miércoles, diciembre 12, 2007

Para Doce Lunas.



Mi Querida Doce Lunas:

Muchos son los días que llevaba sin saber de Vos, hasta el otro día que tuve la suerte de ver una publicación suya y de este modo pude comprobar de su puño y letra que estaba bien. Muchos han sido los días en los que ni una sola letra salió de mi pluma para Usted aunque lo deseará mas que se pueda desear otra cosa en el mundo, mas debe saber que solo fue eso, no escribirle, porque como mujer inteligente que es, sabe perfectamente que pueden interrumpirse las palabras que escritas sobre una carta pueden viajar al galope o al trote depediendo de la urgencia y la importancia que tenga el mensaje que escrito va sobre ese pergamino, mas lo que jamás se interrumpirá, lo que conmigo siempre estará, será la amistad que en una ocasión me brindó y que sin saber los motivos que a ello la empujaron decidió quebrar unilateralmente al igual que quiebra el fuerte viento la bella "orquidea" que inocente se deja balancear por él, creyendo esta, en un principio, que lo que la mueve es una simple brisa. Nunca por tanto, amiga mía, se va a interrumpir en mí son esos momentos, esas ocasiones en los que siento que me ahoga el no poder respirarle y esa asfixia, que me hace sentir ganas de brotar como una de esas flores que usted mima en su jardín para al menos, sino ser cuidada por sus blancas manos, ser arrancada y arrojada a la tierra que usted luego pise.
Muchas cosas quisiera deciros, aunque la primera de toda sea "Gracias". Gracias por esos momentos en que fue la brisa que acarició mi alma cuando más la necesitaba, gracias por ser una mujer que sin conocerme de nada, me dejó entrar en un hermosa estancia llamada "Doce Lunas" para que yo, desde allí, silenciosamente, a escondidas, pudiera contemplarla y de este modo calmar la desesperación que a veces tortura mi espíritu.
Ahora, mientras le escribo esta última carta (no pude llegar a veinte, como le prometí, por el cierre de tan hermosa estancia) en este lugar de desolación y muerte que como bien sabe es sitio que nunca consideré adecuado para una dama como Usted, pienso sobre la vida, la muerte, la eternidad, el amor, los recuerdos... y otras tantas cosas que a veces comentamos, Usted y yo, en nuestras breves pero intensas charlas y deseo sepa que encerrado en una "cajita" llevaré siempre ese sentimiento bendito de respeto y admiración hacia Vos.
Le devuelvo, no soy ya la persona adecuada para seguir guardándoselo, aquel valioso objeto que me dijo le cuídase y que me rogó nunca dañara por ser objeto delicado y único, creo que así hice, que nunca lo dañé y que se lo devuelvo igual que usted me lo entregó sin ninguna herida o cicatriz que pudiera causarle dolor, para de este modo, señora, siga galopando sobre hermoso caballo blanco de crines doradas y se dirija hacia ese hermoso lugar que tanto le gusta donde la tierra se cubre de rosas y, un sinfín de manantiales tejen alfombras en las tierra.
No puedo describirle lo que mi alma está sintiendo en estos momentos en que de Vos me despido, si tristeza, frío, miedo, ansias... o tan solo sea que quiere tomar las riendas de ese caballo y galopar hacia vos para recordarle que si llega usted a ese hermoso lugar que espero nunca destruya el tiempo (Doce Lunas), no olvide tomar mis sueños, mis risas, mis manos llenas de amor y me lleve a galopar durante un tiempo junto a Usted, sin ninguna otra intención más que la de contemplar por un momento su cara de dicha y felicidad.
Pienso que no debemos tener recelos, que no debemos reprochar nada. Pienso que la vida se compone de ciclos y hace ya un tiempo terminó este nuestro que durante unos momentos de nuestra existencia nos dio a ambos el calor y el abrigo que necesitábamos. Es por esto que quiero recordar tan solo que durante un periodo de estas vidas, tuvimos una casa común que vos decoró con flores pintada por su mano y a la cual yo añadí nuevos pétalos que igual ya creía olvidados, pero querida amiga, como dije anteriormente, la vida esta hecha de ciclos y por encima de todas las cosas, debe estar hecha de libertades.
Termino dando gracias a Dios, a Usted, al destino por haberme dado la oportunidad de conocerla, por haber permitido que aunque de forma "virtual" la haya cuídado, protegido, y por encima de todo, respertarla y amarla.
Ahora, sin miedos, sin temores, sin odios, ni reproches dejaré que mi caballo me lleve a donde desee, sin saber hacia donde me dirije, seguro que allá donde la diosa fortuna quiera guiarme. Pero sepa usted que vaya donde vaya, siempre estará en mi recuerdo, ya sea en mi tierra, en su tierra, en nuestra tierra, la seguiré observando a través de las raices de su pasado, de sus temores y alegrías. Le recordaré en mi vida, en su vida, en nuestras vidas, pero también le recordaré desde cualquier otro espacio donde vaya o me encuentre o quizá la vea cada noche, cada vez que mire hacia la luna. Sí, ahora estoy seguro, que allí estará prendida del borde de una tímida estrella.
Siempre suyo.
Juan Lucas.

martes, diciembre 04, 2007

Navidad; ¿Cenamos en casa de tus padres o de los míos?

La Navidad, el arbolito y Papá Noel; los regalos y las tarjetas; los fuegos artificiales, las velas encendidas y las luces de colores; el pan dulce, los turrones, diversidad de platos, postres y bebidas y las frutas secas










"...fue como si algo
o alguien con las manos sucias
y los ojos rojos, pusiera una
asignatura pendiente grabada
en alguna neurona de mi
cabeza."






La calle será su escuela, su universidad,
Su casa; el asfalto su morada.
Y la sociedad urbana le irá formando en secreto,
Y el suburbio le hará cama; y se hará larva.
Y el arrabal le hará diestro de la lata y del solar.
Mentiroso, chamullante, maestro de la miseria;
descuidero, estafador,
Embaucador, anarquista, o ¿quién sabe?
Quién sabe si quizás antes de morirse o matarse,
Podrá del hambre vengarse; para ser puente o ser morada,
O reventar tristemente en una asquerosa arcada
...


Ojalá, alguien se asombre, ojalá.

Ojalá alguien no llore...

Mas no puedo seguir juzgando, no debo, no tengo hambre."

Paxti Andión.

Juan Lucas.

lunes, noviembre 26, 2007

Plegaria.

¡Paz al mundo, Señor, por tanta vida
sin provecho y en flor sacrificada,
tanta entraña de madre torturada,
tanta ilusión de amor desvanecida!

¿No oyes gemir la tierra dolorida
que rasgó del dolor la colmillada?
Salva a la humanidad que se degrada
en manada de lobos convertida.

¡No más cuadros homéricos de guerra,
no más notas de cantos funerales,
no más cañón desolador que aterra;

ni más campos trocados en eriales,
ni más bosques de cruces en la tierra,
ni más festín de buitres y chacales!



Todo el mundo lo olvidó, y solo... solo deseo que por fin obre el milagro de azucenas y mariposas y convierta el látigo, en flores, en flores que no tengan más asperezas que la espinas que esconden todas las rosas.

Juan Lucas.

miércoles, noviembre 21, 2007

El fin del sueño.


Hace mucho, mucho tiempo
aún puedo recordar
como la música solía hacerme sonreír
y sabía que si tuviese mi oportunidad
podría hacer bailar a aquella gente
y tal vez ellos serían felices por un momento.
¿Escribiste en el libro del amor?
¿Y tienes fe en el Dios de las alturas,
Si la Biblia te lo dice?
Así que, ¿Crees en el rock 'n roll?
¿Y puede la música salvar tu alma inmortal?
¿Y Puedes enseñarme a bailar lento realmente?
Bien, sé que estás enamorada de él
porque te vi bailando en el gimnasio
los dos os quitasteis los zapatos
Tío, Enterré esos rhythm and blues
Yo era una adolescente solitaria, montando potros
con la piel sonrosada y una escavadora
pero supe que no tenía suerte
el día que murió la música
Por eso estoy cantando
"Adiós, adiós, Miss American Pie"
conduje mi Chevy hasta el embalse
pero el embalse estaba vacío
ellos, los chicos mayores buenos
estaban bebiendo whisky y centeno
cantando, "Este será el día en que muera"
"Este será el día en que muera"
Conocí a una chica que cantaba Blues
Y le pedí algunas buenas noticias
pero ella simplemente sonrío y se fue
cuando fui hasta la tienda sagrada
donde había oído la música años atrás
pero el hombre de allí me dijo que la música no se pondría
En las calles los niños gritaron
(Los niños gritaron) Los amantes lloraron, y los poetas soñaron
(Los poetas soñaron)
pero no se dijo una palabra
(No se dijo una palabra)
todas las campanas de las iglesias fueron destruidas
Y los tres hombres que más admiro
El padre, el hijo y el espíritu santo
tomaron el último tren hacia la costa
el día que la música murió.
Por eso estoy cantando
"Adiós, adiós, Miss American Pie"
Conduje mi Chevy hasta el embalse
pero el embalse estaba vacío
ellos, los chicos mayores buenos
estaban bebiendo whisky y centeno
Cantando, "Este será el día en que muera"
"Este será el día en que muera"
"Adiós, adiós, Miss American Pie"
conduje mi Chevy hasta el embalse
pero el embalse estaba vacío
ellos, los chicos mayores buenos
estaban bebiendo whisky y centeno
cantando, "Este será el día en que muera"
"Este será el día en que muera"
Por eso estoy cantando
Por eso estoy cantando
Por eso estoy cantando
Por eso estoy cantando
Nota del traductor: American pie se traduce como pastel americano, pero en realidad es una metáfora que se refiere al sueño americano. Realmente no tiene traducción

