que se despoje de la capa que antes le cubría. Sin saber porque pues aún no ha visto como es esta doncella se siente sastifecho, alegre... Empieza a caminar más de prisa para llegar antes a ella, el sol empieza a metérsele por las espaldas y el sudor empieza a hacerle sentir mal, se para un momento y se quita la camisa que cubre su torso... la respiración por el esfuerzo que está realizando se le hace cada vez más y más trabajosa, más dificultosa; su corazón bombea a toda prisa para llevar el líquido vital a todos los órganos de su cuerpo... se siente desfallecer, todo le da vuelta... y ella todavía está lejos, muy lejos... se anima el mismo:

- Adelante Jason, adelante, no defallezcas, falta poco para llegar.
Hacía tiempo que no recordabas haberte sentido así, a pesar de todo lo experimentado en esos lugares que tanto te atraían.
Estos nervios, esta exitación a pesar de parecer muerte, te están dando la vida.

Ahora, camino de esta imagen que le atrae, que le llama, recuerda las muchas maldades cometidas, sus traiciones, sus excesos... y como si un rayo divino le hubiese devuelto la cordura, la memoría, le viene a la mente la imagen y las palabras de una adorable y bella mujer que le pidió por favor se quedará con ella, que no se alejará. Una mujer que le amaba sobre todas las cosas y, que él dejó abandonada por el solo hecho de conocer un nuevo mundo, nuevas diversiones, nuevos sensaciones.
Las gotas de agua de las olas golpean su rostro como si de lluvia se tratase, pero su cerebro está demasiado ocupado con los pensamientos anteriores para pecartarse de ello, ni incluso el aviso de su corazón que con un terrible dolor le contrae el pecho impediéndole respirar le hacen aminorar su marcha.
Jason, mira hacia el lugar donde permanece la imagen de esa mujer, el agua del océano se enfurece más y más estrellándose ruidosamente contra el suelo, resonando como un persistente redoble de cien tambores juntos ¿ o es su corazón el que hace ese redoble?
Por primera vez en su vida Jason, siente miedo. Está solo, no tiene quien le ame, quien le cobije... solo, estoy solo, se dice una y otra vez.
Fue un instante, un parpadeo de ojos. La lluvia, esa lluvia procedente del océano cesa repentinamente, también el ruido del agua al estrellarse contra la tierra. Jason cae al suelo como si alguien le hubiese arrancado de cuajo su corazón, su vida. La oscuridad es total, impregnada de un silencio de ultratumba, Jason intenta ponerse de pie, de razonar con lógica... pero no, no puede... siente una parálisis penetrante que le inmoviliza y le convierte en un ser desvalido.
Su cuerpo es recorrido por escalofríos, tensión, vértigo y temblores... miles de ideas cruzan por su mente fulgurantemente... aunque lo único que oye Jason en su semidespierta mente es una voz que le dice:

¡ Qué extraña es la vida!, vamos y venimos como hojas desgajadas, movidas por el viento del destino, hasta caer en tierra, inmovilizadas por el barro que las pudre.

Juan Lucas.

miércoles, marzo 07, 2007

La sonrisa de Morna IV

Sus caras son como hachones encendidos, como de carbones de fuego... sus rostros llenos de pústulas infectadas, sangrantes y malolientes, parecían ojos vacios, muertos, vidriosos... con un color parecido al de la tierra cuando ya no tiene vida, y sobre sus cabezas en vez de cabellos surgían serpientes que al moverse producían un ruído parecido al de las muchedumbres que dominaban. Pues Kaptah, Muti y Merit no eran otros que tres de los hijos mas pervesos y crueles de la terrible Lilith.

Conseguido ya su proposito, este tres personajes dejan a solas a Jason en este antro en el que el joven dios cada vez va perdiendo más y más la dulzura, el encanto, la inocencia que tenía antaño, y que le hacia ser el más querido, el más deseado de todos los dioses del reino del edén... y deciden regresar a un hospedaje, casi escondido de la vista de los demás seres que habían alquilado para su descanso.

