miércoles, mayo 11, 2016

No sé nada desde aquel día.

viernes, noviembre 06, 2015

Querer y amar...

El Principito, querer y amar.....

El Principito
-“Te amo” - dijo el principito…

-“Yo también te quiero” - dijo la rosa.

-“No es lo mismo” - respondió él…

"Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía…Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo. Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento. 

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.

Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.

Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”

-“Ya entendí” - dijo la rosa.

-” No lo entiendas, vívelo” -dijo el principito.

lunes, octubre 05, 2015

Simplemente es una carta.

Escribo estas líneas para una persona que sepa lo que es la soledad. Esta carta es para quien necesite un abrazo o un simple saludo. Una persona que pueda aprovechar estas palabras, y que con ellas se pueda animar. Una persona que alguna mañana haya visto claras sus equivocaciones y sus consecuencias. Alguien que aun en el deseo de ser de otra manera, tropieza siempre en la misma piedra, esa que nos sorprende porque forma parte de lo que realmente somos, aunque aún no lo sospechamos.
A todos nos debería llegar una carta.
Escribo para quien frecuentemente se descubre emocionado, con el corazón girando como un molinillo de deseos pero sin reconocer de dónde proviene tal viento ilusionado.
Alguien así, entenderá que algunos días el mundo queda muy bajito y otros aprisiona con su sombra. Sabrá comprender también los días pesados y plomizos en que nos encontramos varados, sin dirección ni rumbo y necesitamos que alguien a nuestro lado agarre el timón. Se reconocerá en ese esfuerzo de remar, remar, y remar hasta que de nuevo aparezca tierra en el horizonte.
Esta carta es para los que sienten todo eso y mucho más, pero no se atreven a dejar oír esos ritmos del alma en samba.



Verás, amig@, persona aún desconocida, estaba pensando cuan hermoso sería que a todo el mundo, otra persona le hubiese escrito una carta o dedicado una poesía, inspirada en ella, creada por su sola existencia. Y que todas las gentes hubieran sentido que algún otro ser las recordaba con afecto, y no por lo más hermoso que hubieran mostrado, sino aun habiendo enseñado el monstruo que también albergan.
La razón de esta carta eres tú.
 Ya no serás uno de aquellos a los que el escritor premio Nobel, Elías Canetti, se refería cuando decía:
"Nadie es más solitario
 que aquel que nunca ha recibido una carta".
Con todo mi cariño, esta carta es para ti.

martes, septiembre 08, 2015

Nadie como tú.

     Querida mía:

     Después de tanto tiempo conociéndonos, debes saber que no me supone una gran dificultad dirigirme a ti mediante una carta. Muchas veces antes lo he hecho. Tantas veces han sido,  que estoy convencido que con solo ver el comienzo de estas,  te das cuenta cuando van llenas de alegrías,  oscuras de tristezas o repletas de deseos... y también sé que con solo una mirada a mis letras sabes como se encuentra mi corazón en ese preciso momento en que de mi puño están saliendo palabras que se convertirán un poco rato después en la misiva que escribo.

Te he escrito tanto y tantas veces que aunque al principio tan solo fuera costumbre leerme, luego, pienso; que se volvió necesidad el hacerlo. En estos escritos y con el paso del tiempo hemos llegado a tener esa complicidad que suelen tener los enamorados con solo mirarse a los ojos. También  nos hemos entregado pedazo a pedazo nuestros corazones hasta hacerlo uno solo, tanto así que las palabras han sustituido a esas miradas que lo dicen todo. Ha habido un entendimiento total en lo que te he escrito, en esas palabras que de mi pluma salían había una necesidad tanto por tu parte como por la mía, creo,  de estar juntos;  una complicidad tan especial que... ¡vaya! no creo que sea "especial" la palabra que buscaba para definir lo que tanto tú como yo sabemos de lo que trata lo nuestro. Sí, de un amor nuestro y de nadie más; un amor que ha ido sobreviviendo al paso de los años, que parece que no se ha desgastado, que sigue cautivándonos día a día. Nuestras palabras escritas han sido y son una relación impetuosa que ha sobrevivido a la distancia, al tiempo y a las personas que se han interpuesto entre ellas, y todo ello ha sido posible tan solo por ese cariño tan especial que nos tenemos. Sí, a ese amor nuestro y de nadie más; un amor que ha ido sobreviviendo al paso de los años, que parece que al igual que metal noble no se ha desgasta, sino que sigue aumentando su valor y cautivándonos día a día. Lo nuestro es una relación basada en fuertes cimientos,  que hasta ahora ha aguantado a la inmensa distancia que nos separa, al tiempo que inexorablemente va pasando, y a las personas que como creo he dicho antes han tratado de interpornerse entre ambos. Y eso tan sólo es posible, pienso, por el cariño, el respeto y ese intenso sentimiento llamado amor que tanto tú como yo nos profesamos.

     ¿Te das cuenta alma mía? Te estoy hablando de sentimientos, necesidad, complicidad y de un amor que nos sigue uniendo el uno al otro a igual que se unen eternamente y en un abrazo sin fin el mar y la playa.