lunes, noviembre 12, 2007

LA CARTA


Hoy, bastantes días después de lo último que dejé en esta casa que al igual que mi alma anda semiderruida, abandonada y desértica, aparezco de nuevo para dejar en ella las letras de una carta. Carta que no es mía, carta que llegó hasta mí el pasado día uno de noviembre, día de todos los santos acá en mi país, en uno de ese lugares donde moran los muertos.
Estando en este lugar llamó mi atención un papel de color lila pálido que jugueteaba alegramente con el viento, y que fue a caer a mis pies. Sino hubiera sido por aquellas dos letras en las que por causalidad se fijaron mis ojos, no hubiera dado mayor importancia a este papel, más al verlas, la curiosidad pudo más que el desprecio natural que le hacemos a lo que es "basura" y con la punta de mi zapato sostuve la vieja y polvorienta hoja para que esta no siguiera jugando con el viento y se perdiera para siempre de mi vista. A continuación la levanté del suelo, la cogí entre mis manos y leí lo siguiente que a continuación les dejo:
Querido mío:
"Hace más de cuarenta años que en una tarde estival me dijiste "te quiero" al compás de una suave música que arrastraba nuestros pies y unía nuestros cuerpos en un lánguido baile. Te quise desde siempre, te esperé desde siempre. Mis diecisiete años y tus veinte años brillaban a la luz de la vida y creíamos conquistar el mundo. Aceptábamos la realidad de un universo protegido por padres y hermanos, el que nos parecía que nunca acabaría. Nuestra realidad se acomodaba a la creación de nuestras fantasías.
Como mujer me acomodaba a los requerimientos sociales impuestos desde la mitad del siglo XX. Pero nosotros, tú y yo, éramos parte de la generación de los años sesenta. Los inconformes de los años setenta y los protagonistas de los posteriores. Éramos la generación del cambio.
Fuiste tú primero quien se dio cuenta de que ese mundo en que yo soñaba y vivía era irreal, que había otro mucho más real y duro que se estaba gestando y del cual debíamos ser protagonistas en la sociedad de la que formábamos parte, quisiéramos o no. En ese mundo que tú percibías mejor que yo, desaparecían los antiguos valores y la ética tradicional. Nos urgía al cambio, y nos empujaba a una lucha antigua y nueva al mismo tiempo por la libertad, la justicia y la democracia. Para sobrevivir era necesario luchar y renunciar a los sueños adolescentes.

Yo te quería tanto que si me hubieras pedido el alma yo te la habría dado. Un día te di un anillo con una piedra azul. Tú me diste un par de zarcillos de oro con unas aguamarinas claras como tus ojos. Pero un día... mi padre y sus malos negocios y tu padre, cada uno por su parte intervinieron en nuestro futuro. Lloré el día que me dijiste que no había futuro para nosotros, y no lo acepté porque sabía que te quería y que tú me querías.

Pero tú ya sabías de luchas y de renuncias. Sabías que la suerte no es sino el corolario del éxito y del esfuerzo personal. Sabías que el camino del éxito estaba alfombrado de renuncias. Y renunciaste a mí.

Te casaste tal como tu padre te sugirió. Yo me casé sin sugerencia alguna. Aún me duelen tus esponsales. Me duelen tus hijos porque no fueron los míos, pero no tengo para ti otra cosa que no sea amor, como no lo tenía en aquel entonces. Por eso, si en mi impetuosa juventud, alguna vez sentí dolor y hasta despecho, ahora hay dentro de mí un amoroso perdón para ti, del mismo modo que quiero que me perdones por no haberte sabido comprender y obligarte a una dolorosa renuncia, por no haberte ayudado en la búsqueda de caminos alternativos y de soluciones compartidas, porque si hoy se presentaran esas mismas situaciones te ayudaría sin desmayos ni cansancio.
Estoy segura de que te esforzaste por ser feliz y lo quisiste para quienes te rodeaban, que en ese esfuerzo, también, fuiste feliz, de que eres feliz. Yo lo soy en los ojos de mis propios hijos. Me has visto. Nos hemos visto muchas veces. No sé si eres más viejo o si tienes canas porque yo siempre que me encuentro contigo, me late aceleradamente el corazón y te veo radiante como aquel día de diciembre hace cuarenta años.
Si alguna vez pudiera volver a sentir tu mano entrelazada con la mía, si alguna vez pudiéramos continuar la aventura de querernos, yo te estaré esperando. Si no, si la vida ya ha dejado huellas demasiado profundas en ti como para haberme olvidado sólo quiero que sepas que te quiero hoy, igual que ayer, y por toda la eternidad."

Querido mío... continuaba la carta, pero luego varias ondulaciones bordeadas de polvo señalaban que la carta se había desgarrado, llevándose el viento el párrafo final, la firma y tal vez, la última ilusión".
Me emocioné ante esta anónima carta y gruesos lagrimones cayeron bajo mis ojos. Por unos segundos desaparecieron de mi vista, la gente, el ruído, los murmullos... y sólo la carta ocupó mi mente y mi corazón.
– ¿Quién la escribió? ¿Cuando? ¿Ayer? ¿Hoy? ¿La semana pasada? ¿Por qué la escribió? ¿A quién la escribió? ¿Quién era él que a través de cuarenta años podía mantener viva la llama de un amor? ¿Quién era ella que así amaba?
Me reproché y me reprocho ahora a mi mismo el haberla leído, el haberla copiado y dejado en este lugar pues ¿quién soy yo para leer el alma, para copiar el alma? Porque lo que tengo claro es que quien la escribiera ha dejado el alma en esta carta.
Me estremecí y el papel resbaló, escapó de mis manos y voló de nuevo. El fresco aire de este día acarició mi cara. Vi un sol brillante que hasta ese momento no había visto y que irradiaba con sus rayos de luz un cielo celeste, observé como blancas nubes mensajeras del otoño que ya anida en estos lugares jugaban con el viento. La carta, jugaba también de nuevo con el viento. Comprobé que la vida es bella a pesar de los golpes que a veces de ella recibimos, que amar a tu esposo/a, a tus hijos, a tus perros, a tus plantas es algo único que despreciamos a veces por bello... que hay muchas cosas que contar y compartir.
La carta voló lejos de mí y cayó de nuevo sobre el asfalto revolcándose entre el polvo y la hojarasca. Salí despacio de aquel campo santo y caminé pensando mientras me dirigía hacía mi automovil que tenía estacionado en el borde de la acera, que la vida nos hace parecer como hojas de papel que vuelan con el viento del destino.

Autor/a desconocido.

Juan Lucas.

sábado, noviembre 03, 2007

Ayer como hoy (Final).

Y de esta manera mi felicidad iba aumentando, y sentía en mi interior como el gozo, el placer, la alegría por poseerla iba creciendo al igual que crece el caudad del río al ser alimentado por el agua de lluvia, y al igual que este se desborda para expresar su amor y su poderío a las tierras por donde pasa, mi pasión, mi amor, llegó al extremo en que ya no podía vivir sin ella,no podía esconder por más tiempo el placer y el amor que me producía aquella mata de pelo, pues sólo cuando estaba junto a ella sentía ese placer sobrehumano que nunca antes había sentido, ni creo nadie jamás pueda experimentar sin poseer tan maravilloso objeto como el que ahora yo poseo.
Era el culmen de la alegría profunda, el placer inexplicable de poseer lo inasequible, lo invisible, lo muerto. Ningún amante, de eso puedo estar seguro ha disfrutado nunca de gozos tan ardientes, tan terribles como los que yo experimento y siento cada vez que la hago mía. Es por esto que, no pude, no quise esconderla por mas tiempo. La amaba tanto que ni quería ni podía estar sin ella, y así, desde entonces a todos sitios la llevaba conmigo. Allá donde fuera yo, ella me acompañaba, paseábamos juntos por la ciudad y al igual que si fuera mi esposa, la llevaba al teatro, y entre palcos con rejas, como si fuera mi amante secreta, la besaba, la tocaba, la acaricaba sintiendo en ello el placer oscuro y morboso que la clandestinidad de un amor prohibido nos suele dar.
Pero ocurrió lo que tanto temía. A pesar de que procuré que nadie pudiese verla, a pesar de que nos besábamos a escondidas, de que hablábamos en lugares donde poca gente iba... la vieron... ¡SÍ! supieron de ella, de su belleza, del inmeso placer que proporcionaba, la vieron y me la quitaron... grité y juré matarlos sino me la devolvían, sino me dejaban vivir con mi amor, pero ellos me metieron en esta carcel como si de un malhechor se tratara... me la quitaron... me robaron mi vida, mi sueño, mi ilusión y solo me han dejado la miseria de una triste y solitaria existencia.
Aquellas notas terminaban allí. Una flecha trazada por una mano febril, temblorosa indicaba un camino a seguir, un camino hasta el final de aquel diario. Fui pasando las hojas una a una hasta llegar a aquel lugar y fue entonces cuando la vi.
Era una larga centella de cabellos rojos que al rozarlo acarició mi piel como si de un pájaro de oro se tratara. Me estremecí al sentir entre mis manos su tacto acariciador y ligero. Mi corazón latía raudo, veloz. Una extraña sensación de repugnancia y deseo invadió mi cuerpo. De repugnancia al igual que el que pueda sentirse con el contacto de aquellos objetos utilizados para perpetrar los más atroces y terribles crimenes; de deseo al igual que el que se siente ante la tentación de algo infame y misterioso.
Y sin saber o sabiendo que hacía corrí a cerrar puertas y ventanas para ocultar aquella maravillosa mata de pelo de la vista de los demás, para que nadie supiera de ella, para poderla disfrutar y que nadie me la arrebatara como le hicieron a aquel pobre loco... pues todos saben que la mente del hombre es capaz de cualquier cosa...