Jason, pasa toda la noche y gran parte del día en ese lugar donde reina tan solo el desenfreno y la sin razón gobiernan los corazones, donde la amistad no existe, pues lo único que se desea es la compañia de cualquier ser para dar y sentir placer, pues los que allí están, creen que esta es la vida de la que disfrutan los elegidos, la vida de los afortunados, de los que no tienen que dar explicaciones a nadie, de los que vivirán eternamente... de los que siempre serán amados y envidiados.

Ya casi de noche, decidido a continuar conociendo nuevos lugares, nuevos placeres, Jason regresa junto a sus amigos con el único proposito de llevarles con él, a nuevos sitios como del que acaba de llegar, pues no sabe porque pero necesita más y más cada vez a estos que el llama amigos y estos lugares.

Al entrar en la habitación donde descansan, Raptah le pregunta con un sonrisa burlona y de desprecio en su cara ya humana:

- ¿Dónde te has escondido durante tanto tiempo? ja, ja, ja. Te creía ya desaparecido en la masión del placer para siempre, pues no apareces ni tan siquiera para dormir.. ¿será porque ya te acostumbraste a que tu cama siempre tenga gente y te aburres si en ella solo esta el sueño? ja, ja, ja... tranquilo, sientate, duerme aunque sea tan solo un ratito, sin ruído, sin ese licor que tanto te gusta y te hace bailar esa música donde tu cuerpo al moverse incita y vuelve locas a todos los que te miran, ja, ja, ja... la noche, el día es joven... no tengas prisas ¿acaso crees que se iran tus amantes sin esperarte? ja, ja, ja...

- NO, No... gritó Jason, vayámanos, vayámonos... de nuevo, tan solo vine por vosotros.

- Déjame dormir Jason, tranquilizate... le responde Raptah, necesito descansar, vete tu si quieres a la casa del placer, seguro que una nueva protegida te espera, si ya te cansaste de las anteriores ... ja, ja, ja. No te preocupes tu dormitorio, en este lugar, sigue a tu dispocisión, aunque pases varias noches fuera, con esos amigos... tanto yo como mis hermanos te lo cuidamos.

La rabia, la colera, inunda el pecho de Jason ante la actitud de los que él creía sus amigos de correrías al no recibir la respuesta esperada.
Se enfada consigo mismo, empieza a dar patadas contra esas extrañas paredes que forman el lugar donde duermen... una vez se cree calmado, se viste con ropa parecida a la que usa Raptah y se pinta su rostro al igual que Muti y sale de nuevo a la calle a buscar nuevas sensaciones mientras dice:

- Maldito seas Raptah tú y los demás ¿es así como pagas mi confianza en ti? No, no voy a suplicarte que me ayudes… te demostraré que seré capaz yo solo de encontrar esos placeres, esos lugares... duerme, duerme tú y los demás yo tomaré por vosotros todo lo que me ofrezcan: licores, perfumes, pinturas, besos y amores... ja, ja, ja...

Corriendo como loco, Jason atraviesa la calle buscando un nuevo lugar de placer. Recorre todas las calles de Cozuc, que ya le aburre, desea visitar nuevos lugares, nuevos países, nuevos ambientes.

Así, correteando todos los lugares de este lugar, pasa parte de la noche, hasta que encuentra en lo alto de una colina, una casa con antorchas en su fachada y que la gente de este lugar tiene consogrado tan solo al placer, hasta el punto que en ella hay para ello varias habitaciones preparadas tan solo para tal fin, y que para entrar en este lugar, tienes que estar dispuestos a aceptar todas las reglas que lo rigen.