     Te preguntarás,  ¿que es esto? ¿Acaso de nuevo escribes una carta de amor? Creo que la respuesta es bien clara. Sí, esto que estoy escribiendo es una carta de amor; ya sabes, me conoces y sabes de mí manera de ser. Pero quiero aclararte que no es una carta más de amor, ni de un amor cualquiera...

Mañana seguiré escribiéndote lo que resta de esta carta.

Juan Lucas.

jueves, agosto 13, 2015

Lo eres todo.

Querida mía:

     Como cada día he vuelto a ver mi imagen en el espejo. Espejo que me ha reflejado una imagen muy diferente al joven de tiempo atrás que como único equipaje para cruzar la vida llevaba un traje llamado alegría. Hoy de ese joven no queda nada o casi nada, las fuerzas me abandonan a igual que me abandonaron la mayoría de aquellos que pasearon junto a mí y que ya para siempre se apartaron de mi camino. Sé que algunos me desprecian y otros pueden incluso que puedan sentir compasión, pero ni un ni lo uno ni lo otro  me preocupa, ofenden o me interesan y es, porque en esta noche de mi vida, en este invierno que pinta de blanca nieve mis cabellos es cuando empiezo a comprender aunque sea demasiado tarde lo mucho que hecho de menos tus palabras, tus alegrías, aquellos momentos vividos entre tú y yo y,  que por culpa de mi egoísmo sin límites he arrojado para siempre al mas oscuro y profundo pozo del olvido.

      Si lo supieras. ¡Si supieras cuanto hecho de menos aquel tiempo, aquellos momentos! Pero ya es tarde, ya todo acabo y ahora aquellos recuerdos de antaño tan solo regresan a mi para atormentarme aún más pensando en que tuve la gloria y el amor en mis manos  y,  que no supe retenerlos para siempre a mi lado. Quiero que sepas que aún conservo aquellas cartas que con tanta pasión te escribí en mis lejanos días de juventud cuando por primera vez y a causa del destino me vi separado de tu persona por un largo tiempo.

     Me asaltan aquellos hermosos momentos vividos, vuelven a mí una y otra vez y nada puedo hacer, nada quiero hacer para alejarlos de mi mente, puesto que si así lo hiciera sería como si me arrancase el alma a pedazos. Es ardua tarea desprenderse del pasado y más aún,  si ese pasado ha sido algo tan bello y hermoso como el que hemos vivido ambos. Pasado que vuelve a mí una y otra vez como presente y que se ha convertido en raíz de la cual ya no puedo desprenderme, al igual que el árbol no puede desprenderse de la suya al menos, que desee morir y desaparecer para siempre.

     Apenas salgo, a veces, solo a veces,  cuando la ciudad pierde la intensa luz solar que ha tenido durante el día y llega la noche envolviendo todo con su oscuridad suelo salir de este lugar donde encerrado paso los minutos, las horas, los días. Mi rostro, no sé si hermoso en un tiempo pasado y hoy marchito y demacrado por los mil y un tormentos vividos, se baña en lágrimas. Y es de esta forma que los recuerdos vuelven a ser los que rigen mi persona, y al ser de nuevo ellos los que manejan la nave donde habito muero.  Muero de todas las formas habidas y por haber. Es entonces cuando vuelves a aparecer en mi mente como un espejismo de contornos difusos y vuelve a mi la vida envuelta entre retazos de recuerdos. Recuerdo como me gustaban, como admiraba tu cabello, pensaba que era un regalo que los dioses te habían otorgado, y que si alguna vez te los cortabas, te ocurriría como al bíblico Sansón que estos dioses te castigarían. Aún hoy recuerdo y siempre lo haré como mis manos recorrían esos cabellos sintiendo el estasis, el placer inmenso de tocar o acariciar ese cabello que parecía el mas preciado de los metales nobles. Recuerdos, recuerdos, recuerdos...

     Voy como sonámbulo por las calles. La noche cada vez envuelve más y más la ciudad convirtiéndose en la reina de los sin techos, borrachos y aquellos que buscan en el pico de una aguja ese hilo que los desenganchen de la realidad y yo, mientras todo esto va ocurriendo por las calles que transito voy repitiéndome lo que últimamente se ha convertido en mi principal y casi único vocabulario: debí, debí, debí.

    Si llegas a leer esta carta que ahora te escribo en alguna ocasión, posiblemente llores en silencio, pero por ella sabrás que te quise, te quiero y te querré. Y por este amor que siempre te tendré dejo todo lo en esta vida tenía: trabajo, casa... tan solo dejare un lugar en lo mas profundo de  mi corazón encerrado en él tus recuerdos. En ese lugar siempre estará riendo, alegre y feliz aquella niña de ojos grandes y cabellos hermosos que tanto me quiso y que perdí por no saber valorar lo mucho que vales y valdrás siempre.

Te quiero.

Tuyo siempre.

Juan Lucas.