Juan Lucas.

lunes, octubre 22, 2007

jueves, octubre 18, 2007

Ayer y hoy IV

Y aquella maravillosa, plancetera y emocionante sensación se apoderaba de mí más y más.
- ¿Qué era aquello que me ocurría? ¿A quién había pertenecido aquella hermosa trenza de cabello? ¿Qué tragedias o aventuras escondía? ¿Quién y porqué los había cortado? ¿Odios... celos... amores tan intenso que van más allá de la eternidad? ¿Qué guardaba, qué encerraba'
Estas y otras cientos de preguntas corroían mi mente cada vez con mas virulencia. Y lo que turbaba aún más mi paz, lo que me hacía enloquecer cada día más y más era el sentir fluir entre mis dedos cada vez que acariciaba aquellos hermosos cabellos el deseo, el dolor, la rabia de no poder mostrar a todos a aquella hermosa mujer de antaño. Pues loco o cuerdo ya no sabía como me encontraba, cada vez que tocaba aquella mata de pelo, notaba como ella acariciaba mi piel con una caricia singular, y me sentía conmovido como si fuera a llorar y una fuerza irresistible me hacía mantenerla largo tiempo entre mis manos hasta que cobraba vida entre estas, hasta que se movían como si una parte del alma de aquella singular mujer se hubiera quedado escondida eternamente en aquellos cabellos, y me resistía una y otra vez a devolverla al lugar de donde la saqué, de ponerla sobre aquella cajita de fondo aterciopelado ya descolorido por el paso del tiempo.
Si salía a las calles sin ella, recorría estas preso de la meláncolía y de la tristeza. Vagaba totalmente desconcertado, tan desconcertado como si hubiese recibido en cada calle, en cada esquina, un beso de amor de aquella mujer, como si en cada beso que recibiera de ella se me fuera a trozos la razón y la vida. Estaba y no digo ya me parecía, en otro tiempo, vivía en el mismo tiempo en que había vivido aquella mujer. No podía permanecer lejos de casa. Volvía rapídamente a ella con el deseo irresistible de volver a sentir de nuevo las caricias de aquella trenza. La cogía entre mis manos, la acariciaba sintiendo al hacerlo un placer tan intenso que hacia estremecer mi cuerpo entero; sentía un deseo irresistible de volver a ver mi extraño hallazgo; y lo cogía de nuevo, y sentía, al tocarla, un largo escalofrío que no solo estremecía mi cuerpo, sino también mi alma. Necesitaba verla y tocarla cada vez con mas ansias, con mas premura, con mas intensidad.
Giraba pues lo más rápido posible la llave que abría mi casa, y con la misma emoción, con la misma pasión e ilusión que tiene el amante cuando abre la puerta que le conduce hasta el aposento de su amada, sentía en mi corazón, en mis manos una necesidad singular, continua, sensual de bañar mi cuerpo en aquel perfume embrigador de cabellos sin vida y, no se asombren pues cuando acababa de acariciarlos, cuando de nuevo los depositaba en aquel cajón, seguía sintiendo sobre mi piel sus caricias, como si el alma de aquella mujer hubiese quedado prisionera en aquella mata de pelo; y la sentía y la deseaba y la soñaba una y otra vez. Y sin poder refrenarme volvía a tomarla del lugar donde la habia dejado para volver a tocarla, a excitarme con su dulce y frío tacto, con su placer irritante, enloquecedor, delicioso.
Y así estuve dos, tres meses, no lo sé. Tan solo sé que su presencia me atormentaba, me aturdia. Y que mientras más me atormentaba, más la necesitaba, ¡sí! la necesitaba para ser feliz. Y torturado o infeliz, cuerdo o loco al igual que hacen y harán aquellos amantes que saben se aman , la esperaba cada noche en mi habitación, pues al abrazar su cabellera, aquella hermosa y ya para mí viva cabellera sentía el cuerpo de su dueña sobre mi piel, como hundía mis labios en los de ella, como mordía sus rosados y erectos pezones, como con su mata de pelo pelirrojo se enroscaba sobre mi rostro, ahogaba mi respiración, cerraba mis ojos con aquel resplandor dorado, para hacerme ver el día, el tiempo a través de ella.
¡¡¡Dios como la amaba!!! ¡¡¡Sí, la amaba!!!
Y no me importa me llamen loco, me encierren para siempre entre cuatro paredes, no puedo estar sin ella ni un minuto, no puedo vivir sin verla, sin tocarla. Y la espero... la espero cada día, cada noche, aunque no sepa en realidad que es a lo que espero, tan solo es ella, extraña emoción que se apodera de mí.
Por fin puedo ahora contestar a la pregunta que me hacia cada vez que sentía como sus besos me excitaban y me hacían desfallecer de felicidad, cada vez que la poseía al igual que se posee a una amante:
- ¿Regresan los muertos?
¡Sí, si regresan! Pues ella vino hasta mí. Sí, la he sentido, la he tenido entre mis brazos, la he hecho mía tal y como era cuando estaba viva. Cada noche sabiendo la esperaba, se hacia presente con su larga caballera roja, sus senos fríos, sus caderas en forma de hermosa lira; y después con mis manos que inventaban mil caricias recorría esa línea ondeante y divina que va desde la garganta hasta los pies siguiendo todas las curvas de su carne.
La he tenido, ¡Sí! Dias y noches. Había vuelto, había regresado la bella, la adorable, la misteriosa, la desconocida mujer de antaño.

Juan Lucas.