Jason, sediento de experimentar nuevas sensaciones, nuevas experiencia no duda ni por un momento en aceptar, en acatar todas las exigencias impuestas por los que parecen sacerdotes de aquel lugar que guardan la entrada del recinto, pero, que una vez visto el deseo, el ímpetu de este joven por conocer el lugar rompen el juramento de no dejar entrar a nadie que no fuese invitado a este sitio por otros que ya lo conocieran antes, pues al parecer, tan solo al parecer, podían entrar en aquel terrible lugar, los invitados, los conocidos de los que ya estabán en él.
Al entrar en este lugar, ve a muchachos y muchachas que bailan desnudos delante los unos de los otros sin pudor, puede comprobar como reina acá, los más insinuantes bailes que él jamás contemplara, a la vez que observa como estos seres , se entregan unos a otros totalmente, sin importales si le miran o no, sin importales si el que ahora estaba con ellos, minutos antes había sido la pareja de otro.

Jason, se siente irresistiblemente atraido por esta nueva visión y, se acerca a una especie de mesa larga, donde sirven un licor de color naranja, que beben los allí presente de un solo trago, Jason, sin dudarlo ni un momento bebe de la misma forma que ellos, pero no se conforma con un solo vaso, no, toma y toma este licor, hasta que su mente se olvida de todo.

En este estado, al joven dios ya le da igual si es observado o no, si es besado o no, si es acariciado por una o más manos... su mente al igual que sus manos recorren cuerpos y mas cuerpos, va pasando de una a otra, percibiendo distintos olores y sudores... distintos labios recorren los suyos... y otras tantos cuerpos, sudoros, deseosos de placer, acaracian el suyo, ya no distingue si son femeninos o masculinos... le da igual.

Pero del que más disfruta Jasón es el de una joven de pelo rizado, tez al parecer bronceada por el sol del lugar de donde procede. Lleva una especie de antifaz, con unas lentes... como si no pudiese ver bien sin esa especie de antifaz con cristal. Jason, sin pudor, se insunia delante de ella, baila delante de su cara esos bailes que logran que la joven, indecisa en un principio se deje llevar por el deseo de tocar su cuerpo, por el desenfreno de besar sus labios... por el instinto animal de ser poseida.

La joven, cogiendo vivamente la mano de Jason y con sus ojos brillantes por la belleza del joven dios... no duda ni por un momento en besar sus labios... Jason, sonriendo, sintiendo como de nuevo logra lo que se había propuesto, deja que esos labios rojos gusten de los suyos... y dejándose arrastrar por el placer sentido, decide llegar hasta las últimas consecuencias.

Ambos van hasta un lugar, donde una especie de humo parecido a la niebla lo envuelve todo y que hace que sus sentidos se emboten aún más de lo que están y, sin mediar palabra se entrega a los brazos de Jason, mientras este va sintiendo como sus cabellos, su cara, su cuerpo son recorrido por las manos, por la boca de la joven mujer.

Los ojos de Jason, ante tales caricias se van agrandando y adquieren un brillo que cada vez más se parece al de Raptah, su color antaño inocente, brillante, limpio como un amanecer, va tomando esa profundidad de un abismo que te atrapa, su alma cada vez va perdiendo más y más divinidad para convertirse en mortal. Aquella noche, Jason y esta joven pasan la noche juntos, uno en brazos de otro, respirando, sientiendo mil caracias, aunque no amor, pues ambos saben lo que buscan... un falso amor en distintos brazos y en distintos rostros.

Desde su reino Lilith, que lo observa todo, sonrie, sabe que ya no hay marcha atrás, sabe que Jason le pertenece para siempre, nunca más volverá a ser un dios, nunca más volverá a ser inmortal y, el día de su final, ese día que le llega a todos los mortales, su alma será suya.
Juan Lucas.