lunes, octubre 08, 2007

Ayer y hoy III

Día tras día, noche tras noche no hacía otra cosa que pensar en la dueña de aquel hermoso objeto que ahora en mi poder estaba. No dormía, no comía, ni tan siquiera salía como hacía antes a las subastas de objetos antiguos... nada me interasaba más que saber como sería aquella mujer que poseyó el reloj, que tuvo entre sus manos, entre sus tejidos blandos, suaves, almidonados aquel objeto donde dejó impregnado su ser para mi tormento.
Sería el destino, los hados o que así estaba escrito, pero algo me empujó a salir de casa aquel día, después de casi un mes sin pisar la calle. Era una mañana soleada de otoño, caminaba sin prisas, vagabundeaba por las calles con la vista perdida y el caminar de un paseante ocioso. El viejo reloj daba vueltas en mis manos. De pronto, vi una tienda de antigüedades que nunca antes había visto, y en esa tienda un mueble del siglo XVI, no sabía de que estilo era, pero si que era hermosísimo y con adornos muy parecidos a los relieves del reloj. Por un momento pensé que podían haber pertenecido a la misma mujer, a la misma que fuera dueña del reloj.
Sin dudarlo entré a aquel lugar y pregunté al vendedor por su precio. Mucho me pidió por él, con la excusa de que era un ejemplar único que había pertenecido a una condesa italiana, condesa me dijo, que seducía con su mirada, que turbaba con su sola precensia.
No le hizo falta a aquel vendedor de antigüedades insitir mucho sobre la historia de aquel mueble y las virtudes de su dueña para convencerme de que me lo llevará, pues su sola presencia me tentaba a hacerlo mío
"¡La tentación ese algo tan singular! Ese algo que poco a poco, nos seduce, nos turba, nos invade como lo hace un bello rostro de mujer. Su encanto entra en nosotros; extraño encanto que dependiendo de los que nos tiente, tiene forma propia, color y, hasta su fisonomía propia que nos enamora; y nada más verlo, ya lo amamos, lo deseamos, lo queremos. Una necesidad de posesión nos invade, una necesidad que aunque parezca débil y tímida al principio, crece a los pocos segundos haciéndose violenta e irresistible. Y los hombres y mujeres que nos observan adivinan en la llama de nuestras miradas, de los que tenemos esa tentación, el deseo secreto y creciente de poseer ese objeto o ese ser. Es por eso, que inmediatamente compré el mueble e hice que me lo llevaran a casa, poniéndolo en mi habitación.
Una vez colocado dicho mueble en mi habitación y con el reloj quemándome como nunca antes lo había hecho en mis carnes, como si aquel objeto inerte, sin vida presintiese, notase que en aquel lugar se encontraba la esencia de la mujer que una vez lo acarició, con una fuerza para mí sobrehumana me empujaba a acariciarlo en primer lugar con la mirada, para terminar al final, acariciándolo con mis manos como si de un ser vivo se tratase, como si en vez de ser un objeto de madera fuese aquella mujer de antaño que recobrase sus prietas y deseosas carne, su voluptuosidad, su erotismo... Su tic-tac era más fuerte de lo que hasta entonces lo había sido, tan atroz era su sonido que no me permitía dormir y así, nada más echarme en la cama, me levantaba de ella todo sobresaltado, y sin poder refrenarme me sentaba con él en mis manos al lado de aquel mueble que ahora sin dudar sabía habían pertenecido a la misma mujer. Si salía a la calle, su recuerdo vivo me seguía, por todos los lados; y cuando llegaba a casa, antes incluso de quitarme los guantes o el sombrero, con mi corazón desbocado corría a contemprarlo con la ternura del amante.
Decidí no volver a salir de casa hasta descubrir el secreto que sabía guardaba aquel mueble. Pasaba las horas abriendo en todo momento sus puertas, sus cajones, lo tocaba excitado, extasiado, disfrutaba con todo placer, como si de acariciar a una amante se tratara, disfrutaba de todos los placeres íntimos de la posesión...
Una noche, abatido y terriblemente cansado, abrí un cajón para depositar allí el reloj, para de esta manera no oír su frenético tic-tac y poder dormir aunque fuese una sola noche (llevaba ya muchas sin poder hacerlo). Al introducir mi mano en aquel cajoncito, palpé el espesor de un panel que hasta entonces no había notado, de inmediato supe que aquel espesor era el lugar secreto que durante largo tiempo había estado buscando, aquel lugar donde intuía estaría el secreto que atormentaba mi espíritu, que enloquecía mi mente. Al empezar a abrirlo, los latidos de mi corazón se aceleraron y me pasé la noche buscando el resorte, la hendidura que pudiera abrirlo sin llegar a descubrirlo. Lo conseguí al día siguiente, al introducir la hoja de una navaja en una hendidura del entablado.
Una plancha se deslizó y percibí, extendida sobre un fondo de terciopelo negro, una hermosa cajita. Al abrirla pude ver que en su interior guardaba un carta amarillenta y un maravilloso trozo de cabello.
¡Sí, una trenza de cabellos rubios, casi pelirrojos y entrelazados con una cuerda de oro!
Con sumo cuídado para no romper la carta, que desgatada se hallaba por el tiempo, la abrí. Allí, una bella letra, sin duda femenina había escrito:
- "El pasado me atrae, el presente me asusta porque el futuro es muerte". Y proseguía de la siguiente manera:
Lamento todo lo que se ha hecho, lloro por todos los que han vivido; quisiera detener el tiempo, detener las horas. Pero ellas pasan, se van y me quitan segundo tras segundo un poco de mí para la nada de mañana. Y no volveré a vivir nunca más. La belleza, el amor, las caricias... deberían ser eterno. Soy mujer de otro tiempo cuyos brazos se abrieron para el beso, para el amor, para ese beso que es inmortal, que va de boca en boca, de siglo en siglo, de edad en edad; beso que recogen los hombres, que dan los hombres, besos que no mueren".
Al leer aquello me quedé aturdido, temblando...
¿Qué pudo sucederle a aquella mujer para escribir aquello? ¿Qué terrible dolor o profundo amor le había causado tan hondos sentimientos?
Más mis inquietudes, mis sobresaltos, no debían quedarse tan solo ahí, pues cual no sería mi sorpresa, cuando al tocar aquella trenza de pelo, un perfume casi insensible, tan antiguo que parecía ser el alma de un olor, se escapó de él.
Atudirdo, embriado, loco, cogí entre mis manos despacio, religiosamente aquella trenza de pelo y la acerqué hasta mi cara. Fue entonces cuando se liberó aquel inmeso placer que me poseyó, derramándose en mí como un torrente que me lanzó al más maravilloso, ligero, agil y brillante placer, al más intenso de los orgasmo que en mi vida hubiera gozado, al mismo tiempo que algo en mi interior se quemaba como se quema la cola de fuego de un cometa.

Juan Lucas.

lunes, octubre 01, 2007

Ayer y hoy II

Al ver mi extrañeza y mis ganas de preguntar el porqué se encontraba en tan terrible trance aquel hombre el médico que acompañaba mi visita a aquel siniestro lugar me dijo:
—Tiene unos terribles arrebatos de furor; es uno de los dementes más peculiares que he visto. Aún no sabemos que tiene, ya ve que no habla, que no reacciona ante ningún estímulo, tan solo conocemos de él lo que dejó escrito en un diario que consigo traía el día que hasta acá lo trajeron. A través de lo escrito en esas hojas, tratamos de diagnosticar que enfermedad corroe su espíritu y es tan solo a través de ellas, por así decirlo, que su locura se hace palpable, pues ha podido comprobar en que situación tan lamentable se encuentra actualmente.

Una vez terminada mi visita a las distintas celdas del manicomio, sin prestar atención a ninguna más después de haber visto la de aquel hombre, seguí al doctor hasta su despacho. Este viendo que aún me sentía impactado por lo acontecido en la celda donde se encontraba aquel pobre ser me dijo:

- Si le interesa, puede leer sus escritos. Y me entregó una carpeta en cuyo interior estaba reflejado los hechos que convirtieron a a aquel individuo que antes vi, en un hombre solo y desamparado. Dándole las gracias por su atención, me apresuré a salir de aquel terrible y patético lugar que si por mí hubiera sido habría hecho desaparecer de la faz de la tierra.

Despúes de varias horas de conducción durante las cuales no pude apartar de mi la imagen de aquel pobre hombre llegué a casa. Durante largo rato estuve bajo la ducha para alejar de mi cuerpo el olor que a mi parecer había dejado impregnado en mi piel aquel lugar de muerte y desolación. Una vez terminado el baño, me puse lo más cómodo posible, me servi un coñac doble y encendí un cigarro. Me dirigí hasta el sofá y ya un poco más tranquilo y sosegado empecé a leer lo que contenía aquel cuardeno; la historia de aquel hombre comenzaba así:

«Yo vivía feliz, la vida para mí era sencillísima, generosa y fácil debido a que poesía una buena posición económica, se podía decir en una palabra que era rico, nada me preocupaba y no sentía deseo por ninguna cosa en concreto. ¡Es estupendo vivir! me decía: me despierto feliz cada día, hago lo que me gusta y al llegar la noche me acuesto sastifecho y contento, con la seguridad de que el mañana me seguiría dando un futuro sin preocupaciones.

Hasta los veinticinco años, momento en que cambio mi vida, nunca me había enamorado, había tenido sí, amantes, aunque nunca mi corazón se sintió enloquecido por el deseo o mi alma herida por eso que llamaban amor; después de haber hecho mía a la mujer que pretendía, volvía a casa diciéndome:

- Los que aman deben experimentar una felicidad apasionada, pero prefiero vivir como hasta ahora, sin lazos ni ataduras. No imaginaba por aquel tiempo que ese amor del que hasta entonces había huido e incluso me había burlado habría de llegar a mí de una manera increible.

Debido a mi buena situación económica, pasaba la mayor parte del tiempo buscando muebles antiguos y objetos de otras épocas; muebles y objetos que una vez en mi poder me hacian pensar en manos y cuerpos desconocidos que lo habían palpado, en ojos que los habían admirados, en corazones que lo habían querido. A menudo, a solas en mi museo particular, me preguntaba: ¿por qué se quieren las cosas? Cierto día cayó en mi poder un pequeño reloj del siglo pasado, era una verdadera joya, con su esmalte y su oro trabajado y, lo más curioso de todo, lo que más poderosamente llamó mi atención, era que seguía funcionando como el primer día en que debió comprarlo su dueña, pues de un reloj femenino se trataba. Debía de mantener en su interior pensé el encanto, la ternura, el amor de esa mujer que con cariño lo lució, pues desde hacía un siglo no había dejado de latir, de vivir su vida mecánica, había seguido con su tic-tac regular desde aquella época tan lejana.

Aunque ahora si lo entiendo, por aquel entonces no, cada día me veía en la obligación de coger aquel pequeño reloj, de acariciarlo entre mis manos, e incluso la llama del amor y del pasión se encendía en mí al pensar en quién habría sido la primera en llevarlo sobre su pecho, en sentir su frío roce contra su calida piel, en notar el tic-tac del reloj junto a latir de su corazón, mi imaginación me llevaba a pensar en sus manos, en sus dedos frágiles y suaves acaricando una y otra vez ambas caras del reloj y limpiando luego los relieves repujados en él, empañados unos segundos por el trasudor de su piel, mi ya creo locura me hacían ver unos hermosos ojos que acechaban con impaciencia la hora esperada en la esfera florida, la hora querida, la hora divina.

Aquel objeto me estaba poseyendo, pues deseaba cada vez con mas pasión, con más ardor, conocer, ver a aquella mujer que había elegido tan exquisito objeto, ¡pero estaba muerta! y a pesar de eso ¡la amaba! Amaba su belleza, sus sonrisas, sus caricias y esperanzas.
Juan Lucas.

viernes, septiembre 28, 2007

Ayer y Hoy.

Hago una pausa momentanea en el cuento que empecé hace ya casi un mes "Tu nombre se despierta con la brisa", para empezar este otro. Cuento que quiero dedicar a todos los que aman con el corazón, sin excusas, sin reservas, sin rencor... Nunca empecé una historia o cuento con un prologo, este si va a tener uno, espero que no sea tedioso, aburrido y que sirva para despertar a ese niño, a esa ilusión, a ese sueño que hemos dejado encerrado en nuestro interior y al cual no dejamos o no queremos permitirle vuelva a pasear a nuestro lado para de este modo no sentirnos señalados con el dedo de los racionales.
PRÓLOGO


Decían y tenían fundamentos para ello los filósofos griegos (Aristóteles, Platón...) que el hombre es un ser racional, así debe ser, yo no soy quien para refutar a tan grandes personajes, pero como esto es un cuento y este su prólogo diré a Aristóteles y a los demás sábios que se equivocaban, que no lo es, y qué bien que no lo sea. Pienso que en un noventa y nueve por ciento, el ser humano es irracional, y es a través de su irracionalidad que existe todo lo bello en el mundo:

- Por la razón, las matemáticas; por la no-razón, la poesía.
- Por la razón, la ciencia; por la no-razón, la religión.
- Por la razón, el mercado, el dinero, el euro, los pesos, los dólares; por la no-razón, el amor, el canto, la danza.
No, está bien que el ser humano no sea un ser racional. Es irracional.
Muchas veces se ha intentado llegar a una definición del ser humano. Yo diría que el ser humano es un animal generador de cuentos. Crea mitos, y todos los mitos son cuentos, leyendas, para alejarnos de esa racionalidad. Hemos creado religiones, mitos, historias sobre la existencia. Desde el inicio mismo de la humanidad, el ser humano ha creado bellas mitologías:

Ha creado a Dios.
Ha creado a un Dios que ha creado el mundo. El ser humano es un animal que crea mitos; y sin mitos, como les ocurre a muchos de nosotros, la vida resulta absolutamente aburrida.
Nuestros intelectuales actuales, los que nos manejan e imponen lo que debemos decir, hacer, vestir y comer, han eliminado todos los mitos antiguos.
Necios racionalistas, al final han logrado refutarlos y eliminarnos de la vida del hombre moderno ya que ni tienen validez, ni son defensibles en esta sociedad actual.
De antemano sabían que un cuento, un mito es algo muy vulnerable, muy delicado, y si se refuta se destruye; y con él se destruye algo muy bello en el corazón humano. No es el mito en sí mismo, que es algo simbólico. Al matar el mito, se mata el corazón; y al final han logrado matar el corazón de mucha gente.
Pero en la clandestinidad, en las oscuras catacumbas de la imaginación, aún hay algunos seres humanos que siguen dando vida a su existencia contando cuentos: pequeños chismes sobre el barrio, y la esposa del vecino… y grandes chismes cósmicos, sobre Dios. Y la gente los disfruta aunque no lo quiera reconocer... pues así es la vida, un chisme, un chisme momentáneo en medio del eterno silencio de la existencia.
A menos que te conviertas en dios, te encantarán los chismes. Te encantarán los cuentos de Rama y Sita, de Adán y Eva; te encantarán los cuentos griegos, romanos y chinos. Existen millones de ellos, y todos son preciosos.
Si no les metes lógica, te abrirán puertas interiores, te descubrirán misterios. Si les metes lógica, se te cerrarán las puertas de ese templo. Ama los cuentos, pues cuando los amas te revelan sus misterios. Mucho se esconde en ellos: todo lo que ha descubierto la humanidad se oculta en esas parábolas. Por eso, Jesús hablaba utilizando parábolas y Buda narrando cuentos.

I

A menudo se repite que el primer amor vuelve siempre, es mentira: lo que sucede es que no se va nunca.
(Antonio Gala)

La hatición donde entré por primera vez aquella tarde, tenía las paredes desnudas y cubiertas de cal. Ventilaba y daba luz a aquel cuarto siniestro una estrecha ventana alta, muy alta, para que no se pudiera alcanzar de ninguna de las maneras, a la vez que la aislaba del exterior una fuerte reja forrada de una tela metálica.
Sentado en una silla de aneas estaba el loco: delgado, mejillas huecas, y el pelo casi cano, podíase adivinar al mirarle que había encanecido hacia tan solo unos meses, mirada fija, vacia y atormentada perdida en un punto de para él aquel infinito cuarto. cuerpo enjuto cubierto por ropa ancha que no podía disimular su pecho encogido y vientre hueco.
No hacia falta ser psquiatra para saber que aquel hombre estaba destrozado, carcomido por su pensamiento. "Pensamiento", que lo devoraba al igual que hace un gusano con una fruta. Aquella locura, su idea obstinada, hostigadora se había comido su mente poco a poco. Ella, la Invisible, la Impalpable, la Inasequible, la Inmaterial no solo había consumído su carne y bebido su sangre, sino que también le apagaba la vida.
¿Qué misterio representaba este hombre aniquilado por un sueño? ¿Qué extraño, espantoso y mortal sueño vivía detrás de esa frente, que fruncía con profundas arrugas, siempre en movimiento?

Juan Lucas.

jueves, septiembre 20, 2007

Regalo.

Estos días en los cuales no he podido escribir en el blog ... no por falta de tiempo, sino más bien por abatimiento y cansancio he hechado de menos el poder hacerlo con la facilidad con que lo hacia tiempos atrás.

Es debido a este cansancio que ahora sólo lo hago de vez en cuando y de tarde en tarde y en días muy señalados como este 20 de septiembre, cumpleaños de una persona muy especial y a la cual desde esta orilla le deseo que tenga un feliz día y con toda la humildad posible escribo para ella estos sencillos y pobres versos.

Y como sé que es persona a la cual no le gusta diga su nombre, como dice Serrat en su canción decir amigos:

"Solo dios y mi canto saben a quien nombro tanto... "


Feliz Cumpleaños...


Brillaban en el cielo dos estrellas

muy juntas, muy lucientes y muy bellas:

dos ojos parecían

que desde el infinito me veían.


Y yo, pensando en que los tuyos fueran,

con tanto arrobamiento los miraba

que, si ellas ante el sol no se escondieran,

negros celos me dieran

creyéndome que el sol te cortejaba.




domingo, septiembre 09, 2007

La brisa se despierta con tu nombre III

No sé cual es la palabra correcta para defenir aquella escena, aquella terrible escena ocurrida aquella cálida e iluminada noche de Agosto... tampoco se cual es la palabra correcta para describir lo que ocurrió después que se fueron aquellos terribles hombres... puede ser que ustedes, los seres humanos, llamen espectro a lo que yo vi. Yo como piedra que soy solo sé decir que algo maravilloso y único ocurrió...
Pasado algún tiempo, y a pesar de que ya estaba bien entrada la noche y una extraña calma reinaba en este paraje, algo se movio de entre aquella masa de gente sin vida. Aquella joven, aquella mujer que en su última agonía logró dar su mano al poeta se pone de pie, su silueta se recorta limpiamente en el claro de luna. Bañada por la luz que esta le da puedo distinguirla es, tan delicada, tan frágil, tan menuda que pareciera que un viento fuerte pudiera partirla al igual que junco de río, más al herguir su cuerpo, al poner derecha su espalda ya no ofrece esa impresión de fragilidad, sino más bien de fortaleza. Su pelo liso le llega hasta los hombros y un hermoso y lacio flequillo le cae sobre su blanca y hermosa frente. Un vestido vaporoso de color azul claro dejá entrever un cuerpo maravilloso, sensual, tremendamente atractivo, es justo de medidas, ni corto ni largo, lo suficiente para imaginar unas bellas y torneadas piernas, unos tiernos y sedosos muslos que no sé si terminan o empiezan en unas atractivas y sensuales caderas que mueve ritmicamente al andar.
Sin entretenerse en coger sus zapatos y caminando descalza se va abrochando cuidadosamente los botones de los puños de ese vestido, el escote de este, grande y redondo, deja ver unos senos firmes, tersos y tremendamente bellos. Camina y se dirige hacia mí, una vez llega hasta donde estoy, se sienta de frente y con la barbilla apoyada en la palma de su mano me mira, sí, me mira... más su vista esta perdida en un punto lejano, está pensando en algo. Una sonrisa se esboza en su pálido y hermoso rostro recordando un agradable suceso ocurrido imagino no hace mucho. La observo y contemplo como una sonrisa tenue hace que muevas sus labios, pero, oculta a la luz de la luna, no puedo apreciar con todo detalle lo que por su rostro sucede. No quiero molestarla, sea lo que fuere que este pensando o haciendo, así que finjo ser piedra, no me muevo, contengo el aliento, trato de pasar inadvertida.
Tiemblo, por primera vez en cien años experimento una sensación de placer, de bienestar que me hace temblar, es evidente de que tengo vida, de que la sangre del poeta y la mujer me han dado vida. Sigo contemplandola a ella, es tan hermosa, tanto que sin duda no es un ser de este mundo, no es ya tan solo que sea bella por sus facciones, sino que toda ella es perfecta, demasiado perfecta para que sea real. Su tez está totalmente pálida y al mirarla un sentimiento que ustedes llaman de tristeza recorre mi frío y pétreo cuerpo.
No corre aire, este parece haberse detenido para poder contemplar la belleza que su cuerpo desprende, no oigo sonido alguno, me siento como si, sin darme cuenta, hubiese desaparecido... he muerto y me he hundido con ella en el fondo del magma volcánico que un día me empujó a la superficie de esta tierra. Sin esperarlo, de imprevisto, ella apoya sus manos sobre las rodillas y empieza a mirarme, camina ahora hacia donde yo me encuentro. Al llegar hasta mí, se lleva las manos a la frente y se toca el flequillo que cae sobre su frente, sus dedos, largos, delgados, se posan sobre mi vasta y rugosa piel haciendo que algo en mí, que no sé que es, lata con un sonido seco, más intuyo que no soy yo el observado, no me está mirando a mí, está mirando más allá de mí, está mirando la sangre del joven poeta que corre por mi interior.
De repente, sin previo aviso, al sentir sobre mi piel de piedra su mano, algo empieza a latir dentro de mí de forma desacompasada, es un ruido duro seco, como si alguien me estuviera golpeando, pero no me golpea nadie, no saltan trozos de mi cuerpo como en otras ocasiones que esto ocurrió... y este sonido, se hace dueño de mi ser y de forma silenciosa, ya en plena madrugada me hace decir por primera vez en mi vida las siguientes palabras:

- Aprieta más: así -te dije un día-,

en amoroso abrazo confundidos;

aprieta más, que tu alma sea la mía

y se fundan latidos con latidos ...