domingo, marzo 04, 2007

La sonrisa de Morna III

Cuando despertó, era noche entrada.
Jason ya no sentía ese miedo del principio que incluso le impidia pensar.
Se desperezó, volvió a respirar hondo y vio como el resplandor de la luna iluminaba el lugar donde se encontraba. Inclinándose sobre un arroyuelo que pasaba junto al árbol que le había servido de cama, refrescó su cuerpo y su mente, con aquel estimulante líquido que se le escapaba de entre sus manos y gritó a pleno pulmón hasta el punto de alterar el silencio del aquel lugar y hacer que su corazón volvierá a palpitar con fuerza, con tanta fuerza, que parecía le iba a salir de su pecho, pero esta vez no por miedo, no, sino por el placer de pensar en el viaje que iba a comenzar, en lo que le deperaría.
El cielo totalmente cubierto de estrellas y un viento moderado que hinchaba sus ropas le hacia sentirse como velas de un barco y, le invitaban a caminar, a coger el primer sendero que encontrara para de este modo empezar a conocer esta que iba a ser su nueva casa.
Estos estímulos que recibía del nuevo mundo, junto a las palabras que había escuchado durante su sueño, esas dulces palabras que aunque no sabía de quien era, le habían servido como bálsamo reparador, le animaron a emprender la marcha.
No habría andado ni unas leguas, cuando de pronto escuchó una vez que le llamaba:
- "¡¡¡Extranjero, Eh.. extranjero...!!!
Jason, al oír esta voz, se quedó paralizado, y titubeando torpemente, responde:
- Sí, soy extranjero y voy algo algo perdido, ¿me puedes ayudar?
Mientras balbucea estas palabras, un personaje extraño se le acerca:
- Por supuesto, no lo dudes ni un momento. Me llamo Kaptah y de ahora en adelante, seré tu guia, tu padre... tu maestro. Te enseñaré los placeres de este mundo, a tener lo que desees, cambiaré tu aspecto, tu forma de pensar y de ser; a no pertenecer a nadie, a no amar, a no pensar más que en sentir placeres, en desear y ser deseado...
Jason, que encuentra el nombre un poco extraño, al oírle hablar de esta forma, piensa está loco, ya que obviamente no es su padre, ni un Dios que le pueda conceder esos deseos, esos placeres que le promete y, sobre todo, piensa en ese nombre que se ha puesto, Kaptah, le resulta familiar, le trae recuerdos... ¿pero de dónde? ¿de que lugar? Además sus ropas son tan diferentes a la que ha visto a otros caminantes que se han cruzado en su camino, no viste con túnicas de colores como el resto de los seres que ha visto hasta ahora. Kaptah, viste con una especie de vestido largo y negro semitransparente que deja ver descaradamente sus atributos sexuales... y con una cosa blanca en el cuello que él nunca antes había visto, que parece invitar a que se le mire; su pelo, negro y rizado es provocativo, sus labios carnosos invitan al pecado, sus ojos, esos ojos negros y oscuros parecen no tener fondo, es como un abismo que una vez te atrape no te deje salir. Además... su risa, su cara, refleja, aunque él no lo sepa la cara del vicio y la maldad.
Pero a nuestro Jason, no le importa mucho esto que observa, pues piensa que al fin y al cabo, también él es diferente de la gente que ha visto hasta ahora , y por lo menos Kaptah, se está mostrando amablemente con él, le ha prometido cambiarle, enseñarle placeres prohibidos, le acompañará en su viaje, si que lo hará... nadie se enterarán de lo que haga, nadie... eso al menos piensa Jason, y eso le hace seguirle sin dudarlo ni un momento a pesar de lo observado en él.
Durante la marcha, se le unen dos individuos más. Uno llamado Muti, de piel casi negra, pelo pintado para tratar de ocultar sus origenes, la raza de la que proviene, como si se avergonzara de ella, como si deseara aparentar ser de otro lugar, de otro país diferente al que le vio nacer y con la misma lascivia que el primero. El otro, llamado Merit, es casi identico a Kaptah, hasta el punto de que Jason, juraría que fuesen hermanos, visten igual, hablan igual y tienen los mismos deseos y "vicios".
Al principio de su camino, hablan de cosas banales, sin importancia. Jason, aún guarda un poco de la bondad que tenía en los primeros días antes de emprender este viaje, este deseo, este anhelo en el cual cree ciegamente va a ser feliz. Aún sigue siendo ese "dios" bueno que era antes de conocer de verdad el alma de estos seres; más no durará mucho dicha bondad, ni tan siquiera un par de días, pues pronto caerá sin ofrecer apenas resistencia en las redes de estos seres que representa para él todo lo deseado, todo lo soñado...
Jason, pasa su primera noche con estos individuos en un lugar llamado Cozuc, y sin dudarlo, sin pensarlo, toma los primeros brebajes que le ofrecen Kaptah y los demás...
- ¿Has probado ya todas las sustancias de este lugar?
¿Sabes que hay algunas que te pueden llevar a lugares insospechados?
¡¡¡No te preocupes, no tienes familia cercana que viva por aquí, no lo dudes... ja, ja, ja, vamos... mira, mira que cantidad de mujeres hermosas, mira... ja, ja, ja... te están esperando... no titubees, vamos, vamos....ja, ja, ja !!!
Jason, está muy confuso, desconoce, aunque sabe eso sí, las consecuencias que esto pueda acarrearle, y no sabe qué contestar. Tiene miedo de que su respuesta sea la equivocada y también de que estos únicos seres que él admira, que envidia, puesto que desea ser como ellos le abandonen...
Así pues, Jason, empieza a hablar como ellos, a vestir como ellos, lo ve normal, se olvida de la voz femenina que dice que tanto le ama, no quiere recordar nada de su vida en ese reino de la felicidad y el amor, de la gente que le ama, de la mujer que daría la vida por él y sin dudarlo, sin pensarlo más cae en los brazos de las mujeres de aquel lugar.
Lo que Jason no ve, mientras se entrega a los falsos placeres de estas mujeres, al abandono total de su cuerpo y su espíritu, es la cara de Kaptah, Muti y Merit, pues sus caras, esa que ven los demás, y que aparentemente parecen normales, cambia rápidamente a un rictus tan horrososo, tan demoniaco... que hasta el mismo "rey" del eden de donde procede Jason hubiese temblado de terror al verlas.