Juan Lucas.

viernes, agosto 31, 2007

La brisa se despierta con tu nombre II

- Sí... yo... soy lo que ves. Lo que todo el mundo que pasa por este camino puede observar: una piedra; una simple roca que aguanta tormentas, riadas, vientos y heladas sin sentir ni padecer.
Más debes saber que encerrada en mi interior guardo al igual que se guarda una reliquia sagrada, unas almas, unas vidas, una sangre más fuerte que yo, que me hablan de una infacia entre letras y música, con canciones, juegos, pastores, risas, escuelas, institutos y universidades... y sin que nadie las vea van virtiendo en mí sus enseñanzas hablándome de sus amigos y de sus enemigo, de sus amores y desamores, de sus triunfos y fracasos, pero siempre con la alegría de haber vivido... y cada noche, cuando la luna toma la forma de cuna, me narran viejas leyendas, historias, en los que cada objeto, cada ser que la forman tienen vida propia pues en ellas aparecen veladas familiares, charlas, besos, obras de teatro por donde pasean tiernos enamorados... Es como tener dentro todas las constelaciones y todos los planetas y así, tan solo en contadas ocasiones, como la de ahora, al igual que castillos de fuegos artificiales recreo los sentimientos, las palabras, los poemas ...
- ¿Has dicho los poemas?
Estaba tan aturdido, tan impresionado por lo que escuchaba que no quería perderme ningún detalle...
- Perdona - le dije - estoy tan confundio por lo que me está ocurriendo que no sé si soy capaz de seguirte... porque no comprendo cómo esas almas han podido entrar en tu interior y gracias a ellas adoptar tú esta personalidad... ¿de dónde y cómo te llegó ese influjo?
- Adivino que en tu mente todo estará ahora confuso - prosiguió la roca con voz más ronca que al principio - pero sigue escuchándome y lo entenderás; siéntate acá a mi lado mientras te cuento la historia de estas almas:

Corría el año 1.936, y a la par que él, corría también una guerra cruel y fratricida, una guerra entre hermanos que asolaba el suelo donde ahoras descansas...
- No sé si fue impresión mía, lo entrada de la noche o simplemente que estuviera ocurriendo de verdad, que me pareció que la piedra tomaba un color más oscuro que el que tenía al principio, como si los recuerdos que por su interior empezaban a deambular la resvitieran de un manto bermejo. Hizo una pausa y después prosiguió:
- Venganzas, envidias, dolor... y muerte. Con este bagaje como equipaje llegaron hasta aquí, hasta este lugar donde hasta entonces yo no había sido más que una simple roca un grupo de hombre que con sus crueldades inútiles, con sus disparos, con sus gritos, con sus locuras, helaron el calor, la belleza y la magia de aquella noche de verano. La naturaleza que rodeaba aquella terrible y cruel escena intentó, con su belleza, frenar esta sin razón; la brisa agitó su bandera blanca de paz y la Luna abrió su cuerpo redondo como una granada para iluminar aquellos crueles corazones, pero todo fue en vano, toda aquella belleza, toda aquella grandisiodad, que hubiese embelesado a cualquier alma que no hubiese estado poseída por el odio, por el afán de matar y dañar, no consiguieron parar las balas... y los cuerpos de estas almas que ahora viven en mi interior se desplomaban sin vida entre sombras oscuras.
Fue entonces cuando sentí por primera vez que un río de sangre bañaba mi cuerpo pétreo, inerte, sin vida, agitando mis entrañas con la fuerza de mil huracanes y la suavidad de los pétalos de miles de rosas. Y fue entonces cuando por primera vez odie ser roca, pues la inmovilidad física de mi corteza me impidió hacer algo por aquellos seres que tan solo por odio, por envidias, por celos fueron asesinados sin darles el derecho ni tan siquiera a poder despedirse los unos de los otros, tan solo pude ser testigo de semejante crueldad, pero aquella sangre roja, caliente que manaba de dichos cuerpos se iba filtrando por todos mis poros llegando hasta el centro de mi ser fundiéndose conmigo, hermanándose con la naturaleza a la que retornaba. Sobre mí, calleron dos cuerpos cuya sangre llevo ahora... el cuerpo de un hombre, de un poeta, que me dejaba el legado de su latido y el de una bella y hermosa mujer que en un último esfuerzo, logro asir con cariño, con fuerza la mano de este poeta.

Juan Lucas.

lunes, agosto 27, 2007

La brisa se despierta con tu nombre.

Estaba allá.
Era una piedra grande, enorme que hacía destacar su esbelta silueta en la tarde mientras arrancaba destellos al sol que ya casi se escondía y les robaba a las estrellas que se deslizaban entre ella su frío y hermoso color plateado para de este modo brillar como faro entre los campos que la rodeaban y que quedaban sumidos en la más terrible de la oscuridad que consigo traía la ya omnipresente noche.
Era tan sugestiva que desprendía un hechizo, un halo mágico... algo que llegaba hasta el corazón, y hacía de ella el lugar perfecto para los enamorados que llegaban hasta su pie para jurarse ese amor que siempre se promete eterno.
Y como ellos, atraído por su embrujo, por su magia, aquel atardecer me acerqué a su lado. Llegué cansado pues había estado tod
o el día recorriendo senderos y caminos que no conocía y anotando en mi gastado cuaderno todo lo que en mí había llamado la atención. Apoyando mi espalda contra ella, me quité mis botas que tan cubiertas estaban de ese color ocre del camino que más que recorrer senderos parecía hubiesen atravesado infinitos desiertos.
Quieto, en silencio, comtemplando el paísaje que había a su alrededor con una mezcla de melancolía y curiosidad, quise impregnarme de todo aquello que mis sentidos percibían en aquel momento. El cansancio era tremendo, pues llevaba muchas horas andado, tantas que no recordaba ni tan siquiera si había comido aquel día. No osbtante, aquel lugar irradiaba tal paz, tal serenidad que tan solo paso por mi mente aquella frase de:
- ¡Si las piedras hablaran!...
Fue entonces cuando una voz a mi lado me respondió:
- ¿Qué quieres saber?... ¡Tal vez pueda contestarte!...
- Asustado, dando un salto. Sin detenerme tan siquiera a coger mis botas que había dejado a un lado corrí unos metros lejos de aquella piedra que parecía tener vida.
- No puede ser cierto! - me dije -
¡Será fruto del cansancio, estoy soñando sin saberlo. Así debe ser, pues anduve todo el día por esos caminos y, al descansar sobre esta roca, seguro que me ha vencido el sueño por unos minutos y me ha parecido oír que ella me hablaba.
Más tranquilo, me acerque de nuevo al lugar donde se encontraba aquella piedra y volví a apoyarme sobre ella.
- Lo siento amigo, no quería asustarte y aunque algunas veces la realidad es díficil de creer, permíteme decirte que no estás soñando. Ciertamente parece imposible que las piedras hablen, que tengan mil historias que contar, sin embargo bajo este aspecto rudo, aspero, sin vida que puedes ver hay un latido y tantas vibraciones que a veces incluso yo misma me asombro.
De nuevo me volví a levantar, pero está vez no corrí, no sentí miedo. Tan solo volví mi rostro hacia aquella enorme mole al parecer sin vida y seguí escuchando:
- No siempre me es posible comunicarme porque para ello deben concurrir bastantes circunstancias que ahora sería pesado y largo de explicar y que de seguro se llevaría este hermoso y corto tiempo del que dispongo para responder a lo que me preguntes... así que aprovecha el que hoy pueda comunicarme contigo y pregunta... ¿Qué querías saber?.
No podía salir de mi asombro... aquello era algo fascinante, no sabía si lo que me ocurría era sueño o realidad... o si era que por allá cerca hubiera alguna planta alucinógena que sin saberlo hubiese embotado mis sentidos y me hiciera creer que en realidad aquella extaña y bella roca tenía vida.
No obstante, sin salir por supuesto de mi asombro y al imaginar lo fascinante que podía ser todo aquello me dejé llevar por lo que tal vez fuera tan solo un sueño y, atropelladamente le pregunté:
- ¿Cómo llegaste hasta aquí?... ¿Cuántos años tienes?... ¿Cuánto tiempo llevas en este camino?...
- Mi origen se remonta a épocas lejanas, pero ese detalle dejó de tener importancia para mí hace mucho tiempo, ya que verdaderamente nací hace cien años... o sería más correcto decir nacimos...
¿ Nacisteis?...
Juan Lucas.

miércoles, agosto 15, 2007

8 de Agosto.

"Ya son muchos millones de mujeres de todos los países del mundo occidental, las que celebran, el 8 de Agosto de cada año, el “Día Internacional del Orgasmo”.
En este día las féminas pueden exigir a sus maridos, novios, amantes o vibradores, que pongan atención a su sexualidad y les ayuden a alcanzar el orgasmo.
Es un día para nosotras, ya sea sola o en compañía… ¡No dejes de celebrarlo!"
Publicado en Curiosidades Sexuales por Isthar.


Encontré esta noticia, hoy 15 de Agosto.
Como se puede comprobar fue publicada hace ya una semana, pero pienso que no por eso, que por esta semana de retraso que he tardado en enterarme de dicho día... haya perdido actualidad. Me uno pues desde aquí, a este derecho de toda mujer de gozar plenamente de su sexualidad, y con la publicación de esta nota en esta humilde página quisiera de una vez para siempre desterrar de la mentalidad "del aquellos machos" que aunque no se atreven a manisfetarlo publicamente, siguen pensando para su interior que, las mujeres que tienen un orgasmo son solo aquellas que están poseidas o en arrebato místico (vease la película de Santa Teresa de Jesús), o bien histéricas convulsionadas o libertinas "putas": así fueron llamadas las mujeres que se atrevieron a sentir plenamente su placer sensual.
Que el orgasmo no es como describen aún muchos una delectación del espíritu, desorden nervioso o paroximo histérico.
Creo, pienso y opino que todas estas ideas están por suerte cada vez más arraigada en el mundo occidental (la del orgasmo femenino) aunque todavía somos muchos los que tan solo pensamos en nuestro placer y no en el de la mujer que amamos o que nos ama...
Es por esto que es labor de toda las feminas del mundo, sean occidentales u orientales, del hemisferio Norte o del Sur el reinvindicar su derecho al placer, a la felicidad... cuando todas se unan en una sola voz para exigir este derecho, será cuando el "orgasmo femenino" no sea lo que anteriormente describió la iglesia y algunas otros poderes fácticos... un placer de mujeres poseídas o de mala vida... sino algo pleno de la mujer que asume y reinvidica el control de su cuerpo.

Juan Lucas.


martes, agosto 07, 2007

Mi noche triste.







Tangos que se expresan con pasión
tangos que me hacen oir tu voz
tangos de amores arrebatados,
de maridos engañados,
de tristeza y, de dolor.


Tangos que hablan de enamorados
que preguntan si este amor es pecado,
sabiendo que si es
pecado te quiero lo mismo
que te habla de faltar a las leyes
del hombre y de Dios.

Tangos que te hablan
de hombres muy hombres
que emborrachan mi vida
con una canción.
Tangos que me hablan de pecados
de amores que se quedarón
como me he quedado yo
teniendo solo tu nombre
y tú recuerdo en una canción.

(Texto extraido de "La página de los cuentos"; para no ser acusado de plagiador).

Dejo arriba el video y sus no se si terribles o bellas imagenes que ilustran lo ilustran (todo dependerá de los recuerdos que puedan traer a aquellos que lo vean) de, para mí un hermoso canto, un tango.
Con esta canción, con este tango me gustaría homenajear, recordar a todos aquellos hombres y mujeres de América Latina, sean del país que fueren... que luchan, viven y laboran tanto en sus países de origen como en otros lugares del planeta para mejorar tanto sus vidas como la de los seres que aman.

Juan Lucas.

sábado, julio 28, 2007

Mar (Final)

Enseguida llegaron a su destino: La bahía donde había ocurrido la desaparición de Mar cinco años antes.
Al llegar a la orilla de la playa y mientras ambas paseaban cogidas de la mano Mar le contó a Blanca lo acontecido aquel día:
- ¿Recuerdas aquel día Blanca? Ambas nos escapamos del orfanato para visitar el lugar donde me habían encontrado, este. Nada más llegar hasta aquí me sentí atraída por lo que veía y sin dudarlo me metí en el agua y llegue nadando hasta aquel acantilado - dijo Mar señalándole con el dedo - y, allí me encontré con mi familia, con mi padre. Y... él... me habló.
- ¡Eso es fantástico¡ - la interrumpió Blanca - ¡ Así que no estaban muertos!
- Él me dijo muchas cosas - continuó Mar - Me pidió que volviera a mi hogar y lo dije que me encantaría pero...
- Pero... ¿Pero qué?
- Si... si me iba a casa, nunca podría volver aquí - susurró.
- Pero... ¿Por qué? ¿Está muy lejos?
En ese instante Mar clavó en ella sus ojos azules y le dijo:
- Mi hogar es el mar. Él es mi padre.
Estas palabras paralizaron a Blanca, que tan solo pudo balbucear con voz trémula:
- Es... es... una bro... broma, ¿no?
- No. -dijo Mar - a punto de llorar.
Aquel día Blanca prosiguió Mar, le prometí volver, pero solo si me permitía pasar cinco años más en mi hogar terrestre. Hoy ese plazo se ha acabado y cumpliré con mi destino. Volveré a casa.
Dos lágrimas se deslizaron por las mejillas de Blanca.
- No, no es verdad...
- No te dije nada aquel día porque no quería entristecerte durante estos años que me quedaban que pasar contigo, es por esto por lo que aproveché para vivir cada segundo de mi vida como si fuera el último y eso es lo deseo que tú hagas de ahora en adelante.
Te... echaré de menos.
Acto seguido la abrazó con fuerza, maldiciendo al tiempo que con tanta rapidez pasa.
Después de la despedida, Mar entro en el agua, que empezó a brillar al contacto con su piel.
- Una última cosa - dijo Mar - Vive la vida. Aprovéchala como yo lo hice y se feliz. También te echaré de menos, más que a nadie; pero ten presente que, cuando pasees por la playa y las olas mojen tus tobillos, yo las habré provocado. Siempre estaré a tu lado.
Una sonrisa iluminó el rostro de Blanca mientras sus lágrimas mojaban la arena. Mar, la miró por última vez y se sumergió en las cristalinas aguas con rapidez y elegancia, a igual que hacía cuando era pequeña. Y así, entre olas y espuma, Mar desapareció. Volvió a su hogar.
Los años han ido pasando y Blanca ya no es la niña que lloraba a orillas del mar despidiendo a su amiga. Ahora es una famosa empresaria. Se casó tuvo varios hijos. Es una mujer muy responsable, atenta y querida por mucha gente.
Y cada verano, se traslada a una pequeña casita, junto al mar y da largo paseos por el litoral. Todos los que la ven, piensan que es forma de librarse del estrés de la ciudad. Nunca serán capaces de imaginar que lo que hace es hablar, sentir la presencia de su mejor amiga:
Mar.

Con esto Blue doy por terminado este cuento, no sé si el final es como esperabas. Para mí es un final feliz, el que deseo para ti, pues no debes mirar la separación de estas amigas como algo triste, como el final de su amistad, como que todo se ha acabado para siempre entre ellas. No Blue, no es así, sino todo lo contrario pues al volver Mar a su hogar se fundió para siempre con Blanca formando de esta forma un mismo ser con ella, y ahora son la una de la otra para toda la eternidad, al igual que el aire que respiramos. Mar siempre sera de Blanca, siempre sera su amiga por mucho tiempo que pase, será de Blanca al igual que lo puede ser el breve y bello destello de la estrella más lejana del firmamento; estará con ella y con sus hijos los verá crecer y hasta les verá como aprenden a volar... y recuerda Blue, recuerda que el amor es como la primavera que vuelve cada año vestida con los mil colores del campo y que llega con un poema en las manos para recodarte que el amor sigue ahí, que no se acaba aunque nosotros pensemos que
terminó para siempre.
Recuerda mi dulce gatita azul con alma de lobo estepario que ese amor se disfraza y te hace suya. Si Blue suya hasta el último abrazo, suya como la espesa noche, suya como el hambre del amanacer, suya como esas olas que movidas por Mar te abrazan cada verano cuando entras en el Océano e incluso son tan atrevidas que se atreven a darte "un revolcón" y de este modo hacerte mas suya aún.
Mil besos y feliz cumpleaños Blue.
El problema lo tengo yo ahora... pues tengo que envolver este regalo en 32 rosas rojas... ufffff, difícil papeleta.
Se feliz.
Juan Lucas.