Juan Lucas




sábado, marzo 03, 2007

La sonrisa de Morna II

Esta frase se la repite a si mismo una y otra vez, hasta que logra calmarse, hasta que nota como al respirar hondo, sus pulmones se llenan con el aire fresco de aquel lugar, ofreciéndole una nueva visión totalmente diferente a la de su llegada a este nuevo mundo del que nada conoce, que tanto miedo le causa y... que a la vez le es tan familiar.
Empieza de este modo, ahora, a darse cuenta de la paz y la tranquilidad reinante en este hermoso lugar que no sabe porque ama, porque admira... y esto hace que su corazón al igual que el de niño recién nacido que ve la luz por primera vez, dejé de latir de prisa, que el sudor frío que momentos antes recorría su piel vaya desapareciendo para dejar paso a una suave y placentera sensación de frescor y bienestar. Que sus sentidos antes dormidos y cerrados a los diferentes olores y sabores que emana este magnífico lugar, se abran y despierten para así contemplar en su máximo esplendor la belleza que le rodea, para escuchar ahora sí, el sonido del agua, el ruido producido por el viento al chocar con las ramas de los árboles, que tan terrible miedo le producía al principio, como algo placentero, agradable, ya conocido, que parece le tiendan su mano invisible, invitándole a la más dulce de las danzas.
Ante esta nueva situación, Jasón, se siente con la necesidad de recostarse bajo un hermoso árbol que un poco más allá de donde se alla, le invita con el color verde de sus hojas y el cálido susurro de su voz al ser atravesado por la fresca brisa, a protegerse de los terribles rayos del sol que a esta hora asolan el lugar donde se encuentra y que queman sin piedad su blanca piel.
Sin dudarlo, Jason se dirige hasta este árbol y al apoyarse contra su viejo y añoso tronco, empieza a caer sin darse cuenta en un ligero sopor que a poco, se va transformando en sueño profundo y reparador para su cuerpo.
Mientras el sueño se apodera de su espíritu y su cuerpo, llega hasta su mente una dulce voz femenina, que aunque no sabe de quien es, le resulta conocida, familiar:
- "Sé valiente, Jason. Porque regresarás de nuevo a mis brazos, quizá con otro cuerpo, en otro tiempo, en otro lugar, pero yo te esperaré hasta el último aliento… hasta que el mundo deje de girar.
Ahora, amado mío, no tendrás mas remedio que aceptar las consecuencias de tus actos, de ese deseo, de ese impulso, que te hizo huir de mis brazos amantes para refugiarte en ese mundo que tanto ansiabas, que tanto anhelabas, plagado de bellas mujeres y dulces licores que embriagarán tu alma y tu mente.
Podrás comprobar ahora, en esos momento, mientras te abrazan, mientras te besan, que el amor que te ofrecen, que los besos que te dan y que tú aceptarás como la más dulce de las ambrosías, estará falto de lo esencial, de amor... y llenos eso sí, de mentiras y de hipocresías.
Te darás cuenta, con dolor, en tu propio cuerpo que no te amaran por lo que eres, que tan solo sentirán deseo de ti para saciar sus apetitos carnales... para luego pasar a ser nada más que uno más en su historial de conquistas y aventuras...
Más, recuerda que yo, te seguiré amando, y deseo sepas que nuestro amado "rey", me ha concedido el deseo de hacerme mortal al igual que tú. Pronto estaré en ese lugar, y aunque, cuando me veas no me recuerdes, mirame a los ojos, no olvides esto que ahora te digo, recuérdalo; pues será la única manera de poder ver mi alma, de ver que te he perdonado y que siempre te he querido... no renuncies a este amor que nos tenemos... aunque te será díficil después de lo que vas a pasar, volver a reconocer el amor verdadero.
La dulce voz femenina concluía diciendo:

"Eres muy especial, para mí y a pesar de la terrible y dolorosa decisión que has tomado de abandonarme por otros placeres, por otros labios, por otros brazos... siempre estaré contigo.
Ten fe, confianza, ocurra lo que ocurra, y veas lo que veas….
Pronto estaremos de nuevos juntos."

Juan Lucas.

jueves, marzo 01, 2007

La sonrisa de Morna I

Prólogo:
No todos los personajes de cuentos son felices.
Sus historias no acaban siempre con ese dulce y apasionado beso final entre los sufridos protagonistas y, ese “fueron felices y comieron perdices durante toda su vida” que todos esperamos ocurra al final de cada uno de ellos.
Tomemos como muestras de estos bellos finales a: “Cenicienta, Blanca nieves o La Bella y la Bestia”, donde siempre queda reflejado cómo es una relación idílica, y nunca o casi nunca nos llegan a mostrar los malos momentos de una relación: “Rutina, enfados, celos, TRAICIONES”. .. qué son parte de la vida cotidiana de los que nos llamamos mortales.
Pero, al igual que a veces el mar rompe los diques que la mano humana construye para cerrarle el paso, y volver de este modo a besar la arena de la playa a la que tanto ama y que los hombres tratan inultimente de separar, una y otra vez, con miles de trabas y mentiras.... hoy voy a crear unos personajes que romperan, como el mar, mis finales tristes; unos personajes a los que daremos un tiempo de felicididad, un tiempo para que puedan vivir el comienzo de este verano que ya anuncian las altas temperaturas de mi país, unas primeras vacaciones juntos en una tierra de felicidad... para luego y como punto y final hacerles ser felices para toda la eternidad.
Sea este cuento romántico y de hermoso final en honor a una linda “gatita azul” con alma de “lobo estepario” que el otro día se sintió algo triste… y que espero con esto vuelva a sonreír… y sepa que aún en la muchísima distancia que nos separa mi compañía y mi cariño, siempre estarán con ella.
Empiezo pues para ti, mi dulce Blue Cat, ese cuento que me pediste que empezara no se si ayer o hará algún tiempo más. (Perdóname pero llevo unas semanas fatal).
Y como leí en tu blog que viste y que te encantó la película “El laberinto del fauno” del director Guillermo del Toro y aún a riesgo de que me acusen de plagiador quiero comenzar esta narración con algunos trozos del dialogo o narración del cuento del principio de este film; aunque claro está cambiado algo…
Sin más así empieza esta aventura:

Juan Lucas.



LA MIRADA DE MORNA

“Cuentan que hace mucho, mucho tiempo… en un lejano reino habitado por dioses, hadas, unicornios y otros seres maravillosos, lugar donde no existe ni el dolor, ni la mentira, vivía un “dios” que soñaba con vivir en el mundo de los humanos.
Soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol que cada día veía alumbraba este mundo tan maravilloso que él, con ternura y deseo, observaba cada mañana desde su reino con una sola idea en su mente, la de convertir en realidad su gran anhelo y vivir en este mundo "terrenal" para el resto de sus días.
Pero para convertirse en humano, debería renunciar a la inmortalidad, a ese reino donde no había dolor, ni muerte… donde tan solo reinaba el amor y la felicidad y abandonar el amor de la hermosa diosa que con él compartía su vida.
Decidido pues, a vivir en ese mundo costase lo que costase, besó una noche a su amada diosa y sigilosamente salió del palacio logrando burlar toda vigilancia impuesta por el rey de todos los dioses, hadas y otros seres que habitaban este plácido reino para de este modo impidir que nadie lo abandonase sin su permiso y... escapó.

Una vez fuera del reino, no tuvo más remedio que visitar el inframundo de “Lilith! (1), madre de todos los demonios, la única, que debido a la terrible maldad que albergaba en su alma, sería capaz de enfrentarse a la colera del todopodereso "rey" que con mano ferrea controlaba la felicidad de sus subditos., una vez se hubiese enterado de su fuga. Única también capaz de concederle su deseo de convertirle en mortal.
Litith, envidiosa y celosa de la felicidad y belleza de este dios y siempre enemiga acérrima del reino de los dioses, vio en este deseo, una forma más de demostrar tanto a los mortales como a los inmortales su poder y capacidad para hacer el mal.
Así pues, alegre y sastifecha de demostrar una vez más su poder absoluto sobre las fuerzas del mal, preparó un bebedizo, que daría de beber al joven dios, el cual olvidaría nada más tomarlo todo lo vivido anteriormente.
Y, así, una vez conseguido esto, le llevaría a su negro y terrible reino, desde donde le enviaría escoltado por sus maléficos y alados hijos a ese lugar llamado Tierra, habitado por seres mortales, salvajes, primitivos… faltos de amor y pasión… que nada sabían de los placeres y sensaciones que reinaban en el reino de los dioses, sería mortal y de este modo.... suyo para siempre.

Jason, que así se llamaba este dios, deseoso, ansioso por realizar su sueño, aceptó sin dudar tomar este brebaje preparado por Lilith y, mientras bajaba por su garganta la amarga y terrible bebida que en vaso de plata le ofrecía Lilith, empezó a sufrir, a notar mil y una dolorosas transformaciones en su bello cuerpo, que le hicieron no se pareciera en nada al ser que había sido.
Cuando despertó, Jason no sabía el tiempo que había transcurrido desde que tomó el bebedizo que le preparara Lilith, ni los cambios producido tanto en el exterior como en el interior de su cuerpo, nada recordaba de lo vivido anteriormente, ni quien era, ni de donde venía... nada.
Se encontró pues en un nuevo lugar que nunca antes había visto, que no conocía, atenazado por el miedo, cegado por la luz de un sol que lastimaba sus ojos y que le hicieron cubrirlo con las manos, con su cuerpo frío a pesar del calor reinante y con un intenso dolor acompañado de sensaciones que nunca antes había sentido...No obstante, y pesar de que el miedo le atenazaba, de que no sabía donde se encontraba, de quien era, Jasón no paraba de repetirse:
- Se valiente, enfréntate a tus miedos y los vencerás.

(1) Lilith: Uno de los siete demonios de la cábala demoniaca. Representada como una mujer desnuda cuyo cuerpo termina en cola de serpiente.

Juan Lucas.