miércoles, julio 25, 2007

Mar III

Cansado, pues las corrientes reinantes en este lugar de playa son bastante fuertes y peligrosas llegué hasta el islote rocoso hacía donde se había dirigido Mar. No la vi, no había rastro de ella... por un instante temí lo peor, el mar, se la había vuelto a llevar, la había dejado tan solo unos años para disfrute de los que la rodeabamos y de nuevo la reclamaba.
La llamé a gritos:
- Mar, Mar... Nadie repondió. Tan solo el sonido de las olas al romper contra las rocas del lugar donde me encontraban parecían decir:
- Mar es nuestra, es nuestra, así que no trates volver a quitárnosla.
Desesperado, volví la vista hacía la playa y cual no fue mi sorpresa a ver que junto a Blanca estaba ella. Sí, estaba Mar y parecían charlar como hacian siempre... prestándose la mayor atención la una a la otra.
Antes esta visión tranquilizodara, no pude más que dejarme caer entre las rocas y cerrar los ojos dando gracias a los dioses porque a Mar no le hubiese ocurrido nada malo.
Mientras, en la playa está era la conversación que mantenían estas dos amigas:
- ¿Te perdiste? - le pregunto Blanca - Por un momento me habias asustado mucho. Iba a buscarte pero... ¿Me estás escuchando?
Mar se había quedado pálida, lo cual era muy díficil de notar debido a su piel tan clara.
Sin embargo, Blanca la conocía mejor que nadie y sabía que algo iba mal.
- ¡Mar! - le gritó - ¿Qué te ha pasado?
Ella se limitó a ponerle la mano en el hombro y a mirarla con semblante serio.
- Algún día te contaré- fue lo único que le respondió.
Blanca se quedo inmóvil y sorprendida por la respuesta de su amiga.
Las horas pasaron lentas y el manto estrellado de la noche cayó con gran alivio sobre mis cansados ojos y el de las niñas. Todos nos quedamos dormidos enseguida en aquel rincón privilegiado donde nos encontrabamos. Incluso Blanca, que seguía preocupada, no pudo resistirse al dulce abrazo del dios del sueño. Tan solo una persona permaneció despierta, Mar.
Pasó la noche llorando lágrimas silenciosas, aunque eran mezcla de tristeza y alegría.
Los años pasaron rápidos desde que acotenció lo que acabo de narrarles... demasiados rápidos. Mar había cumplido diecisiete años y Blanca, quince. Las dos estaban acercándose a esa edad en que se deja de ser niña para ser mujer, a esa mayoría de edad no reconocida por la sociedad en que vivimos, pero que en realidad alcanzan todas las chicas llegadas a esa edad, así que pronto , muy pronto podrían vivir sus propias vidas.
Debo decir no obstante que, a pesar del tiempo transcurrido desde aquel día, las cosas no habían cambiado demasiado y la vida había seguido igual para las dos. Tan solo habían surgido diferencias en el comportamiento de Mar, a raíz de aquel día de playa. Ya no era la niña introvertida que no se relacionaba con nadie, todo lo contrario, a partir de aquel momento se relacionaba mucho más con los niños y jóvenes del lugar donde vivía, del orfanato. Además, vivía los días, feliz y relajada, aprovechando cualquier simple momento para disfrutar, para reir, como si fuese el ultimo día que le quedase por estar en este lugar.
Esa actitud agradaba sobre todo a Blanca, que no obstante no había olvidado las palabras de su amiga y, a veces no podía evitar preguntarse el porqué de ese cambio tan radical.
Un día a punto de que Mar cumpliese la mayoría de edad, los diciocho años, no pudo aguantarse más y se lo pregunto:
- Mar, se que pronto te irás de este lugar. Y aunque me esperárás, aunque nuestra amistad perdurará siempre, quisiera mi contaras lo que te ocurrió aquel día en el acantilado, es que me acabo de acordar y....
Por un efímero momento, unos segundos tan solo, una sombra de tristeza se dibujó en los ojos azules de Mar.
- ... Pronto lo sabrás. - Contestó ella.
Blanca no se conformó con la respuesta, pero conocía a Mar y sabía que nada saldría de sus labios hasta que ella lo creyese oportuno... así que calló y no dijo nada más.
Los días seguieron pasando y pronto llegó el verano. Hacía calor aquella mañana al igual que hacía dieciocho años, cuando el sol entró por aquella ventana del hospicio donde dormían aquella cuatro niñas. Blanca se encontraba estudiando cuando Mar la llamó y le pidió que la acompañara.
Está vez no se escaparon. Esta vez, Mar pidió permiso a la autoridad del lugar para que su amiga Blanca le acompañase hasta el lugar donde debería coger el autobús. Era su último día en el orfanato, su último día en el lugar que la había visto crecer, jugar, reir y... llorar.
Blanca sabía desde un principio que no irían a la parada de autobús, sabía que irían a la playa, a aquel lugar donde 18 años antes yo había encontrado a una hermosa niña, Mar, envuelta en algas de mil colores y acunada por las olas del mar.
Blanca, notó a su amiga extraña, más no dijo nada mientras le seguía.
Aún sabiendo a donde se dirigían y más que nada para romper el silencio reinante que había entre ellas pregunto:
- ¿A dónde vamos?
- A un lugar que conoces bien, respondió Mar.
Juan Lucas.



viernes, julio 20, 2007

Mar II

No obstante, su vida, la vida de Mar en el orfanato era sorpotable sobre todo gracias a Blanca. Era ella la que la rescataba de su aislamiento, la única que le hacia curvar sus labios con una sonrisa franca y la única con la que se relacionaba en este lugar. La quería más que a ninguna persona, tanto que por ella no había escapado ya de aquel lugar.
Blanca también sentía un cariño especial hacia Mar, y por mucho que se relacionaba con los demás niños, por mucho cariño que les tomara, ninguno como el que sentía por su amiga. Mar siempre sería su favorita.
Ahora, pasado los años, puedo decir tranquilamente que al mirarlas a ambas pasear por el patio del orfanato pensaba que no podían existir en el mundo otras dos personas como aquellas chiquillas a las que la amistad había unido con tanta fuerza, no se separaban nunca y al observalas me decía a si mismo que eran sus diferencias y sus similitudes las que contribuían a fortalecer y a apretar ese intenso y fuerte lazo que ambas habían ido tejiendo desde hacía años.
Los acontecimientos se precipitaron aquel 20 de Julio, sin que nadie pudiese evitarlo. Recuerdo perfectamente lo acaecido aquella mañana de verano. El aire era todavía fresco cuando el celador que hacia el turno de noche dió la voz de alarma:
- "¡¡¡Blanca y Mar no están en sus camas, Blanca y mar no están en sus camas!!!".
Los gritos de este hombre me despertaron no solo a mí, sino a todos los que en aquel orfanato cuídabamos de aquellas criaturas, formándose un gran revuelo en la institución. Me vesti lo más rápido que pude y sin decir nada a nadie me dirigí hacia la cala donde años antes había encontrada a Mar, tenía el presentimiento de que allí encontraría a estas dos niñas. Pues Mar me pedía cada vez que me veía le contará como la encontré, en que lugar de la playa arropada entre algas se encontraba cuando la vi por primera vez, este interés por saber digamos su lugar de origen, junto a que cada día día la observaba después de tomar su vaso de leche de cabra, sentarse en la ventana a observa con pasión el mar embravecido a veces, que se tornaba tranquilo y transparate cuando ella le miraba con sus hermosos ojos azules, me hizo dirigirme hacia la bahía sabiendo que la encontraría sentada en la arena de la playa, con su falda recogida entre sus piernas y mirando con sus manos bajo su barbilla fijamente el mar.
Empezaba a calentar el sol, cuando llegué a esta bahía de fina arena que, limitada por escarpados acantalidos, resultaba ser el lugar ideal para disfrutar en paz y tranquilidad de un hermoso y refrescante chapuzón sin que nadie les dijesen lo que debían o podián hacer. Desde lejos aún, pude observar como la primera en entrar al agua fue Mar. A pesar de que el viento de poniente que llevaba soplando desde hacia días había puesto el agua tan fría como cuchillos plateados, ella se adentro en él rápidamente sin sentir el más mínimo escalofrío y, nadando y vadeando entre las danzarinas y peligrosas corrientes de aquel lugar se sumergió bajo el agua.
Hago acá un inciso, para decir que Mar, desde siempre había tenido un don especial con el agua. Siendo aún una cria de apenas unos años, los cuidadores que enseñaban a los niños a nadar en una de las piscinas de la ciudad, observaron que mientras los demás niños apenas eran capaces de mantenerse a flote, ella nadaba con tal rapidez que a todos dejaba perplejos; y lo más curioso era que nadie la había enseñado, era una habilidad mas en ella, al igual que el color de su piel y de sus ojos, al igual que su sonrisa y su pelo.
En cuanto Mar se sumergió en las frías aguas marinas abrió los ojos y vislumbro un banco de peces que nadaban cerca del acantalido y que huían asustado ante su precensia. No le importó para nada la actitud de estos animales, a ella le encantaba bucear y eso hacia, dejo que las corrientes marinas jugaran con su pelo y que los rayos de sol que se filtraban desde la superficie se reflejaran en su piel, se sentía feliz, relajada y por un momento se olvido de todo lo vivido anteriormente, tan solo le importaba lo que veía a su alrededor... solo existían ahora mismo ella y el mar. Mientras buceaba, inmersa en sus pensamientos, choco con un par de piernas; las de Blanca y ambas se pusieron a gritar y a chapotear en el agua.
Desde la orilla les grité a ambas:
- Sabía que estariais aquí.
¿Por qué no salís un ratito y jugamos? dije señalando un par de raquetas que había en la arena. Necesito una contricante y seguro que no podréis ganarme ninguna de las dos. Con esta proposición intentaba que saliesen del agua, pues aquella mañana estaba la mar con bastante bravura y temía por que pudiera ocurrirles algo a estas dos chiquillas.
- Claro -dijo Mar con su suave voz, mientras juegas con Blanca yo nadaré hasta el acantilado para hacer ejercicio. Cuando termine, iré con vosotros.
Me dieron ganas de gritarle que no, que volviera, que era demasiado peligroso, pero hubiese sido todo en vano, e incluso podría haberla asustado, eso era, por supuesto lo último que pretendía, además conocía a Mar y sabiendo que había tomado la decesión de llegar hasta los acantalidos ya nada ni nadie podría deternela, así que lo único que le dije fue:
- Vale, ten cuídado.
¡Te esperaremos!
Mar me dirigió una sonrisa antes de desaparecer bajo el agua, por su parte Blanca, volvió a la orilla y con su risa y alegría habitual empezó a jugar ese partido conmigo.
Yo no estaba tranquilo, intentaba aparentarlo para no preocupar a Blanca, pero mi inquietud era tal que no paraba de mirar hacia los acantilados a ver si la veía aparecer, no se cuando tiempo transcurrio, una hora, dos, tres... no lo se, mentiría si lo dijese, lo único que si hice viendo que no aparecía fue meterme y nadar en dirección hacía los acantilados, pues aunque sabía de la habilidad de Mar para nadar, nunca antes se había permanecido tanto tiempo dentre de ella.

Juan Lucas.